Costa…

     Desde hace algunos años practico a mi manera el arte de lo poco. Trato de trasformar la pasividad en acción. Camino menos, pero miro mejor. A falta de actuar, pienso. Ya no doy brincos con las piernas, sino con la mirada. Me gustaría trasformar los déficit en cualidades; al dejar de ser actor, convertirme en un espectador privilegiado. (Pierre Sansot; del buen uso de la lentitud; Tusquets, pag. 111)

 

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Disfrutón

La palabra no aparece ni en el diccionario de la RAE ni en el María Moliner.

Se la he escuchado estos días pasados a una amiga y me ha gustado.

El sentido creo que es claro. Persona capaz de disfrutar mucho y, probablemente, sin complicarse mucho la vida para ello.

Hoy he podido ser un disfrutón con unas claves sencillas.

– Una salida a la naturaleza. No hace falta irse lejos. Artxanda pilla cerca y por su ladera subiendo desde el Puente de la Salve y aterrizando por Zabalbide a la altura de Arabella se puede dar un precioso paseo.

– Estar con personas amigas.

– Conversar

– Disfrutar del paisaje.

– Acabar comiendo para seguir conversando y disfrutando de la compañía. Hemos repetido en el Kokken y además en la terraza con una temperatura espléndida.

Aquí unas fotitos.

Y ahora, para terminar, ducha, tranquilidad y algo de lectura.

¡Feliz domingo!

Caminar…lentitud…

Pensando en los próximos días…

Desplazarse a pie, también puede ser una experiencia meditativa

La lentitud no es indicio de una mente desprovista de agilidad o de un temperamento flemático. Puede significar que cada una de nuestras acciones es importante, que no debemos acometerla apresuradamente con el deseo de desembarazarnos de ella. Pero ¿acaso una vida no se compone en su mayor parte de tareas insignificantes? (Pierre Sansot; Del buen uso de la lentitud; pag. 92)

 

 

Paseo. La frase. Carl Honoré

Recordando estos días pasados y paseados por Irati .

 Desplazarse a pie también puede ser una experiencia meditativa, que fomenta un estado de ánimo caracterizado por la lentitud. Cuando caminamos, somos conscientes de los detalles a nuestro alrededor: los pájaros, los árboles, el cielo, las tiendas, las viviendas, el prójimo…Establecemos relaciones. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud , RBA, pag. 118)

Callejear

Callejear no es detener el tiempo, sino adaptarse a él sin que nos atropelle. Implica disponibilidad y en resumidas cuentas no querer apresar el mundo. Contemplamos las mercancías sin tener necesariamente el deseo de comprarlas. Miramos los rostros con discreción y no tratamos de llamar su atención. Caminar libre, lentamente, en una ciudad presurosa, no atribuir valor más que a la maravilla del instante en una sociedad mercantilista, suscita mi simpatía. En el aspecto de la callejeadora ociosa hay algo de soberano y fluido. La mirada curiosa, sagaz, móvil del que callejea respira inteligencia y me resulta agradable observar a ambos. (Pierre Sansot; Del buen uso de la lentitud ; Tusquets, pag. 34)