Judith de Intempestivos en Segovia. Cuando un cliente vuelve, sabes que todo está bien.

Me llamo Judith.

Trabajo en la librería Intempestivos situada en Segovia, que viene funcionando desde el año 2014 (sí, ese en el que cerraron no sé cuántas mil librerías)

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por un sueño de juventud. Luego las circunstancias nos lo pusieron en bandeja (a Jesús, mi socio en la librería y en la vida) et voilà!

Considero que mi apuesta profesional es preciosa y se caracteriza fundamentalmente por la ilusión y las ganas de que todo el mundo disfrute como nosotros de los libros y la cultura.

Me gusta ser librera porque es el trabajo más enriquecedor que se me ocurre: conoces a gente muy interesante todos los días, abres decenas de cajas llenas de historias que pueden cambiarte la vida y huele siempre a papel.

Cuando tenía doce años no tenía claro lo que quería ser, pero sabía que iba a estar relacionado con libros. Por eso estudié filología y mi vida profesional siempre ha estado vinculada a los libros (excepto un breve periodo de tiempo en el que trabajé en televisión. Todos tenemos un pasado).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que solo tiene que fijarse en nuestras caras cuando abrimos las cajas y buscamos el sitio perfecto para cada libro.

Más allá de las apariencias, la realidad de mi día a día en el trabajo no es tan idílica como parece, porque hay mucho trabajo administrativo y menos gratificante detrás. Y las devoluciones, que son casi lo peor. Muchos días se pasan en esas tareas y son los que cabrean.

Lo más raro que me ha sucedido nunca en la librería ha sido cuando, hace bien poquito, entró un chico y preguntó si se podía tomar un café. Cuando le dije que sí, me dijo: «Huy, menos mal, pensaba que tenía que leer o algo».

Y lo peor, lo complicado que fue abrir; los permisos, la burocracia. Fue una pesadilla. Desde que abrimos no ha habido nada peor. Y aquello va a ser difícil de superar.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por ver a una señora canosa leyendo incasablemente. Y sí, pero hay otras cosas menos gratificantes, que creo que son las que odiamos todos los libreros del mundo.

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Intempestivos y sus sanadoras ‘tiritas para el alma’

El mimo con el que Inés Martín Rodrigo viene entrevistando ya desde hace un tiempo en el ABC a algunas librerías merece, desde aquí, todo mi reconocimiento y gratitud.

Aunque la estructura de la entrevista o cuestionario es muy similar en la mayoría de los casos tiene el valor de hacer brotar pequeñas joyas o frases que quizás se escapan del ‘inconsciente librero’.

intempestivosEn esta ocasión el turno le ha tocado a Intempestivos de Segovia, una de las del trío conspirador de la pólvora, merecedora junto con sus ‘compinches’ del último Premio Nacional de Fomento a la Lectura.

Os inivito a leer la entrevista completa.

Yo me quedo con una frase que me ha dejado enganchado

Al estar en una zona turística (frente al acueducto) entra mucho despistado que no sabe muy bien a qué nos dedicamos ahí dentro. Una japonesa nos pidió tiritas («para el alma», le contestamos).

Ojalá sigan existiendo estos ‘refugios para la emergencia vital’ que nos sigan curando ‘pupitas’.

Ícaro: de La Granja a Segovia

Ya hace casi tres años la librería Garoa de Zarautz se instaló en Donostia, abriendo así un segundo espacio en el bario de Gros. El tránsito del pueblo a la ciudad.

Ahora, la librería Ícaro que llevaba años en La Granja, abre también en Segovia.

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Interesante este proceso a pequeña escala de librerías con un claro componente cultural que durante unos cuentos años se han movido fuera de las capitalidades provinciales y que se atreven a dar el salto a espacios con mayor centralidad y más volumen de población tras un proceso de trabajo y reflexión.

La clave, con variantes, es básicamente la misma:

Las librerías que han sabido mantener ese espíritu de proximidad, de cercanía al lector, al que aconsejan, recomiendan o guían, han capeado mejor la crisis. El cliente lo agradece mucho.

Luego, lógicamente, como toda buena receta, tiene sus variantes y cada maestrillo librero aplica su librillo.

¡Larga vida!

Seguro que pasará a formar parte del ‘Mapa de las librerías amadas