La delicadeza

Quizás no hay mejor forma que terminar una novela que casualmente al dia siguiente de haber finiquitado su lectura quedar a comer con quien te la regaló.

La delicadeza de David Foenkinos ha sido una buena compañía para la tarde de ayer sábado que a partir de las 16:30 se pueso negra negra por Cantabria y estuvo descargando agua a gusto.

Así que trasladamos la cena a comida lo cual dio como resultado el poder terminar la novela y poder disfrutar hoy de comida en un espacio precioso que alguna ha ‘confundido’ con Laida (buscad por facebook). La foto está sacada desde el ‘merendero’ Las Encinas en Sonabia.

Como siempre agradable comida y conversación, pero prefiero dejaros algunas de las píldoras encontradas por el libro.

En este caso siempre la subjetividad forma parte importante de la selección.

– Quizá haya una dictadura de lo concreto que contraría siempre las vocaciones. (pag. 15)

– En la felicidad siempre llega un momento en que uno está solo entre la multitud. (pag. 20)

– Nunca es fácil pasar de la mirada a la conversación, de los ojos a las palabras. (pag. 69)

– ¿El exceso de información nos empujará ineluctablemente hacia la amnesia? (pag. 78)

– Hay gente fantástica

  a la que se conoce en mal momento.

  Y hay gente que es fantástica

porque se la conoce en el momento adecuado. (pag. 89)

– ¿acaso hay algo más ilógico que una afinidad? (pag. 181)

– El sentimiento amoroso es el que más culpabilidad provoca. (pag. 190)

– La lluvia caía sobre el rostro de Nathalie, de modo que no se podía distinguir qué eran gotas y qué eran lágrimas. Pero Markus sí las distinguía. Sabía leer las lágrimas. Las de Nathalie. (pag. 201)

Y ya al final, pero para llegar a ello deberéis leeros esta novela.

Quizás todos deseamos saber con quién podemos ‘redescubrir juntos el manual de instrucciones de ternura’ (pag. 213).

Hay veces que caducan y hay que empezar de nuevo el descubrimiento.