El cuidado… de nuevo

Ayer a la tarde estuve escuchando y conversando después con César Rendueles y algunas personas más.

¡Buen tipo!

El final de la charla, con una reflexión sobre el cuidado, que también aborda en su libro Sociofobia se cruzó con un mensaje que recibí de una amiga.

Su madre ha fallecido recientemente y ha tenido que volcar sus energías y las de su entorno en su cuidado y compañía.

Hablaba hoy con ella mientras paseaba y volvía a pensar en esas realidades de relación que surgen como reconocimiento de la fragilidad y que tienden a ser escondidas, tapadas en la sociedad actual. Sólo cuando algo rompe la cotidianidad del apoyo mutuo y alcanza un grado de cierta extravagancia inusual salta a la palestra.

Pero el día a día que teje la vida parece no existir.

Dice César en la página 152:

La emancipación y la igualdad, la libre realización de nuestras capacidades, no se puede desvincular del mutuo cuidado de nuestras debilidades: de alguna forma, es conceder demasiado al capitalismo. La codependencia no tutelada es la materia prima con la que podemos diseñar un entorno institucional amable e igualitarista.

Tengo la sensación de que esa falsa separación que se ha intentado montar entre lo público y lo privado nos ha llevado a no trasladar a la esfera de la política esa realidad antropológica que nos muestra como débiles y dependientes dejando solo espacio para los ‘falsos triunfadores poco humanos’.

Libro y lectura. Las mentiras de los nuevos discursos unidimensionales

Reproduzco a continuación el artículo con el que he colaborado en el número 4 de la revista Galde.

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Libro y lectura. Las mentiras de los nuevos discursos unidimensionales

El sector del libro quizás sea el que en estos momentos, dentro de la cultura, el que mejor refleja el refrán de ‘a río revuelto ganancia de pescadores’.

Los últimos datos que ha hecho públicos Eurostat en septiembre reflejan, en relación al 2007, un descenso general de los consumos culturales.

Los datos de mercado interno en relación al libro, tanto de los editores como de los libreros indican esa misma tendencia, pero agudizada; con descensos que se sitúan por encima del 10% interanual en los últimos años.

Curiosamente, en los últimos meses, octubre y noviembre parece existir un falso florecer de congresos y jornadas en torno al libro, la cultura y lo electrónico o digital.

Me llama poderosamente la atención el programa que, en general, ofrecen y que tiende más a hablar de la mediación, los aparatos para la lectura, que de los contenidos. Como si en tiempos pasados en un Congreso sobre el libro y la lectura se hablara más de imprentas, tipos de papel y modelos de impresión que de contenidos y espacios de mediación.

Alguno, incluso, ha sido patrocinado por Amazon. Curioso que después de las intervenciones de sus ‘popes’ no hubiera ninguna posibilidad de preguntas.

En el fondo ello supone con claridad un reflejo de lo que se está cociendo en el sector del libro y de cuál es la mano que quiere mecer la cuna sin que los demás nos enteremos.

En cualquier caso siempre hay, de fondo, un mantra interesado que grandes empresas tecnológicas y de venta y algunos consultores engañados repiten sin cesar: ‘hay que subirse a este carro porque sino te quedarás fuera del mercado y, además, hay que hacerlo ya’.

Cuando uno echa la vista atrás y ve las previsiones de penetración que algunas grandes consultoras hacían, por ejemplo, para el año 2006, donde se hablaba que el libro electrónico iba a suponer el 17% de las ganancias de los grupos editoriales solo le queda a uno la posibilidad de sonreír y de plantear, quizás otros mantras más modestos, pero más plurales.

  1. El libro y la lectura no tienen un único futuro, sino ‘muchos futuros’. Los futuros unidimensionales son falsos e interesados.
  2. Hablar de edición electrónica o digital es una gran mentira. Los autores siguen pensando en papel y linealidad y los editores no invierten con seriedad porque no quieren, no saben o no les interesa.
  3. Los únicos interesados en este ‘ruido’ son las plataformas comerciales. Amazon para más señas. Su negocio no es crear y socializar. Es vender lo que sea,  y a ser posible explotando[1].
  4. Utilizar el DRM y los formatos y soportes propietarios es atentar contra una de las funciones claves de la lectura: la conversación compartida.
  5. La lectura, incluso la hipertextual, es un proceso lento que cohabita mal con las prisas del mercado.
  6. Conviene preguntarse, como ya lo hizo Eva Orúe si hay libreros, editores y autores que no sean físicos. Si las máquinas venden, editan y crean solas[2].
  7. Bibliotecarios, seguid hablando y enredando porque sois los que ayudáis a poner la ciudadanía y sus derechos como centro del debate. Cuando hay personas que trabajan en bibliotecas en el debate, el discurso toma nuevas dimensiones y aparece la vida cotidiana.

Y dejo para el final una reflexión que nos acerca César Rendueles:

Google, App Store, Amazon o eBay. El secreto de estas empresas es el tamaño. Mediante la concentración extrema, estas compañías son capaces de extraer grandes cantidades de dinero a partir de la acumulación de beneficios infinitesimales. No hay, en principio, nada ilegítimo en ello. Pero las dimensiones de estas compañías les confieren una capacidad de influencia desproporcionada que altera la oferta y la demanda culturales. No son meros mediadores neutros sino que transforman nuestras expectativas y la de los productores. Por eso hay un intenso paralelismo entre estas prácticas y la especulación monetaria, en la que es crucial el enorme volumen de las masas de dinero invertidas[3].


[1] Basta leer el libro de Jean-Baptiste Malet En los dominios de Amazon para constatarlo

[3] César Rendueles; Sociofobia;; Capitán Swing; pag. 62

El cuidado como base personal y social

Hay situaciones vitales, del entorno cercano, que afectan, que hacen, o por lo menos a mí me lo provocan, un cierto giro o matiz en el punto de vista (la visión desde un punto) desde el que uno va afrontando el vivir.

Todos tenemos dudas, todos tenemos miedos, todos estamos muy solos. Salir del atolladero sin demasiadas magulladuras. Hay que vivir sin estar realmente preparados para la vida, improvisando sobre la marcha, como quien toca de oído, a ver qué sale… (Eloy Tizón; Técnicas de iluminación; pag. 113)

Dos lecturas recientes, cruzadas con el vivir del día a día de los últimos tiempos me han provocado ecos especiales.

Ambas, de maneras no exactamente coincidentes, hablan y reflexionan sobre el cuidado.

Es curioso que en las propias definiciones de la R.A.E. se recoge la ambivalencia: solicitud y recelo, atención y temor.

cuidado.

(Del lat. cogitātus, pensamiento).

1. m. Solicitud y atención para hacer bien algo.

2. m. Acción de cuidar (‖ asistir, guardar, conservar). El cuidado de los enfermos, de la ropa, de la casa.

3. m. Recelo, preocupación, temor.

Las dos lecturas a las que me refiero, y de ambas ha habido ya por este blog referencias, son El cuidado necesario de Leonardo Boff y Sociofobia de César Rendueles.

Dejaré, sin más, algunas citas que me han provocado algunos ecos internos. Al fin y al cabo el libro de la vida es el gran libro donde todos pueden leer y aprender. Solamente después viene el libro escrito que intenta recoger y volver a contar el libro dfe la vida. (El cuidado necesario; pag. 144)

– Si nos pensamos como seres frágiles y codependientes, estamos obligados a pensar la cooperación como una característica humana tan básica como la racionalidad, tal vez más. (Sociofobia; pag. 146)

– Somos el encuentro de las oposiciones (El cuidado necesario; pag. 84)

– Cuidar de alguien o ser cuidado no es en sí mismo una forma de sometimiento o de sumisión sino un aspecto tan intrínseco a nuestra naturaleza como nuestra capacidad de comunicarnos o expresar afectos (Sociofobia; pag. 147)

Seguir leyendo “El cuidado como base personal y social”

La cultura ¿cada vez menos presente en Europa y más en Congresos?

Se ha publicado hace pocas fechas el Eurobarómetro relacionado con el consumo cultural.

Los resultados no parecen ser excesivamente alentadores tanto a nivel europeo como a nivel español.

Parece existir un retroceso generalizado en todas las áreas en relación al año 2007 y la explicación que se da va muy pegada a la crisis y poco a lo digital. Vamos, que parece más una cuestión de dinero que de soportes y mediaciones.

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Digo esto porque, al mismo tiempo, me llama la atención tanto el V Foro de Industrias Culturales como el Macrocongreso que se va a celebrar en breves fechas en Zaragoza donde no hay, por lo que he visto, ninguna referencia a análisis estructurales y al ¡ojo al dato! Como le decía a un buen amigo, que asistirá, para mi gusto hay ‘mucho ruido y pocas nueces! Reflejo, quizás, de esta afirmación que hace Rendueles: la mayoría de los tecnólogos dan la espalda radicalmente a los problemas de la sociedad contemporánea’ (pag. 93) o de esta otra ante un programa que vía ‘corto y pego’ abruma: En Internet concurren una serie de subjetividades discontinuas sin más pasado o futuro que sus preferencias actuales. (pag. 91). Reflejo al fin todo ello de  la fragmentación de la subjetividad postmoderna (pag. 90)

La información que elaboró El País sobre los datos del Eurostat y la peculiaridad española es francamente sugerente. Recojo dos párrafos de la misma

Los españoles destacan en el uso de Internet para satisfacer necesidades culturales… pero sobre todo en las categorías que implican gratuidad. Hay menos europeos que usan la Red para bajarse música (un 26%, frente al 31% de los españoles) o para ver películas o programas de televisión en streaming (27% frente al 31%). Las tornas cambian cuando la pregunta afecta a la compra on line de libros, CDs o entradas de teatro. Solo un 14% de los españoles dice hacerlo frente al 27% de la media comunitaria.

Otra diferencia en la aproximación a la cultura es el menor vínculo de los españoles con los productos que salen del resto del continente. Cuando se les pregunta si han leído un libro, visto una película o un espectáculo cuyo autor proceda de otro país de la UE, se demuestra un menor interés por lo que hacen sus vecinos. Solo un 11% de los españoles ha visitado monumentos europeos —palacios, castillos, iglesias, jardines…— , mientras que en la UE el porcentaje de los que viajan para ver qué hay fuera de sus fronteras sube hasta el 19%.

Dicho en castizo: “Baratito y de lo nuestro”.

Parece, en relación a los usos y consumos que nos movemos en una situación de ‘cuerda floja’ que difícilmente cambiará una vez superada la crisis. Dudo, lo siento soy pesimista, el uso, consumo y disfrute cultural. Entre otras cosas porque algunos ya nos habrán vendido el entretenimiento.

Termino con dos reflexiones. La primera de Eric Hosbawn en su libro Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX publicado por Crítica.

Las artes caminan sobre la cuerda floja entre el alma y el mercado, entre la creación individual y la colectiva, incluso entre los productos creativos reconocibles e identificables como humanos y el asalto que ha sufrido por parte de la tecnología y el ruido omnipresente de internet. (pag. 19)

La segunda, centrada en el libro, de Martín Gómez, ese ‘ojo fisgón‘ que todo lo ve:

Me parece que el ejercicio especulativo con respecto a la futura evolución del libro debería centrarse más en algunos aspectos relacionados con el contenido como tal en lugar de poner un énfasis tan marcado en el soporte.

A Amazon parecen gustarle las familias numerosas. Sobre el Congreso de Libro electrónico

kindlefamilyPues sí, pues sí. Esta es una de las conclusiones que me quedó más clara por el mensaje que escuché a Koro Castellano cuando nos presentó a toda la familia de Kindles en tono de hijos, hermanos, más hermanitos, primos, primos segundos y demás como si de prole de familia numerosa se tratara o como para demostrar que ellos tienen más hijos que nadie o más parientes entre las distintas familias de kindle que, como dice el dicho, ‘la madre que los parió’.

Lo curioso es que los contenidos que ‘pare’ el kindle son como hijos en acogida porque no está claro que pertenezcan realmente al padre-usuario

El problema es que a veces tanto trato digital familiar puede acabar acarreando problemas genéticos.

Esa continua referencia a la familia y numerosa en una sociedad líquida y digital suena, o por lo menos a mí así me sonó, a la América (del Norte) o a la España (antigua) profunda.

Hoy, curiosamente, se me cruza en el camino la información de la primera persona que ya ha salido del armario como NO LECTOR de En los dominios de Amazon. Por lo menos eso es lo que parece que traslada la periodista Elena Serrano en Expansión:

Soy un lector compulsivo”. El que no está en la lista de sus libros pendientes es ‘En los dominios de Amazon’, una obra escrita por un extrabajador infiltrado, donde el gigante tecnológico no sale bien parado.

Mientras el señor Nuyts parece un defensor de la cultura, Castellano parecía más una defensora del entretenimiento y quizás alguien deba explicarles que ambas cosas no son exactamente lo mismo o, incluso, pueden llegar a ser contradictorias. En cualquier caso sí sería importante señalarles que la cultura no es en primer lugar un asunto de consumidores, sino de ciudadanos que no es exactamente lo mismo.

Su jefe Szafir tampoco se le quedaba a la zaga cuando afirmaba:

“El precio del e-book te deja fuera del negocio del entretenimiento”

Menos mal que algún editor, como Daniel Moreno, sí parece tenerlo claro.

Aunque publicamos autores que en muchos casos ya están consagrados, la tónica general a la hora de cribar suele ser explorar aquellas apuestas y propuestas que se salgan de los márgenes editoriales y comerciales establecidos y sobre todo que cuestionen de una manera rigurosa y poco ociosa la actual sociedad del espectáculo.

Tampoco está de más preguntarse junto a Eva Orúe:

Me pregunto si hay libreros, editores y autores que no sean físicos. Si las máquinas venden, editan y crean solas.

Curioso es también que Amazon o su prima de división Kindle den pocas cifras absolutas. En el Congreso tendieron a presentarnos bellas curvas que subían y bajaban, pero a las que casi siempre les faltaba el eje vertical y su valoración.

Parece en cualquier caso que esto, lo de no dar datos, debe ser una práctica habitual.

Como es habitual en Amazon, no ofreció cifras de ventas de sus aparatos de lectura Kindle o de las tabletas Fire, tampoco del número de abonados a Prime (Zona eReader)

Dejo un par de reflexiones finales en boca de otros.

Google, App Store, Amazon o eBay. El secreto de estas empresas es el tamaño. Mediante la concentración extrema, estas compañías son capaces de extraer grandes cantidades de dinero a partir de la acumulación de beneficios infinitesimales. No hay, en principio, nada ilegítimo en ello. Pero las dimensiones de estas compañías les confieren una capacidad de influencia desproporcionada que altera la oferta y la demanda culturales. No son meros mediadores nutros sino que transforman nuestras expectativas y la de los productores. Por eso hay un intenso paralelismo estre estas prácticas y la especulación monetaria, en la que es crucial el enorme volumen de las masas de dinero invertidas. (César Rendueles; Sociofobia; pag. 62)

Estoy convencido que el tipo de libro que hace Atalanta es el libro del siglo XXI. Un libro cuidado y útil, desde el punto de vista cultural. Ahora me alegro de haber sido de los pocos en dudar de que el e-book fuera a ser el soporte universal futuro, una especie de nuevo tótem del progreso. Y en esto no hay progreso de ninguna clase. Simplemente es un gigantesco negocio de tres multinacionales cuyo objetivo es, convertir el mercado en un monopolio, destruyendo la diversidad actual. (Jacobo Siruela)

Seguiremos, aunque nuestras proles sean más modestas.

Sociofobia y libro electrónico. Previos a un congreso que inaugura un ‘imprentero digital’

En un rato cogeré el cohe para acercarme con calma, a ritmo humano a lo que llaman algunos el I Congreso del libro electrónico que se iniciará mañana en Barbastro.

40 ponentes y 150 asistentes por lo que he visto hasta ahora. Ayer a la tarde quedaban plazas libres. No parece que el tema tenga ya tirón cuando se lleva ya más de una década hablando quizás sobre lo mismo.

Tengo interés en ver cuántos asistentes hay de lo que se podría denominar la ‘cadena de valor tradicional’. Me da la sensación de que serán escasos.

Me acerco además al mismo con un cierto excepticismo, más después de leer con bastante interés el libro de César Rendueles, Sociofobia y el de Malet En los dominios de Amazon y ver que curiosamente quien abre el congreso es un directivo de Kindle que quizás nos explique lo que cuesta fabricar uno de sus aparatillos.

La verdad es que lo pienso y no salgo en parte de mi asombro. Buscando algunos paralelismos pienso en cuándo un Congreso sobre el libro lo haya abierto un director de imprenta o un fabricante de máquinas de impresión, pero en fin serán los ‘nuevos tiempos de la lírica libresca’.

En cualquier caso me acerco con interés de volver a ver a algunas personas y de encontrar momentos para la charla reposada más allá del programa oficial.

El viaje, que desde Bilbao son uns horas, lo haré acompañado de estas reflexiones previas:

– Pienso que Internet… más bien es un zoológico en ruinas donde se conservan deslustrados los viejos problemas que aún nos acosan, aunque prefiramos no verlos. (Sociofobia; pag. 37)

– Los ciferfetichistas no proporcionan ninguna pista del modo concreto en que los cambios tecnológicos influyen en las estructuras sociales. Por eso las mayor parte de sus propuestas tienen un carácter o muy ideológico… o muy formal. (Sociofobia; pag. 45)

– No es anecdótico. Las pruebas empíricas sugieren sistemáticamente que Internet limita la cooperación y la crítica política, no las impulsa. (Sociofobia; pag. 53)

– Si los internautas conocen la página de entrada del célebre sitio en Internet, la mayoría ignora lo que está ocurriendo detrás de esa pantalla una vez que se ha validado un pedido, cuando la economía digital que se presume virtual se convierte en real. (En los dominios de Amazon; pag. 15)

– En un mundo que se declara abierto y transparente gracias a Internet, donde la información circula a la velocidad de la luz, al parecer sin ningún límite, cada día se levantan por todas partes altos muros que ocultan las zonas de producción y de  difusión de las mercancías. Importa poco que estén situadas en China o en Francia, esas zonas no son puras abstracciones: constituyen la red vital de la economía mundial. Ahí se encuentran hombres trabajando y resulta imposible publicar imágenes o informaciones sobre ello. Este es el caso especialmente de China, en cuya fábrica  Foxconn se produce un buen número de productos electrónicos, entre ellos los de Apple o la tableta Kindle de Amazon. ¿Será acaso necesario creer que los gigantes de Internet han roto «con el viejo mundo», con las humeantes chimeneas de las fábricas y sus bocas negras y grises? (En los dominios de Amazon; pag. 19)