Recordar y proyectar…

Pensando en los próximos días…

Con la noticia caliente de la muerte de José Luis Sampedro que nos invitaba, entre otras cosas, a ser aprendices de nosotros mismos me sumerjo en breve en mi propio proceso de ‘evaluación de ese aprendizaje’ que me mantendrá, por decisión propia, alejado de los diversos medios digitales de comunicación durante una temporada.

Quiero aprovechar este tiempo para

– Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

– Proyectar: Los sueños soñados despierto que quizás algún día se hagan realidad.

– Dejarme llevar:

“Si uno ya sabe lo que busca

no hay hallazgos posibles” (A pie; pag. 53)

– Ver amanecer. ‘Quienes van a pie se levantan antes de la salida del sol, para caminar más cómodamente. En medio de los campos desiertos, el amanecer se les presenta bello y enigmático’ (El camino de Santiago para paganos y excépticos; pag. 23)

– Celebrar íntimamente mis contradicciones. ‘Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día’. (Eduardo Galeano; El libro de los abrazos)

– Dejar hablar al cuerpo, como me recordaba el martes Luis.

El tiempo dirá

lo que fuimos,

no lo que seremos (Luis Cubas)

Nos vemos a la vuelta.

Las palabras de los otros

Lo usaré con frecuencia en este blog. El hablar por boca de otros.
Ya me lo sugiere Miguel Sánchez Ostiz: Cuando no sabemos qué decir o mejor, cuando no acertamos a decir o no nos atrevemos, echamos mano de versos ajenos y no solo porque suelen ser mejores que los propios. (Sin tiempo que perder; pag. 63)
Así que en esta mañana que he empezado a leer Momentos decisivos de Félix de Azúa como si ya casi el título fuera un anuncio de lo que puede venir me topo con este texto:
Ciertamente podemos esconder durante décadas un recuerdo, un paisaje, una piel a recaudo en algún recoveco de la memoria sin que aflore ni el más ligero aroma, así nos defendemos del dolor. Pero no podemos ocultar en la memoria todas nuestras traiciones a riesgo de provocar un cortocircuito. Por eso, a veces, sin aviso, regresa una huella manchada por la tristeza del olvido y su luz oscura nos dibuja en la lejanía como recortados contra un paisaje africano en el que no acertamos a saber si éramos plácidos rumiantes o tristes hienas. Allí están los perfiles, sí, pero ¿qué eramos?, ¿víctimas o verdugos? O bien, si abandonamos el horizonte y miramos al cielo, ¿brillantes y efímeros cometas, o satélites sin vida propia? Seguramente ni lo uno ni lo otro sino el constante trasiego de lo uno a lo otro, del plácido verde alimenticio al rojo embriagador del combate. (pag. 18)

Edad y recuerdos…. compartidos

‘Cuando uno se hace mayor, busca su propia juventud y se alegra tontamente al revivir pequeños recuerdos’ (Stefan Zweig; Viaje al pasado; El Acantilado; pag. 63)

En estos días pasados que hemos estado de recogida y empaquetado en casa han ido apareciendo pequeñas joyas, reflejos de momentos vividos. Una foto, un recorte de periódico, una dedicatoria…. Pequeños fragmentos que cristalizan momentos vividos que nos marcan la distancia entre el ayer y el hoy, que nos dan también pequeñas pistas y razones de lo que ahora somos.

Al reencontrarme con ellos pensaba, al mismo tiempo, con quién me apetecería compartirlos que es quizás una de las formas más bellas de hacer a alguien también partícipe de tu historia y de tu vida actual.

 

El mundo sigue siendo un pañuelo

lleno a veces de alegrías y agradables sorpresas.

Es posible que me vea con Juliana el miércoles en Madrid. La desubicación mutua permite el encuentro. ¡Qué ilusión!

En una comida en la que aterrizo casi a última hora me encuentro con un familiar de una mujer con la que compartí grandes e intensos momentos en tiempos más jóvenes en trabajos de tiempo libre. Murió trágicamente, pero hoy el recuerdo ha sido afable, amable y tranquilo. La coincidencia ha sido una gran sorpresa.

Pequeños detalles de un año -13

Hoy, día de Navidad, no está de más traer a este espacio algunos de los buenos deseos y recuerdos recibidos durante el año.

Vayamos del más reciente al más antiguo en el tiempo:

– Adela escribía: Muchas gracias por esa pequeña ráfaga de aire fresco que me envías todos los días. Te recuerdo con mucho cariño y te deseo lo mejor en estas fiestas y para el próximo año.

– Rosa decía: A lo largo de este año he ido recibiendo estas líneas para empezar bien el día y nunca he comentado nada, más que nada por falta de tiempo y porque algunas frases se han quedado en mi persona como esos buenos libros que después de leídos van configurando partes de nuestra propia vida y van madurando con el tiempo. Gracias de verdad por la luz que en algunas ocasiones nos has dado, porque han sido reflexiones válidas y compartidas a nivel de trabajo y libreras, y por la luz que personalmente cada día al abrir el ordenador descubro en tus reflexiones, y digo tuyas porque nada tomado de los otros, sea leido o escuchado se recomienda sin haber sido hecho propio.
Os deseo una feliz Navidad, que disfrutéis de tranquilidad y de vivir en familia los pequeños detalles que hacen especial la Navidad y que no se venden ni comercializan. Y que empecéis bien el año 2005, lo que luego venga ya se irá viviendo.
Un abrazo,
(Me he permitido la licencia de suprimir la referencia a una empresa)

– Y un divertido diálogo con Sara:
Por favor! Dime que no te funciona el reloj de tu ordenador… Como sea que estas a las 3:00 y a las 6:00 de la madrugada escribiendo mensajes…..es como para que te lo mires. Esta cita me parece lindísima y cierta. Cuánta compañía siguen haciendo los libros después del tiempo!!!.
A lo que yo contestaba: Mi reloj funciona, pero al igual que existen los despertadores, también existe la posibilidad de programar el envío de los mensajes.
Para terminar por su parte con: Pues ya hace falta tener mala leche para ponerle a trabajar al aparato a las tres de la madrugada……

– Del otro lado del charco Mónica nos decía: ME PONGO MUY CONTENTA Y TE FELICITO. LO QUE TÚ ESCRIBES DEBERÍA SER LEÍDO POR MUCHÍSIMAS MÁS PERSONAS. UN BESO, DOS BESOS, MUCHOS BESOS Y ESO SÍ CONTINÚA ESCRIBIENDO BIEN.

– La más breve, porque no hacen falta más palabras, de “J”: me emocionas tánto, que pierdo la gramática. Él ya sabe que también me-nos emociona.