Silencio. Sándor Márai

Lo_que_No_quise_decirQuise callar. Sin embargo, el tiempo me obligó a reflexionar y me di cuenta de que era imposible. Más adelante comprendí que el hecho de guardar silencio ya era en sí una respuesta, tanto como hablar o escribir. Y a veces callar ni siquiera es la respuesta más inofensiva. Nada molesta tanto a la autoridad como los silencios que la niegan. (Sándor Márai; Lo que no quise decir; Salamandra; pag. 9)

Escrutando entre líneas e intentando escuchar

Domingo lluvioso en Bilbao con cierta resaca y somnolencia después de una estupenda noche con cena,  conversación y comunicación con amigas.

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Con ‘comunicación’ me refiero a lo mismo que dice hoy Henning Mankel en XL Semanal: “me refiero a lo que usted y yo hacemos: sentarse y hablar”.

No me refiero por tanto a este escribir esperando posibles lectores al otro lado, pero desprovisto de ojos, presencia y vibrar al mismo tiempo.

Sus palabras me traen también recuerdos del reciente SILA y, en concreto en este caso, de la mesa de escritoras africanas. Dice Mankell, algo que con otras palabras ya resonó en la mesa: Las mujeres, sobre todo en África, son la columna vertebral de la sociedad.

El titular de la entrevista es impactante: “Moriré de esta enfermedad”.

Ayer, en la charla, ya casi de madrugada que manteníamos, hablábamos sobre cómo nos cambia la vida cuando se pasa del estado de saber que vas a morir, algo que con el tiempo nos ocurrirá a todos, a saber que tu muerte ya puede tener una causa concreta: una enfermedad.

Ni siquiera ello supone que tu muerte acabe produciéndose por esa enfermedad, pero ya hay, al mismo tiempo, un elemento definitorio del fin de la vida.

Y ello, si además el proceso o la causa sabida supone unos cambios dolientes en la existencia cambia el rumbo de la misma.

El haber vivido de cerca y vivir actualmente procesos de ‘enfermedad crónica’ en mi entorno es probable que despierten en mí una sensibilidad especial hacia estos temas y que a veces ande escrutando entre líneas de conversación y de texto reflexiones y cómplices emocionales para seguir intentando llenar el morral de argumentos racionales y emocionales.

Quiero llegar con ello al bello texto, como todos los que nos hace llegar los sábados, Rafa Muñoz y que en esta ocasión lleva por título Dialogar con los textos: aprender a escuchar.

Empieza su texto con una cita de David Le Breton:

El silencio no es nunca el vacío, sino la respiración entre las palabras, el repliegue momentáneo que permite el fluir de los significados, el intercambio de miradas y emociones, el sopesar ya sea de las frases que se amontonan en los labios o el eco de su recepción, es el tacto que cede el uso de la palabra mediante una ligera inflexión de la voz, aprovechada de inmediato por el que espera el momento favorable. 

Dice un poco más adelante:

Construir significados con los otros sin necesidad de cerrarlos es condición fundamental de la escucha y esto supone una conciencia de que la construcción de sentidos nunca es un acto meramente individual.

Y ahí le andamos, en el juego del seguir caminando-paseando entre la soledad y el acompañamiento, escrutando en las conversaciones, en los silencios y en la escucha para ver si luego será uno capaz de acompañar y escuchar las palabras y los silencios del otro, aquél que sabrá no ya que morirá de esa enfermedad, sino que se encontrará además con el dilema de que podrá escoger entre ‘morir de una o morir de otra’.

¡Qué dilema más cabrón!

Bibliotecas, usuarios y silencio social

Me ha llamado la atención el reciente artículo de Gustavo Martín Garzo en El País, Coleccionar silencios, donde de manera indirecta y utilizando la lectura y la biblioteca como mediación explicativa nos quiere llevar un poco más allá para plantarnos ante una sociedad en la que las palabras pronunciadas por parlanchines han conseguido crear una sociedad muy habladora, pero poco ‘decidora’ y menos ‘decididora’.

El reflejo en el mundo del libro y de la textualidad es también claro. Quizás nunca se haya escrito tanto para decir tan poca cosa, incluido también este blog.

Sobre el papel de las bibliotecas y si las mismas deben ser silenciosas o ruidosas tengo poco criterio. Sí me parece más gracioso que este paisito sea el más numeroso dentro de eso que llamamos Europa en nivel de afiliación a las bibliotecas. Quizás hayamos sustituido la iglesia por la biblioteca como nuevo espacio de fe. Ahora bien, a la hora de la práctica, es decir de la lectura, vamos bajando posiciones. Vamos que actuamos como con la religión. De Biblioteca, soy, pero ‘poco practicante‘.

Algo parecido debe pasar también incluso con los nuevos soportes, en esta nueva religión digital, que se nos debe también atragantar. En Euskadi se debe prestar tan poco que parece que a los pocos que leen en digital los quieren ahora empachar y les permiten tener a disposición al mismo tiempo tres en vez de dos. Aquí a base de comprar y comprar licencias que nadie usa acabaremos teniendo el almacén digital del olvido en donde no sabremos cómo hacer el espurgo digital. Y todo porque alguno se empeña en ser más antiguo en los modelos que maricastaña, lejos de algunos otros más flexibles.

Y ya, si siguiésemos este consejo de Anatole Broyard más de uno se pondría a temblar

“Habría que volver a visitar los buenos libros tal como volvemos a visitar lugares o cuadros o volvemos a escuchar una pieza de música. Por lo común he descubierto que la segunda lectura de un buen libro es incluso mejor que la primera, porque la segunda vez estamos mejor preparados, como quien hace estiramientos y flexiones antes de hacer ejercicio. Aunque el placer sea igual de grande, es un placer más consciente que una rendición a ciegas. Uno está más alerta, más atento a lo que sucede”.
“Ebrio de enfermedad”, de Anatole Broyard. La uña rota, 2013. Pág.180.

Palabras y silencios

Un artículo escrito ayer por Rafa Muñoz que lleva como título Lo que cuenta es la palabra desempolvó uno de mis ‘demonios’ particulares. La dialéctica entre palabras y silencios y la dialéctica interna entre los discursos vacíos (ortodoxia) y los discursos plenos (ortopraxis).

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La primera, palabra-silencio, es un interrogante que me viene acompañando desde hace muchos años. Quizás el haber trabajado con personas a lo largo de la vida que por distintos motivos se mueven con dificultad en la cultura verbal y dicen más con sus silencios, su tacto y su mirada, me ha llevado en ocasiones a constatar los límites de la palabra por un lado y la dificultad que tenemos quienes hemos hecho de la ‘palabra dicha’ el santo y seña de movernos en otros vericuetos más complejos.

Hay todavía un segundo elemento que me resulta interesante y que lo verbalizó con claridad Agnès Agboton en el reciente SILA. La diferencia entre las palabras vivas y dinámicas de la oralidad y las palabras fjadas y en parte muertas del texto escrito que quedan con su aparente fijación, lejos de la viveza adaptativa de lo oral interrelacional.

Justo, casualmente, ese viernes en la contra de El País aparecía la experiencia de Rana Dajani sobre los ‘cuentos contados de pequeños y su importancia‘.

Todo esto está muy bien, pero, al mismo tiempo, vivimos inmersos en una sociedad donde cada vez más la palabra es utilizada para esconder la realidad.

La idea de la “literatura” me hastía. Las palabras no sirven más que para ocultar la realidad, no para revelarla. La realidad es otra cosa. (Sándor Márai; Diarios 1984-1989; pag. 180)

Y así siento que seguimos avanzando en un proceso donde parecemos tener más cantidad de información aunque la misma no nos lleve a ningún sitio y parezca que nos bloquea ante la realidad.

El ser humano es un animal dotado de palabra. Ese animal se hace hombre en la medida en que es capaz de expresar sus pensamientos. Pero ¿qué quiere decir una persona al empeñarse en expresar sus pensamientos por escrito? ¿Quiere contar historias? ¿Quiere enseñar?¿Quiere divertir? ¿Quiere convencer y sacudir las conciencias? Seguro que quiere todo eso, pero ¿quiere decir algo más? Yo no sabía expresar con claridad lo que había querido decir con tantos libros. Lo tenía “en la punta de la lengua”, o por lo menos así lo creía. Seguro que quería decir “algo más” cuando escribía, no solamente contar una historia o relatar una experiencia (también habría querido descubrir ese “algo más” cuando leía, pero ¿de qué se trataba?). Allí delante de aquellas existencias, tuve la sensación de haber escrito demasiado, menos hubiera sido más. (Sándor Márai; ¡Tierra, tierra!; pag. 424)

 Y ante tanta verborrea los mudos y enmudecidos abren cada vez más sus ojos con asombro perdidos ante tanto ruido.

Sólo hay una forma de decir la realidad. Hacerla. Y, para ello, el silencio activo es una buena arma.

Silencio… ¿feliz?

Hay un tipo de silencio que es casi tan fuerte como un grito. (Raymond Chandler; El largo adiós; El País, pag. 413)

Terminamos de comer. Como tantos sábados, se dirige después a la sala. Coge la manta. Se tapa. Enciende la televisión y, mientras terminamos de recoger, se esconde en un aparente sueño tranquilo y en el silencio. El mismo silencio que ha acompañado la comida roto sólo por alguna frase o pregunta de cortesía.

La mirada baja, centrada en el plato y después, ya en la sala, mirando, justo, el borde de la manta, que le tapa hasta la barbilla.

Mejor así. Mejor, quizás, ese aparente silencio tranquilo que esconde detrás de él la caja de los truenos.

Que no se abra porque entonces será grito y llanto. Dolor, pena, impotencia.

También yo..

A ratos, reúno el atrezo suficiente para fingir que soy feliz. (Sergio del Molino, La hora violeta; pag. 157)

Librerías: futuro y libertad

Hoy a la mañana me he desayunado con esta contundente frase de Carme Chaparro en la descripción de su perfil de twitter: “La libertad es una librería”

libertad_libreríaFrase potente y quizás más en estos tiempos. Los libreros deberían estarle eternamente agradecidos y los lectores conscientes que piensan más allá del divertimento también.

Por medio se me ha cruzado el blog de uno de los espacios de libertad, la librería Cálamo en el que leo esta frase de Jorge Carrión, autor de Librerías:

«Imagino la librería del futuro con espacios de lectura. Sin Wi-Fi

El hecho de que pasemos buena parte del día conectados nos va a llevar a la necesidad de espacios sin conexión virtual, donde todo sea exclusivamente físico. La librería, creo, tiene que reivindicar esa cualidad. Imagino la librería del futuro con espacios de lectura. Sin wi-fi.

De fondo tengo el rumrum de qué vamos a decir a dos voces y cuatro manos Manuel y un servidor en Liburutekia que se celebrará el 12 y 13 de noviembre próximos en Bilbao.

liburutekiaY me parece que todo guarda una cierta relación.

Algunas empresas están seriamente interesadas en la desintermediación. En cambiarnos la cultura por el entrenimiento, en descontextualizarnos de los otros físicos y palpables, en llenarnos de ruido e infoxicarnos, en que nos subamos a un tren que, me da la sensación, no es el nuestro, en cambiarnos el AVE por el cercanías, en meternos en la ruleta que elllos mueven con mano de crupier experto.

Les conviene, en el fondo, que no nos veamos que no nos toquemos ni palmemos, tampoco, las creaciones de los otros, que vivamos en la falsa sensación social de que tenos acceso a todo, mentira, perdiéndonos en ese falso afán de búsqueda.

Y frente a esa realidad, falsa, queda el espacio del tacto, del silencio, del encuentro y de la libertad que algunas, no todas, librerías pueden ofrecer.

Me encanta ver quiénes van a ser los tres libreros presentes en la jornada: Javi de Anti, Fernando de Joker y Javi de Cámara.

¿Por qué lo digo?

Son jóvenes. Sus espacios, con modelos distintos, acogen. Ellos mismos son acogedores. Son reflejo de una historia, de un presente y de un futuro. Son ejemplo, brotes verdes quizás, de que hay futuros de libertad y de silencio reflexivo. Espacios que facilitan el encuentro con otros, libros y personas. Espacios, al fin, que, parafraseando a Rendueles (pag. 91) son capaces de ofrecer una realidad social aumentada, una mejor inteligencia colectiva que mejora nuestra sociabilidad y nos hace más intelegentes y humanos.

Ahí, está parte del futuro del sentido de la nueva realidad.

Y, finalmente, una sugerencia para los libreros.

Estando ya cerca el Día de las Librerías y el fallo del Premio Librero Cultural creo que no estaría de más invitar a Carme y a Jorge para que, de alguma manera, sean parte activa de los mismos.

Cálamo llama a su blog La otra mirada de Cálamo. Quizás de eso se trata. de buscar otras miradas, otros puntos de vista distintos y diversos.

Esta sólo pretende ser también otra mirada más para compartir y discutir que es lo que algunos parecen no querer con mensajes apocalípticos y unidireccionales.

Puede que Manuel no esté de acuerdo, pero ahí está también la gracia. En el poder discrepar, comentar y complementar cara a cara.

Aunque sólo sea eso

Que no seamos el uno para el otro

con los dientes enfermos de rabia.

Que no te encierren en un muro

como un paisaje sangriento del norte.

Que el silencio como un reproche

no sea la medida del amor ajeno.

Que recordar el fracaso nos haga felices

aun con mil cadáveres entre las manos.

Que después de tantos años de ruidos

conversemos tal vez una tarde en silencio.

Que el dolor sea el cauce hacia una nueva vida

si en tu carne has sufrido un incendio.

Que sea la avenida de animales disecados

una lejana pesadilla en el mundo de los sueños.

(Kepa Murua; Cavando la tierra con tus sueños; pag, 72)

Plurales engañosos

(El Roto)

La semana pasada se celebró en Bilbao el Congreso sobre Memoria y Convivencia

Dentro del mismo el jueves se habló sobre Cultura y Convivencia.

Algunos medios reflejan titulares que, en mi opinión, son poco claros.

Así, por ejemplo, el Diario Vasco dice:

‘Escritoresvascos ‘reconocen’ el silencio de la Cultura ante ETA

También se puede hablar en singular y tener el mismo efecto tal y como recoge El País

La cultura asume su silencio ante ETA

Creo que en este caso es un titular poco claro. Fueron dos los escritores que hablaron. Es claro que se puede pluralizar ya que es más de uno, pero lo es también que no refleja, en mi opinión, con suficiente nitidez el tema. ¿Toda o la mayoría de la cultura; todos o la mayoría de los escritores?

Unas declaraciones de Fernando Aramburu y posteriores respuestas y matizaciones ya incidieron al final del año pasado sobre este tema.

Plurales o singulares pueden llevarnos al juego del sí y el no y esto en cultura no creo que sea el mejor camino.

Imanol Zubero en un reciente texto y recogiendo unas palabras de Anjel Lertxundi venía a señalar que quizás esto no ha sido exactamente así:

Me acordé de Xabier Lete y del manifiesto firmado en 1980 por 33 intelectuales vascos. Me acordé de muchos autores y libros que sí hablan contra ETA con rigor y calidad literarios, libros publicados «en medio de la balacera», como me dijera un periodista mexicano (…). Mi repaso abarcó también a los escritores que por acción o calculada omisión han sido conniventes con ETA. Pero esa galería de situaciones que acabo de pergeñar es idéntica para los escritores vascos en euskera y en castellano: en ambas lenguas ha habido escritores comprometidos contra ETA y escritores que han justificado las acciones del grupo armado. (Anjel Lertxundi)

En efecto, mayo de 1980 un grupo de destacados intelectuales vascos hizo público un valiente manifiesto en el que denunciaban “la violencia que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles”.

Sigo pensando que a veces la mejor palabra dicha es la callada.

Las obras y los hechos también hablan y quizás nos haga falta a todos una mayor dosis de individualidad crítica que admite pocos plurales

Sábado a la mañana

Disfruto mucho a desde hace un tiempo de los sábados a la mañana cuando me enredo en una rutina casi fija de lectura de prensa y compras para abastecer la despensa semanal.

Todo ello sin prisa, rumiando al mismo tiempo cómo ha ido la semana y cómo se presenta la siguiente.

Aprovechando cualquier rincón en el ir y venir entre cafetería, súper, frutería, charcutería… como hoy ha sido el caso para parar de repente y simplemente estar y ver a la ciudad iniciar su movimiento más tranquilo que entre semana.

Tiempo también para pensar e intentar adivinar qué querrá comer el abuelo esta semana.

Acercarme después con las viandas, estar con él, tantear su humor y ver y disfrutar, si tiene ganas, de sus palabras con historia y nostalgia.

Sino, como en muchas ocasiones, es suficientente la compañía silenciosa.

 

La vergüenza de nuestro silencio

Así se titula el artículo de opinión que hoy escribe Pello Salaburu.

Merece la pena leerlo. Reflexionar sobre el mismo y no desde la óptica autojustificativa.

Las recientes declaraciones de Fernando Aramburu premio Tusquets de novela o, mejor, el cómo han recogido algunos medios las mismas sirven para iniciar una reflexión.

Termina así el artículo:

El reciente comunicado de la familia Uria vuelve a dejar las cosas en su sitio. «Es el dolor natural de las víctimas», dirán algunos. «Tienen nuestra comprensión», añadirán otros. «No tenemos por qué compartir sus planteamientos», sentenciará la mayoría, de forma explícita o callada, con su silencio. Y, sin embargo, es elemental lo que dice el comunicado. Piden solo solidaridad real, piden que se condene con claridad esa barbaridad. Y que quien lo impulsó, con su actitud activa o silenciosa, acepte lo sucedido. Y diga que se equivocó. ¿Es mucho pedir? Tampoco hoy sé dónde están nuestros escritores e intelectuales. Aquí, que firmamos manifiestos hasta para protestar por el trazado de un camino rural, seguimos en silencio. Y no creo que sea por no saber escribir.

Sólo un detalle pequeño: A veces el silencio compartido, pero hecho voz en la calle, silencio público que el propio Pello Salaburu ha compartido en más de una ocasión puede ser también un grito o una muestra de calor ciudadano. Claro que el mismo queda lejos de las torres de marfil que algunos han pretendido construirse a su medida para que nada ni nadie les moleste.

Hay un tipo de silencio que es casi tan fuerte como un grito. (Raymond Chandler; El largo adiós; El País, pag. 413)

Actualizaciones:

– Fernando Aramburu, Carta a los escritores vascos

– Artículo Anjel Lertxundi, Palos de ciego

Ruido, silencio…

Como tantas otras veces me ha resultado sugerente la entrevista de César Coca a, en esta ocasión, el pianista Arcadi Volodos.

Quizás porque aborda en un momento de la misma dos  de los asuntos sobre del que de manera recurrente y quizás como autodefensa me interrogo con cierta frecuencia.

El primero: el ruido, el silencio y los ritmos de vida.

Dice Arcadi:  Hay ruido. No humillemos a la música diciendo que ese ruido lo es. No, no es bueno. La gente necesita silencio. Los músicos necesitamos silencio. La tragedia de hoy es no poder disfrutar del silencio y la soledad. Vivimos tan acelerados que tenemos otra percepción del tiempo y no lo tenemos para leer, reflexionar, disfrutar. Hace falta disfrutar, porque si no cómo vamos a evolucionar.

El segundo: los límites de lo verbal para determinadas manifestaciones.

Afirma: Es difícil describir la música con palabras porque genera sentimientos..

La semana pasada en Madrid en un ritmo de ‘Trabacaciones’ hubo tiempo más lento, tiempo para el silencio, la escucha, la contemplación, también para la conversación.

La última noche, le comentaba a la persona con la que realicé el viaje la enorme pereza que me daba encontrarme y enfrentarme con el lunes donde difícilmente encontraré ese ritmo.

Intentaremos en cualquier caso ir buscando tiempos y momentos para el silencio, los sentimientos, la calma, la conversación y el disfrute, aunque he de reconocer que al mismo tiempo me siento un privilegiado desde hace tiempo por disfrutar en gran medida del trabajo que realizo y de las personas con las que puedo llevarlo a cabo.

Palabra, comunicación, silencio, destino….

He terminado en una sentada, ayer a la tarde era un momento propicio para leer en casa con manta, ‘El amor de Erika Ewald‘ de Stefan Zweig.

Junto con Sándor Márai es un autor que ha ‘entrado’ hace no muchos años en mi vida y en cmuhas ocasiones me remueve y conmueve.

Hoy al pasar algunas de las notas-párrafos que me resultaban sugerentes veía como se cruzaban con otros de Márai que ya tenía anotados.

Os dejo dos cruces de muestra.

La palabra

– “La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Marai; La hermana ; pag. 31)

– Le gustaba abandonarse y soñar despierta, porque un pudor casi exacerbado le impedía hacer a los demás la más mínima insinuación sobre sus vivencias espirituales, aunque su alma temblaba bajo la presión de las palabras no pronunciadas, como vacía la rama de un árbol bajo el peso de sus frutos demasiado maduros. Y sólo un tenue rasgo casi imperceptible alrededor de sus labios delgados y pálidos revelaba que en su interior se libraba una lucha y se había desatado una nostalgia que no era posible expresar con palabras y de ven en cuando hacia que la boca firmemente cerrada se estremeciera incontrolada como con un repentino sollozo. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 10-11)

El destino

– Hay horas vacías, insustanciales, que esconden en sí el destino. Surgen indiferentes como oscuras nubes que aparecen para perderse de nuevo, pero se mantienen ahí tenaces y obstinadas. Y se disuelven elevándose como un humo negro, se hacen cada vez más lejanas y alargadas, hasta que por fin flotan sobre la vida con una palidez gris, melancólica, inmóviles, como sombras que se fijan al instante, inevitables y celosas, y elevan una y otra vez su puño amenazante. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 59-60)

– Cuando, por primera vez en la vida, comprendes de verdad lo que es el destino, adquieres una especie de serenidad, te sientes aliviado y terriblemente solo en el mundo. (Sandor Márai; La mujer justa; Salamandra, pag. 43)

Un poco de silencio… y de tiempo

La rápida acumulación de información choca con la necesidad de leerla en un tiempo demasiado lento, demasiado espeso, demasiado rugoso, de manera que hemos acabado por conformarnos, no ya con una ráfaga de titulares, sino con la tarea infinita, pero menos fatigosa, sin trabas ni cuestas, de bajarlos de Internet (“Había un hombre que leía tanto que no tenía tiempo para pensar”, decía Stevenson; “había un hombre que archivaba tanto que no tenía tiempo para leer”). Nuestra Esparta atmosférica, aguacero de bombas y mercancías que reproduce sin cesar la batalla entre los solteros y los huérfanos ha impuesto como todo horizonte subjetivo el tiempo rápido y privado del sexo, del trabajo y de la digestión; es decir, el no-tiempo único, homogéneo, sin mundo, de la digestión. Nos lo comemos todo con la boca, nos lo comemos todo con las manos y nos lo comemos todo con los ojos; y por eso quizás la familia (y la escuela pública) deberían tratar de restablecer, sin muchas esperanzas, sin perder las esperanzas, el tiempo más largo del oído, ese órgano desprovisto de puertas y cerraduras, como dice Rabelais, pero necesitado precisamente de un poco de silencio, la cosa más difícil de imponer sin un látigo o un grito. (Santiago Alba; Leer con niños; Caballo de Troya; pag. 299-300)

Silencio…. en León

Nos dice Ryszard Kapuscinski que El silencio, lo que no se dice, es increíblemente importante….el silencio representa el instrumento principal para establecer la complicidad…

Peñalba de santiago 1

Hay espacios, situaciones  personas que son canales facilitadores de esa complicidad ya que posibilitan como buenos conductores la generación del ambiente adecuado para que el silencio se dé y puedan resonar mejor los interiores de cada uno.

Peñalba de Santiago 2

Algo de esto he vivido este martes pasado en tierras leonesas en la excursión que hicimos a Peñalba de Santiago

Los veinte últimos kilómetros de recorrido, el pueblo y la compañía, con quien después en el bar del pueblo compartía tiempo de silencio mientras quizás ambos escuchábamos nuestros interiores, fueron ambientes propicios para situarse ‘lejos del mundo’ por un momento y cerca de uno mismo.

Peñalba de Santiago 3

También quizás por ello la conversación en la comida alcanzaba en algún momento pequeños resquicios más vitales y personales que el ruido del día a día tapa y esconde.

El Palacio de Canedo fue un buen marco para esa conversación antes de la vuelta y el ¡hasta pronto!.

Quizás todo el día que en sí fue una alegría tranquila y silenciosa fue el marco ideal para recibir, justo antes de volver y dejar a la persona compañera de viaje, una noticia, buena ya que no podía ser de otra manera, sobre  el estado de salud de otra persona que hace unos días se presentaba borroso pero que ya empezaba a ver algo de luz.

El decir y el silencio

Mañana lectora.

Un café al inicio de la mañana con algunos de los asistentes a la reunión del Consejo del Paln Vasco de la Cultura.

Termino Vida de Consumo con unas cuantas notas más.

Disfruto(amos) de comida conversacional, esta vez con hombres y en mesa redonda. También pueden ellos y ella ser un oasis. Alguna cara nueva y alguna ausencia por el trabajo mandado por algún hombre a última hora.

Celebramos cumpleaños con un día de adelanto. El ‘rojo’ es el color del mismo. Venía ya en parte preparado con su camiseta. Felicidades para el mañana. ¿A dónde te llevará tu tranvía?

Antes de la misma empiezo a leer el ‘Antimanual‘, uno de los que me acompañaro de México para aquí.

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Ya en su página nueve leo:

“Otro libro, otro intento del decir:

lo esencial queda dicho siempre

en lo más expresivo del silencio”

Por hoy…. vamos a callar.

Soledad ascendente en verano

Verano en la Costa Brava.

Escaleras – cuestas

Sombra

Silencio

Nadie

Soledad

·         El portero salió a mi encuentro. Le pregunté si se podía ver el interior. Me dijo que no, que no había nadie. Me quedé frustrado, porque ese día, en aquella soledad, hubiera sido el adecuado para entregarme a esa comparación, tantas veces hecha entre lo leído y lo vivido. (Carlos Castilla del Pino; Casa del Olivo, Tusquets, pag. 29)

Vistas ya con la perspectiva de la vuelta

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“Un libro no escrito es algo más que un vacío. Acompaña a la obra que uno ha hecho como una sombra irónica y triste. Es una de las vidas que podríamos haber vivido, uno de los viajes que nunca emprendimos” (George Steiner en Los libros que nunca he escrito)

El viaje y el silencio.

 

Hoy al sacar una foto que “colgaré” a la vuelta a Bilbao pensaba al hacerla: “el viaje” en “el viaje”.

Cuando veníamos en el avión para aquí, por cierto el avión más pequeño en el que me he montado ya que sólo tenía 19 plazas, escribía en relación al libro que estaba leyendo y a la experiencia en el viaje: “El libro tenía más sonido interior que las hélices del avión”.

Las ciudades las hacen amables, en gran medida, los ciudadanos. Lo estamos comprobando estos días continuamente.

Seguimos.

Bilbao. Quietud y silencio

trueba-2Seis de la tarde. Tarde lluviosa. Al pasar y pasear por aquí me acuerdo siempre de un concurso sobre temas bilbaínos que el escolapio Xavier Ortigosa montaba y que consistía en una pregunta todos los jueves sobre algún tema relacionado con Bilbao. Una de las primeras preguntas fue quién era el escultor de la estatua de Antonio Trueba. ¡Qué facil resultaría ahora encontrar la respuesta!. No lo era tanto en aquellos años.

Es uno de los rincones de Bilbao que más me gustan y es un espacio muy céntrico. Son los Jardines de Albia. Todavía es posible ver espacios céntricos un día de labor a media tarde prácticamente sin gente. La posición de Antonio Trueba, sentado, tranquilo, contemplando, aparentemente, lo que ocurre a su alrededor  refleja bien el sentir y querer de este blog.

Tiempo, lectura, silencio y pensamiento. Julián Marías (La frase)

Siento desconfianza e inquietud. La faena intelectual requiere afán de verdad, de claridad, atención a la realidad, largo esfuerzo. Hay que esperar, a veces decenios, a ver algunas cosas claras, y ese momento a veces no llega. Quien lo probó lo sabe. Así se ha hecho, en dos milenios y medio, con muy pocas personas y menos recursos, toda la cultura de Occidente, de la cual vive, quizá no por casualidad, el resto del mundo. ¿Se pondrá en peligro por un poco de vanidad, por algunas manías, por intereses que no están claros? Sigo confiando en que algunas personas se queden de vez en cuando en casa, con un libro legible en las manos, y sobre todo lo pongan sobre la mesa y se pongan silenciosamente a pensar. (Julián Marías; Libros para no ser leídos; ABC 10/02/00)