Fruto del trabajo

He hablado ya por aquí varias veces de la Posada la Robleda.

He vuelto por allí este fin de semana.

Se ha convertido en mi ‘espacio de huida-acogida’ en Cantabria.

Me tratan bien, me siento cuidado, disfruto del espacio, sobre todo de su porche a las tardes.

Javier y Neli han levantado el proyecto y lo mantienen con todo su esfuerzo y más en estos tiempos que corren.

Seguir leyendo “Fruto del trabajo”

Libreras con ilusión

Digo bien: libreras en este caso. Ni librerías, ni libreros ni, por si acaso librer@s. LIBRERAS y con mayúsculas.

Me explico.

He vuelto a escapar de fin de semana por Cantabria.

Como en otras ocasiones he establecido mi cuartel en la Posada la Robleda.

Me ha tocado agua en abundancia así que el sábado me acerqué por Santander.

Hacía tiempo que no estaba con Paz y Maleni de la Librería Gil. Atrevidas que son ellas se han metido en estos tiempos en una ampliación en la planta superior para generar un estupendo espacio para actividades que contaba ahora además de las presentaciones y demás con una exposición de Pablo Gallo.

Charlamos sobre la situación y el futuro de las librerías y vi que desde el realismo que aporta Maleni y la ‘locura’ que aporta Paz hay un estupendo proyecto de seguir haciéndose presentes en la vida cultural y literaria de Cantabria y Santander.

Han sido y son inquietas y fue un auténtico placer compartir tiempo con ellas que se alargó algo más con Paz que tuvo la gentileza de invitarme a comer en el Cañadío.

Allí con Pedro que se sumó a la comida disfrutamos y compartimos unos estupendo chipirones a la plancha, una hamburguesa de bonito, buena cecina y ensalada con queso además de tranquila conversación.

Cuando volvía para la Posada daba vueltas a la cabeza sobre la ilusión que me habían trasmitido. Algo que por suerte  todavía los mercados no saben como robar y como quitarnos.

La misma ilusión también en tiempos duros muestra Javier en La Robleda. Ilusión y cariño que trasmite a todos los que por allí solemos parar.

Así que ha sido un fin de semana en el que al mal tiempo lluvioso le he podido poner caras ilusionantes que reconfortan.

Es otra manera estupenda de recargar las pilas.

Fin de semana en Cantabria

Sábado 9 de la mañana ya en el coche escuchando a Bebe que me acompaña en la ida y en la vuelta.

Al ir, entre otras, con Busco-Me y a la vuelta, también entre otras, con Ella.

Por lo que recuerdo, desde septiembre, primer fin de semana sin ordedanor.

El plan ha sido en gran parte a tiro fijo para disfrutar de algunos espacios que me traen sieempre buenos recuerdos y algún descubrimiento.

Para las 10 de la mañana estaba ya en Loredo para disfrutar del paseo que suma las playas de Loredo, Somo y el Puntal y

terminar en el primer chiringuito de El Puntal junto al embarcadero con mi cañita dejando pasar el tiempo de una mañana en la que el sol se va asomando a ratos tímidamente.

Vuelta con ritmo tranquilo hacia la Playa de la Arena en isla para comer al calorcito de la arena, encontrarme con algún conocido de manera inesperada en este fin de semana ‘missing’, y quedarme como quien no quiere la cosa pegando la oreja con el calorcito del sol.

Ya a media tarde aterrizo en La Posada la Robleda. Nos es la primera vez. Todas las veces que aquí he estado me he sentido a gusto y eso en estos dos días es importante también.

Dejo que la tarde vaya pasando, como siempre que estoy aquí, en el porche entre lectura y conversación hasta la hora de la cena.

Duermo como un lironcete y hoy camino a Laredo para hacer en una mañana espléndida el paseito completo de la playa La Salvé, ida y vuelta y acercarme después a la parte vieja

callejando por la Rua mayor donde he parado en el Somera y donde me he encontrado con una propuesta de pintxos-raciones muy del aire Bitoque.

Los dos que he probado estupendos acompañados de un albariño.

Y como quien no quiere la cosa poquito a poco acompañado de la musiquita de vuelta para Bilbao descansado y con la cabeza despejada.

Todos los lugares recomendables y mejor con no mucha gente que es lo que por suerte me he encontrado.

Posada La Robleda

Nos hemos acercado ya estos últimos días de minivacaciones a lugares más próximos a Bilbao para ir haciendo la descompresión necesaria no vaya a ser que el martes nos demos un susto por el cambio brusco.

Y hemos aterrizado a un sitio que conocimos el año pasado haciendo escapadas de fin de semana que era casi lo único posible.

Tanto me gustó que pasé una especial semana en aosto del año pasado buena para dar vueltas a la cabeza y reflexionar con calma.

Aquí en La Robleda siguen al pie del cañón Javier y Neli dando buen servicio y mejor trato a los que por aquí aterrizamos.

El porche de la casa tanto el año pasado como éste es un espacio de lectura, reflexión, charla que no tiene precio. Nunca se sabe a ciencia cierta por qué determinados espacios acaban cobrando para uno un sentido especial.

Al mismo tiempo y aquí cerquita descubrimos algunos espacios todavía vacíos de gente en este inicio estival y, encima, nos acompaña por ahora el buen tiempo.