Sobre librerías, melancolía y días lluviosos. Silvia Broome

Viernes, con el fin de semana ya a la vista…

Me ha encantado este texto melancólico, vital, musical de Silvia Broome aparecido en Papel en blanco.

Una delicia.

Trabajar en la librería cuando estoy triste es un arma de doble filo. Por un lado, siento que necesito estar activa para recoger esos fragmentos de mí que se han desperdigado, para intentar recomponerme. Por otro, es casi un sufrimiento tener que atender a los clientes con un estado de ánimo bajo mínimos. Además, suele suceder que es en un día así cuando preguntan por un libro que casualmente no está en el sitio que debiera, lo que da comienzo a una especie de búsqueda a contrarreloj mientras el cliente te persigue por toda la librería, pegado a ti como si fuera tu sombra, notando su respiración rozándote el cuello. Peor que una película de terror.

Pero sin embargo, cuando la tristeza coincide con una jornada que amanece fría y lluviosa, en la que apenas un cliente o dos se atreven a venir a la librería, puedo dedicarme a una de las cosas que más me ayudan a mantener a raya la melancolía: ordenar la tienda con música de fondo.

Siempre suelo decantarme por algo suave: Coltrane, quizás Jordi Savall. Hay algo mecánico pero terriblemente relajante en el hecho de ordenar las mesas, de examinar concienzudamente el orden alfabético estantería por estantería. Mientras ordeno (y sé que esto puede sonar raro) descubro nuevos títulos. Libros que llegaron un día que yo no estaba trabajando y que por tanto no coloqué o, simplemente, títulos en los que nunca me había fijado por mil razones que se me escapan. Cuando esto sucede me gusta abrirlos y leer un fragmento al azar y anoto los que me llaman la atención en un pequeño cuaderno que tengo junto al mostrador. También guardo aquellos que sé que tal vez les puedan gustar a algunos de mis clientes favoritos, aunque ellos no me lo hayan pedido.

Seguir leyendo en Papel en blanco.

Librero, librera… prescriptora, testigo, espectadora…

Me pidió Eva Orúe que contestase en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Encantado de verme acompañado entre otros en el artículo de Jorge Carrión, Silvia Broome y Antonio Marcos entre otros.

El domingo 8 con diversas aportaciones  salió el artículo publicado en InfolibrePrescriptor, testigo, espectador.

Os dejo a continuación el texto que envié:

Me pide Eva Orue que conteste en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Carlos Pascual, librero emérito ya de Marcial Pons, escribía en Memoria de la librería que toda librería es una idea en el tiempo.

Y, en el tiempo actual, y así lo señalan los datos, la librería es más de libreras que de libreros. Tiene, por lo tanto, rostro de mujer.

En la medida en que cada librera responde a una idea en el tiempo creo que ese buen hacer, ese oficio, con mucho de artesana, de psicóloga, de servir directamente a personas, de conocedora, de trabajar con producto especializado y ¿de calidad?, debe adaptarse en sus aptitudes y actitudes básicas a su concreta realidad.

Seré pues descriptivo y señalaré aquello que creo nunca debería faltarle a una persona que se pone al frente de una librería. En cada caso, eso sí, estos ingredientes convendrá mezclarlos en proporciones distintas en función de a quién queremos dirigirnos, qué queremos ofrecerle y qué servicios queremos prestarle.

Debe ser pues conocedora del sector en el que se mueve, tanto en lo temático como en lo profesional; disponer de unos rudimentos empresariales básicos; y estar al tanto y utilizar aquellas ‘muletas’ tecnológicas imprescindibles para poder gestionar con más soltura y eficiencia el qué, producto, y a quién, clientes.

Sobre esta base, imprescindible para la gestión, debe tener sus dosis de psicología y manejo adecuado en el trato a las personas; ser cuidadosa en  la presentación y decoración del espacio, que es donde seguimos acudiendo; activa y muñidora en su entorno cultural; vivencial, apasionada con la tarea que tiene entre manos y firme defensora de lo común, pequeño y cooperativo desde lo local como modelo político y de valor.

Sé que lo planteado es más descriptivo del deber ser que definitorio del ser, pero creo que también, al igual que el ‘rostro de mujer’, responde al momento actual.

 

Termino con una reflexión de un librero emblemático, Christian Thorel, de la Librería Ombres Blanches de Toulouse:

“Cada librero es un prescriptor, pero también un testigo, e incluso un espectador. Se alimenta, lee, escucha, observa, actúa con una sed inagotable. Son estas las cualidades y los valores que defendemos. De ellos nacen las vocaciones de las que depende nuestro futuro, un futuro al servicio de la belleza del mundo y de sus inquietudes. Los libros saldrán ganando al aproximarse a la verdad de las cosas. Como nuestras librerías y el oficio que en ellas se ejerce” (Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 83)

Si andas buscando un libro para regalo… ¡que no se te note! Silvia Broome

Sonrisa para estos días…

-Busco un libro para mi novia.

-¿Qué suele leer?

-Me gusta el encanto que tiene la sorpresa.

-Vamos, que no tienes ni idea.

-Ahí.

 

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