Ya empieza la danza del texto

Toménselo con calma, como nosotros nos hemos tomado hoy el día porque esto no ha hecho nada más que empezar. Los libreros no se han cansado de decir a través de sus representantes que la nueva situación va a ser beneficiosa para las librerías.

Por ahora, vemos que la situación aparece como más compleja ya que los mensajes y las estrategias de los posibles competidores parecen diversificarse y esto no quiere decir que sean las definitivas.

Hasta la fecha tenemos tres que ya hemos visto:

1. La más novedosa, por ahora, la de Eroski de la cual ya hemos hablado en su momento . Si no cambian y son fieles a la letra le auguramos poco éxito. Seguro que modifican si no lo han hecho ya.

2. Carrefour . Cumple algunos de los parámetros que ya adelantábamos hace bastante tiempo: “¡Libros al coste! Si lo encuentra más barato…..
“. Algún ingenuo o poco informado decía que no iban a poder emplear
estos mensajes. Si se sigue pensando lo mismo ¿habrá que dirimirlo en
los tribunales?. Apuesta por el precio casi en exclusiva.

3. El Corte Inglés.
Apuesta por el servicio, pero nada asegura que en su momento oferten
también el precio más barato. Puede que no ya que de hecho en muchos
otros artículos no es esta su política.

Tenemos pues, aunque con cierto chiste que espero Eroski acepte deportivamente,
tres propuestas: la modernidad blogera de Eroski, la apuesta en exclusiva por el factor pecio y la apuesta por el servicio. Un mismo producto igual pero probablemente para destinatarios distintos: “modernos-digitales” (Eroski), bolsillos ajustado, en teoría la mayoría, (Carrefour) y la delicadez del servicio y la centralidad, en muchos casos, en la ciudad (Corte Inglés)

¿Por qué modelo van a apostar las librerías? Nos encantaría recibir modelos.

Las grandes superficies e hipermercados ya han puesto algunas de sus cartas encima de la mesa.

Actualización:

Tal y como lo ven

Los futuros del libro, 

Brétemas

Amazon y precio fijo

Así se titula el artículo de opinión que en Libertad Digital escribe Daniel Rodríguez.

Lo leo y releo y no acabo de encontrarle la ligazón y unión entre párrafo y párrafo o hacia dónde quieren apuntar las opiniones que en é desgrana, aunque me parece un buen contrapunto, también, para aclarar o resituar algunas de las afirmaciones o sugerencias que en el mismo se hacen.

Parece situar, si yo no entiendo mal, el posible triunfo de Amazon en los descuentos ya que a ello se refiere tanto en el primer párrafo, donde por cierto el comparativo lo realiza con el Corte Inglés y con Casa del Libro, dejando de lado otras muchas librerías, algunas con más volumen de negocio  que las citadas y que, quizás, lo están haciendo mejor que  las citadas. Dejando de lado este tema, habría que recordar que Amazon trabaja en países con estructura de precio fijo como es el caso de nuestro vecino galo, adalid, precisamente de las políticas de precio único y de la excepcionalidad cultural o en Alemania mercado más maduro que el español y donde tampoco parece que haya encontrado problemas. No parece que ahí le vaya mal a Amazon. Quizás no sea, por lo tanto, un análisis de los modelos de precio lo que impida o dificulte la entrada del “supermercado americano“.

La economía básica del libro nos enseña hasta la fecha que la rebaja del precio no genera más lectores ni más compradores, la rebaja del tabaco tampoco genera más fumadores, amén de que el precio libre y la rebaja son dos conceptos distintos que la economía básica debería enseñar a diversificar. Puede ser que la economía del libro no respete o sea una excepción a la norma de la economía básica señalada por el autor.

La economía del libro tampoco nos enseña con claridad que sólo se lee por compra. Los ratios de uso de bibliotecas públicas, quizás más cercano en lo referente al préstamo al posible uso del soporte para finalidad lectora no tiene nada que ver con la liberalización del precio.

Sí que comparto la opinión del juego de intereses y quién puede ganar. Ahora bien, caer a estas alturas en la separación de editores y libreros es hacer análisis desde una visión ya superada por la propia realidad empresarial del sector en la que no existe con tanta claridad y nitidez la separación empresarial en función del lugar que se juega en la cadena de valor y habiendo ya innumerables ejemplos de empresas del sector de contenidos que juegan, al mismo tiempo papel de
editores-libreros, editores-distribuidores, autores-editores, editores multisoporte, distribudiores de multisoporte……

Es, quizás más un tema de tamaños y de lobbys, per esto ya lo verbalizó con mucha claridad y así lo reconoció el propio director ejecutivo de la Federación de Editores cuando compartió mesa con Marco Marinucci de Google en el marco del Liber.

Se hace un análisis dela estructura de costo del libro con base a un informe de hace diez años, momento en el que todavía no estaba implantado y desarrollados modelos de impresión bajo demanda. La negación de valor, por ejemplo, que aporta la cadena de distribución alimentaria es menor, probablemente, que la que aporta la cadena de distribución del libro y aún con ello, el efecto de la primera sobre el precio del producto, aunque éste sea libre es muy superior multiplicando por una cifra mayor el costo inicial del producto o el   precio que se ha pagado al proveedor. Son por lo tanto fenónemos distintos el costo del producto, cuyo cálculo en estos momentos no tiene nada o poco que ver con los de hace 10 años y el valor y costo que supone la cadena de distribución. Elemento que, al mismo, tiempo, no guarda una relación directa con el modelo de precio elegido para el funcionamiento del sector.

Es curioso, finalmente, e interesante la referencia a un artículo relacionado y publicado como libro por un Instituto que ha desaparecido.

Y, al final, uno se pregunta ¿y todo esto que tiene que ver con Amazon?  y qué tiene que ver la ley con el precio fijo cuando casi el 50% funciona con otra estructura de precio.

La ‘cultura de la lentitud’ se mueve mal en las prisas del supermercado

Como casi todos los septiembres, por no decir todos, de los últimos años ha vuelto a aparecer la serpiente, que indica el inicio del otoño, del libro de texto.

Cuando parecía que todo iba a transcurrir con una cierta tranquilidad unas declaraciones del Director general del Libro han provocado dos portadas consecutivas en, prácticamente, todos los medios de comunicación.

Pasada ya una semana de las declaraciones y contradeclaraciones, de las afirmaciones y desmentidos, de lo caro y lo barato, de quién gana y quién pierde, creo que puede ser de interés hacer llegar algunas reflexiones y matizaciones para un abordaje más tranquilo y sosegado del papel del libro, de cómo se debe contextualizar en el mismo el libro de texto y de algunos principios (10 más 1) que se deberían tener en cuenta para que esto fuera posible.

1. Cada cosa tiene su tiempo. Lo primero que habría que señalar es que el Gobierno, en concreto el Ministerio de Cultura y el Director General del Libro, han cometido un serio error al salir al ruedo con unas declaraciones ni suficientemente medidas ni meditadas en plena campaña escolar. Bastaba con escuchar los balbuceos del Director General del Libro en un programa radiofónico la misma noche de las declaraciones y antes de aparecer los titulares en los medios donde quedó además palpable que no eran una opiniones, sino unas intenciones claras a tener en cuenta sobre texto legal.

2. El principio de coherencia. Por segunda vez, y en dos temas claves relacionados con el libro como soporte, el Ministerio de Cultura ha demostrado una falta de coherencia a un doble nivel. Por un lado con el resto del Gobierno. Recordemos el asunto planteado nada más iniciar la etapa de Gobierno sobre el IVA superreducido del libro y, ahora, nos encontramos con una incoherencia de planteamientos y ritmos en relación a una Ley del Libro que todo el sector es consciente que debe ser modificada.

3. El libro como concepto. A la hora de hablar del libro no siempre estamos diciendo lo mismo. Debemos, por lo menos, tener en cuenta dos variables: el soporte y el contenido. Así, en la definición de la RAE se plantea y recoge ya la posibilidad de soportes distintos, baste ver en estos momentos cómo un lanzamiento realizado por un medio de comunicación en el que conviven dos soportes papel y digital y dos tipos de contenidos impreso y audio (musical), siendo este último el que tiene más peso, es reconocido como libro y lleva su correspondiente ISBN. Nos encontraríamos así, curiosamente, con música, fundamentalmente, vendida a Precio fijo y único. Al mismo tiempo la función que puede jugar el libro es variada y así se suele recoger en los diversos estudios sobre el mismo. Se puede hablar de libros de entretenimiento, conocimiento, aprendizaje….

4. La elección o la prescripción. La compra de un libro pude producirse por elección personal o por prescripción y, en este último caso, la prescripción puede llevar a la obligatoriedad o no de la adquisición. Una novela cualquiera es comprada voluntariamente por el mero gusto o deseo de leerla, pero un libro de texto, en el marco de los niveles obligatorios de enseñanza, ni se compra voluntariamente, ni suele ir acompañado del gusto o deseo de leerlo y, además, suele ser obligatorio su uso. Nos encontraríamos, por lo tanto, con que el acercamiento y el motivo base de adquisición no siempre es el mismo. Resulta a este nivel curioso que aquello que es obligatorio por prescripción, el libro de texto, sea, aparentemente, defendido por Asociaciones de consumidores, que se supone lo son de consumo voluntario o por las Grandes superficies de consumo provocando con ello el raro efecto de hacernos creer que la compra del libro de texto obligatorio la podemos acabar convirtiendo en una opción libre de consumo.

5. Gratuidad no es igual a no pago. Lo gratis, aunque sea triste decirlo, no existe en nuestras sociedades occidentales. Existen, modalidades o ‘Políticas de gratuidad’ que lo que facilitan son posibilidades de no pago directo por el usuario-alumno-educando (estudiante) del material (libro) necesario, según afirman en general los propios docentes, para el desarrollo adecuado del currículo. El pago sobre dicho material siempre se realiza. Es decir: el gasto producido se asume de otra manera por la administración, es decir, por todos los ciudadanos.

6. Gratuidad no es siempre lo mismo. Cuando se escuchan declaraciones sobre políticas de gratuidad se está utilizando un término que tiene distintas lecturas o permite diversos modelos de aplicación. Por señalar sólo algunos ejemplos, nos podemos encontrar con la modalidad del cheque escolar entregado directamente a las familias para la recogida de libros en los establecimientos. Esta modalidad que es sólo una de las posibles puede, además, plantearse las siguientes posibilidades: cheque, en un caso, por el valor total del lote de libros, en otro, por el valor medio y no total de un conjunto de libros que cumplan las necesidades curriculares; en un tercero, con valores distintos en función de niveles de renta. Otra modalidad, que se manejó en sus momentos, fue la posibilidad de desgravación en renta contra presentación de pago de factura. Puede variar, también, en función del canal de distribución. Es decir: los libros pueden ser entregados en los centros, en establecimientos comerciales…y puede, también, finalmente variar en función de quién es el receptor final que puede o bien ser la familia o el propio centro escolar.

7. Difícil la gratuidad sin precio fijo. ¿Si no existe un precio único sobre qué criterios se podrán establecer políticas comparativas de gratuidad y de costos de su aplicación?. Quienes defienden las políticas de descuentos son poco amigos de las políticas de gratuidad.

8. Lo que puede haber por detrás. A veces, las coincidencias pueden y suelen ser significativas. Ha habido una cierta correlación en el tiempo entre la entrada en vigor de la Ley de descuentos sobre precio fijo del libro de texto, práctica comercial única en Europa, y el desembarco en la Presidencia de Carrefour hace unos años de D. Rafael Arias Salgado. Curiosamente, todos los estudios parecen indicar que las mayores beneficiarias de esta medida han sido las grandes superficies francesas.

9. Libro – Educación no es igual a la lógica del consumo. No es bueno que las lógicas de la cultura y la educación se muevan por las angostas estanterías del consumo. ’Desde el comienzo de la civilización hasta ahora, la cultura ha precedido siempre al mercado…La razón estaba en que la cultura era la fuente de la que manaban las normas de conducta sobre las que se producía el acuerdo…Cuando la esfera comercial comienza a devorar la esfera cultural…amenaza con destruir los mismos fundamentos sociales que dieron lugar a las relaciones comerciales’ (Rifkin,J.; La era del acceso. La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 22-23) Parece que el proceso lógico es: cultura – educación – consumo y no al revés.

10. ¿Precio fijo-único para el libro o para los contenidos de valor?. Uno de los principios de aplicación del precio único es que el mismo, el precio, no sea un elemento discriminatorio para el acceso de los ciudadanos a los contenidos culturales. Es decir que exista, por lo menos, una igualdad de acceso por precio. Si este criterio se considera válido ¿no deberíamos fijarnos más en los contenidos que en los soportes?. ¿No es mejor una sinfonía a precio único que el último libro, pongamos un ejemplo, sobre ‘Las folclóricas’?. Debemos pensar, también que los contenidos que aparecen en los libros de texto son de valor, sino, un flaco favor nos estamos haciendo.

11. Necesidad de un modelo coordinado Gobierno – Autonomías. El Gobierno Central y las distintas administraciones deberían, en cualquier caso, poner todo de su parte para asumir políticas coordinadas que posibiliten la igualdad de acceso, por lo menos por precio, a todos los ciudadanos que lo deseen.

Al final, como siempre, todo depende del valor que demos a las cosas “Si piensas que la formación es cara piensa en el coste de la ignorancia” (John Whitley , Director de la Book House Training Center, citado por Jordi Nadal, Valencia 2002)

José María Barandiaran
Ha sido Director Ejecutivo de la CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y actualmente Socio Consultor de Opinión con Valor (Consultora especializada en el Sector del Libro e Industrias Culturales)