La ralentización de los formatos digitales. Tres notas

No es igual leer para repetir el mundo que leer cuando se tiene la motivación de cambiarlo. (Remedios Zafra; El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital; Anagrama, p. 223)

1- La Fundación Telefónica ha presentado recientemente el informe Sociedad digital en España 2017.

Ya en el informe del 2014 dejaba entrever con cierta claridad que el libro se mantenía inexpugnable al avance digital.

En el que ahora nos ocupa se dice:

Pero no en todos los ámbitos se impone lo digital. La lectura de libros sigue estando asociada al formato tradicional para el 77% de los usuarios, frente al 27,3% que utiliza el libro digital. (140)
E incluso en otros sectores se produce un ligero retroceso reflejo en parte de una evolución discontinua con incidencia clara de otros factores que choca con la unidimensionalidad y excesiva linealidad que tanto gusta al ‘solucionismo tecnológico’.

2- En Estados Unidos el comparativo de los 10 primeros meses Enero-Octubre 2016 y 2017 señala con claridad que el papel es el soporte que más crece en dólares y aumenta su peso porcentual en relación a los otros soportes. El audiolibro es el formato con menor presencial t su subida es a cuenta de la bajada del ebook.

 

3- Una última referencia para la reflexión y la constatación de que todo es más complejo de lo que parece. En las predicciones para España que Deloitte ha realizado para 2018 en lo referido a modelos de suscripción al libro, frente al vídeo, la música, los juegos y las noticias, y sus posibles modalidades ni se le ve, ni se le espera.

 

¿El novedoso sistema de la lectura por suscripción?

La aparente modernidad nos va saturando de mensajes nuevos, aparentemente, y también contradictorios.

Se nos dice que escuchar es leer, que las nuevas tecnologías nos permiten ahora que leamos todo lo que queramos con un sistema de suscripción de pago fijo mensual. No siempre querer es poder.

Nos dicen también que ahora leamos con la oreja porque con el estress de estos tiempos no hay tiempo para nada, ni siquiera para leer que al igual que para escuchar buena música requieren tiempo y cierta lentitud.

Gabriel Zaid ya puso en valor el tiempo del lector cuando escribió:

El costo de leer se reduciría muchísimo si los autores y los editores respetaran más el tiempo del lector. Si no se publicaran los textos que tienen poco que decir, o están mal escritos, o mal editados. (Crítica del mundo cultural, pag. 58)

Volvamos a la reinvención de la rueda y los novísimos modelos de pago único y lea usted lo que le plazca.

Hoy me he encontrado en El Correo una noticia referida a la Librería Goya de Bilbao que cumple 75 años y que ¡oh curiosidad! tuvo sus orígenes en el año 42 precisamente con un modelo de suscripción mensual.

Dice la noticia:

Los orígenes de Goya nada tuvieron que ver con la papelería, los lienzos y los lápices. «Nació como un pequeño negocio de alquiler de libros», cuenta Alejandro. «Lo fundó en 1942 nuestro abuelo, Jesús Prieto, que era funcionario y no tenía una gran vocación empresarial». En realidad lo concibió como un servicio. «Se llamaba Biblioteca Circulante troya», detalla Susana, «Los clientes pagaban siete pesetas al mes y podían leer todos los libros que quisieran».

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable. Pasados quince años, las pérdidas habían alcanzado las 40.000 pesetas.

Hoy que leo en los medios la afirmación un tanto a la ligera de que el audiolibro de aquí a cinco años supondrá un 30% del mercado, prefiero echar la vista atrás para comprobar que algunos no aciertan nunca.

Quizás dentro de cinco años o de 10 haya que decir también…

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable.

Para algunos, en cualquier caso, nada cambiará.

Abrirán un nuevo circo.