La Marabunta. Cierra un proyecto sin sostenibilidad económica. No era una startup

Ellos mismos lo dicen con claridad en su web. (Las negritas son nuestras)

marabunta

Tenemos que anunciaros una noticia triste: este mes de febrero la Marabunta cerrará sus puertas. Han pasado más de cuatro años desde que iniciamos este proyecto colectivo con mucha ilusión. Un proyecto que no habría sido posible sin todo el apoyo que tod@s vosotr@s nos habéis brindado durante todo este tiempo.

Consideramos que el día a día de La Marabunta ha sido todo un éxito, porque hemos logrado ser un espacio de cultura y pensamiento crítico, tal como nos planteamos en un principio, abierto a quienes han querido hacerlo suyo, un espacio de encuentro y por el que han pasado cientos de artistas, pensador@s y proyectos interesantes.

Sin embargo, no hemos logrado darle al proyecto la sostenibilidad económica necesaria. Entendemos que para lograrla deberíamos ampliar las dimensiones del proyecto, encontrar un local más grande y mejor ubicado, en el que poder desarrollar muchas de las actividades que no podemos asumir en el espacio actual. Pero para dar ese salto necesitaríamos una estabilidad financiera que no tenemos ni estamos en condiciones de buscar. Esto, sumado a los desgastes que todos los grupos humanos experimentan, nos ha llevado a tomar esta decisión: cerrar esta etapa, aun con la tristeza que conlleva, pero con la alegría de todo lo conseguido. No descartamos que en un futuro el espíritu de La Marabunta reaparezca en otro lugar y/o con otra forma. Por eso nos gustaría que nos mantuviéramos en contacto a través de las redes sociales, ya que sin vosotros y vosotras no será posible.

Y, ahora, algunas reflexiones.

1. Me produce una cierta tristeza el cierre de cualquier proyecto cultural y más si el mismo tiene caras y ojos. Es probable que en este caso los cruces políticos-partidistas-partidarios puedan haber influido. Desconozco el detalle, pero hay mezclas que demuestran también el refrán. ‘Sopas y sorber no puede ser’.

2. La ilusión no es suficiente para mantener un proyecto. Es condición necesaria no sólo para su nacimiento sino, más importante, para su mantenimiento en el tiempo, pero de ilusión no se come.

3. Lo que es imprescindible es la sostenibilidad económica y me atrevería a afirmar que en el mundo del libro más todavía porque los retornos son lentos y e baja rentabilidad suponiendo que todo vaya bien.

4. Tristemente hay una gran distancia en inversión económica entre empresas startup y empresas de innovación social o que proponen nuevos modelos. El dinero, el capital, oscuros ambos en muchos casos, están con las primeras y raramente con las segundas.

5. La brecha será cada vez mayor y el panorama será cada vez más plano.

Nota aparte.

Por parte de los editores, se desenpolva ahora, en la época de mayor crisis, un plan de apoyo al sector que lleva años cogiendo polvo en los cajones. A un año de elecciones ¿hay algún ingenuo que piense que alguien se lo va a tomar en serio?

Va tarde. Muy tarde.

Cita final para buenos entendedores:

En 1940, George Orwell se refería a ‘un importante descubrimiento psicológico hecho por los nazis -aplicado por estos en todo caso: se pueden predicar sin peligro políticas contradictorias mientras se siga diciendo a la gente lo que la gente quiere oír’ (Thierry Discepolo; La traición de los editores; Trama Editorial; pag. 106)

¿El spotify de los libros? ¡Cuidado con lo que viene!

El run-run ya venía sonando, por lo menos, desde febrero y ya antes había baido ‘escarceos amorosos‘.

Ahora parece que la unión de Planeta, a través de Círculo de Lectores, y Telefónica se va tornando realidad.

El proceso ya tiene los parabienes europeos y supongo que nos lo venderán como la gran apuesta por ‘EL ESPAÑOL EN EL MUNDO MUNDIAL’.

Nubico es el nombre de la criatura que pertenece a YADICÁN PLUS, S.L.U. de la que Telefónica tomará una participación del 50%.

Nubico

David Fernández Poyatos que ha sido o es apoderado de Planeta asumirá la dirección.

Como siempre, los ‘pequeños‘ se unen. Contenido, continente y canal de la mano.

Todo un cambio en el panorama.

No debemos olvidar tampoco la posición que tiene en estos momentos Planeta en el mercado francés donde controla al segundo grupo editorial desde 2008 que, por otro lado, le ha obligado este año a refinanciar su deuda.

No ser conscientes, al mismo tiempo, del papel que juega ya Planeta como grupo multimedia sería tener una mirada miope sobre lo que empieza a moverse.

En cualquiera de los casos, y vistos los antecentes a saber lo que pasará.

Más allá de la discusión sobre el ‘mundo del microlibro’ en el sentido de plantear que qué bien que haya ya modalidad de suscripción, que qué estupendo que se baje así el precio del libro electrónico y demás miradas a corto, creo que vienen al pelo dos citas de Thierry Discepolo en La traición de los editores para alzar un poco la mirada más allá de los árboles.

– La distinción artificial entre ‘grupos de comunicación’ y ‘grupos editoriales’ oculta el papel fundamental de estas grandes empresas en una sociedad de masas: transformar a los lectores en consumidores y limitar la capacidad de acción de la mayoría. (pag. 29)

En efecto: el auténtico negocio se hace en otra parte. (pag. 41)

Nota: no olvidar tampoco que Planeta ha sido una de las empresas que en momentos iniciales más se ha resistido a ‘colaborar’ con Amazon. La pelea por el control de los contenidos está servida. Pare ellos el banquete mientras los demás deberán buscar otras mesas donde seguir comiendo.

Actualización

Nota aclaratoria. Todo nuestro respeto a los que se ‘mojaron antes‘ en lanzar nuevas propuestas.

La traición de los editores de Thierry Discepolo

Layout 2En La traición de los editores, Thierry Discepolo realiza un análisis atrevido de la situación de la edición francesa y de las agendas ocultas que mueven los hilos de la misma.

Como él señalaba en las conversaciones que mantuvimos en Madrid su libro es más político que sectorial, al fin y al cabo él mismo señala que el ejercicio de una profesión es en sí misma una actividad política -y, por consiguiente, la oportunidad de una acción mayor, a la medida de nuestras vidas, cuando se piensa en el tiempo que la mayor parte de nosotros le consagramos.

Es por lo tanto desde esta visión política desde donde aborda unos cuantos aspectos del sector.

Desde la concentración, los monopolios, la situación laboral, el dinero y la ‘burguesía editorial’….

En la conversación que mantuvimos en La Central de Callao quedó una pregunta en el aire. ¿Sería alguien en España capaz de realizar un análisis semejante al que él hace del sector del libro en Francia?

Algunas citas para la reflexión:

La distinción artificial entre ‘grupos de comunicación’ y ‘grupos editoriales’ oculta el papel fundamental de estas grandes empresas en una sociedad de masas: transformar a los lectores en consumidores y limitar la capacidad de acción de la mayoría. (pag. 29)

En efecto: el auténtico negocio se hace en otra parte. En realidad, la saturación de títulos en librería por parte de los ‘pequeños editores’ es un problema marginal: al cambiar de escala, las grandes empresas modulan un mundo en el que la cuestión misma de la existencia de este tipo de competencia parásita deja en absoluto de plantearse. (pag. 41)

Cualquier autor preocupado por la repercusión política, directa o indirecta, de lo que escribe, ¿no debería empezar por preguntarse si la modificación de las conciencias de la que él es partícipe no se ve arruinada por su participación en la irrigación de facto, gracias a su querido editor, del sistema de la gran distribución? (pag. 48)

Como en los otros grupos, los que hacen los libros ganan de diez a veinte veces menos que aquellos que se los cuentan a los periodistas. (pag. 74)

Ya nos sabemos el cuento: el índice cardinal de la vitalidad de un mercado se mide por la capacidad de las empresas para ‘vender más barato’ -claro está que al margen de las condiciones sociales de producción y de los efectos sociales-. (pag. 51)

Lo fundamental no pasa por lo digital por mucho que algunos se empeñen

En una reciente entrada Martín afirmaba:

No creo que la reinvención de la industria editorial deba pasar solamente por lo digital —de hecho, insisto en la necesidad de desdigitalizar la agenda—. Independientemente de las decisiones que la industria editorial tome en medio de su proceso de reinvención y del rumbo que le dé a éste su apuesta debe pasar por seguir intentando producir y ofrecer contenidos de buena calidad, valiosos y relevantes, que es lo que mejor sabe hacer.

Viene esto a cuenta, como algunas de las últimas entradas, de la referencia a lo digital en el último estudio panoramático donde este apartado, curiosamente, tiene mucho peso, pero casi centrado en exclusiva en el ámbito editorial y desdeñando a los otros sectores del libro.

No voy a ser yo quien niegue la importancia de esta realidad que ya no es nueva tanto en lo que puede tener de valor como herramienta para la mejora de la gestión como para su uso en marketing, comercialización, venta y en lo que hace referencia también para la creación de nuevos contenidos en los que casi nadie parece estar excesivamente interesado porque se quiera o no la literatura digital es otra cosa.

Pero, en todo este mar de dudas sí me parece importante la coletilla de Martín referida a los editores: su apuesta debe pasar por seguir intentando producir y ofrecer contenidos de buena calidad, valiosos y relevantes, que es lo que mejor sabe hacer.

¿Por qué señalo esto? ¿por qué pongo aquí el acento?

Básicamente para no caer en la trampa de otra industria y que sea ella la que acabe marcando la agenda de las prioridades. Y eso que no debería ser así si es cierto que, según Antonio María de Ávila “El sector editorial es moderno y ha hecho un esfuerzo inversor por encima de la media nacional en I+D+i.”

No está así de más escuchar también voces jóvenes que, por ejemplo odian los ebooks. Ben Brooks: “Desearía que los e-books no existieran y nadie los comprara, los odio” y, al mismo tiempo, reirnos o ironizar sobre los que van perdiendo la capacidad y el sentido del tacto anunciando funerales más deseados que reales.

Cuando hasta el Ministro Wert se convierte en adalid del mundo digital para el desarrollo del sector editorial hay que empezar a dudar y pensar si con esos perfiles pueden llegar a existir políticas de intereses convergentes.

Con todo ello parece que lo que sigue preocupando a algunas de las cabezas del sector es el traido y llevado IVA cuando seguimos sin saber si lo que compramos o alquilamos en digital es realmente un libro. Cada vez tengo más claro algo que afirmaba o dejaba entrever Manuel Gil recientemente: Si los editores no me dejan comprar y solo me permiten alquilar un contenido pues parece lógico que se le aplique un Iva de ‘servicios’.

Seguir poniendo solamente el acento y el ruido en la mediación, cuánto I+D+I hemos visto sobre nuevos contenidos, no digo que sea errar el tiro, pero sí preguntarse en qué sector empresarial nos situamos.

Price anuncia ya la supremacía en Estados Unidos de lo digital de aquí a 4 años. Ante los inventores del futuro que convendrá ver si lo que decían para años anteriores se ha cumplido.

No vendría mal que volvamos a poner el acento en lo fundamental y en volver a preguntarnos.

¿De verdad hay que garantizar ‘la igualdad de los ciudadanos’ ante la literatura de Huch Laurie, el esoterismo y las recetas dietéticas? ¿O ante los libros de gran formato y las guías prácticas? Esos expertos que se acaloran con las subidas y bajadas del mercado editorial, con los peligros de la sobreproducción, la migración a las grandes superficies, a las tiendas Relay y otros depósitos de best-sellers, ¿hablan alguna vez de libros? ¿No habría que volver a centrar la oferta editorial que necesita ser protegida, en torno a una literatura menos milagrosa y de ciencias menos ocultas? En torno a un tipo de edición que apenas se beneficia de las estrategias del marketing…(Thierry Discepolo; La Traición de los editores; pag.77)

Una tarde con Discepolo y compañía

El jueves estuvo Thierry Discepolo por Madrid. A la mañana atendió a Peio H. Riaño de El Confidencial y a Alberto Ojeda de El Cultural

A las 8 de la mañana cambió el ritmo del día. Cogí un autobús y pude llegar a compartir comida con él, su editor Manuel Ortuño y su traductora, Gabriela Torregrosa, a quien no conocía.

Foto0115Disfrutamos y mucho de la conversación y del debate sano y desprejuiciado de ideas y estados de ánimo.

Todo fluyó más fácil gracias a Gabriela que iba hilando el francés, castellano e inglés.

Siguió la conversación más tarde en La Central con Antonio, hacía tiempo que no estábamos, Alex y Clo más los anteriores.

Foto0116Los libreros, formales, se retiraron a una hora adecuada, pero todavía tuvimos tiempo para disfrutar de un último rato de conversación.

Así lo han visto Gabriela y Manuel

Gabriela: Grande Discepolo: “La debilidad de mi posición es al mismo tiempo la fuerza de mi posición. No conozco a nadie de ese mundo editorial, no es mi mundo, no vivo en la misma ciudad que ellos, no vivo como ellos viven, no quiero vivir en el mundo que ellos viven, no quiero el mundo que ellos están construyendo. Son gente extraña para mí. Puedo mirar al mundo editorial desde la distancia y veo algunos leones, muchos perros, también hienas y muchísimas ovejas. Pero no vivo en ese zoo.”

Manuel: Descansen, Thierry Discepolo (“La traición de los editores“) ya ha partido hacia Marsella. Horas de buena conversación, nihilismo a discreción, y muchas ideas y sueños compartidos…

Sin entrar en más detalles, tristemente volvimos a constatar que hay personas en el sector del libro que siguen utilizando la censura como forma de funcionamiento.

Un buen día para este proceso de irme poniendo las pilas.

El panorama de los muchos libros en España

Un segundo aspecto interno del sector ya no en lo organizativo, sino en lo productivo que se aborda en el informe del Panorama del libro en España es el referente a la producción editorial.

En el estudio se afirma: Los encuestados manifiestan mayoritariamente la conciencia de la sobreproducción de títulos en el mercado nacional.

Parece existir un cierto acuerdo entre el panel de expertos de la existencia de una sobreproducción. Algo que, en cualquier caso, no es nuevo.

sobreproduccioneditorialUno de los indicadores que indirectamente nos puede dar algunas pistas sobre la sobreproducción y su consecuente desajuste al mercado es la tasa de devolución de libros.

En los últimos 14 años y si nos fiamos de los datos de la Federación de Editores la misma ha aumentado en 14,5 puntos porcentuales.

Si en el año 1998 (ver página 51 del informe adjunto) la misma se situaba en el 19,6, en el 2011 (ver página 70) se situaba en el 34,1%.

Curiosamente, al mismo tiempo, y según la misma fuente de información, ha disminuido porcentualmente el número de empresas que dicen tener devolución.

Si en 1999, en este caso, era el 81,4%, en el 2011 era el 73,9%.

En cualquiera de los casos parece además que donde siempre has más posibilidades que se dé devolución es en las empresas grandes o muy grandes ya que aunque son menos porcentualmente son más las que tienen devolución. Este, en cualquier caso, es un dato menor si se calcula el porcentaje de la misma teniendo en cuenta la cifra de facturación.

Lo que sí parece que se podría afirmar es que con el paso de los años el sector editorial en este caso, ya que es el que produce, no ha realizado una oferta adecuada y, aquí sí conjuntamente, todo el sector no ha sido capaz de generar nueva demanda excepto para el transporte.

En la medida en la que han entrado factores nuevos, más contenidos en otros soportes, más oferta cultural, que compite en el tiempo de uso, y menor gasto cultural, esta tendencia sobreproductiva ya mantenida pero que en los últimos años ha vivido en épocas de bonanza puede tener efectos sin vuelta atrás en todo el sector.

¿Medidas? Las que el propio sector quiera adoptar. ¿Cambiaría algo si cambiaran las condiciones de comercialización, sin depósitos, con venta en firme y demás?

No lo sé.

Dejo para el final una reflexión de Thierry Discepolo en La traición de los editores, que estará mañana a la tarde en La Central de Callao, sobre a quién beneficia todo esto.

En particular, la sobreproducción es en sí un instrumento de ocupación del terreno: la superficie en metros cuadrados de expositores y en metros lineales de estanterías de librerías está limitada. Así, los libros empujan los unos a los otros de publicación en publicación, y el productor más importante pone todos los medios a su alcance para hacer menos visibles a sus competidores. Naturalmente, la sobreproducción depende de las capacidades de financiación: cuanto mayor es el grupo, más importante son los medios de los que dispone.

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La sobre producción es también la base de una alianza entre medios de comunicación y edición que proporciona un continuo flujo de amnesia y distracción, necesarios para mantener a la sociedad en un estado de consumo máximo para vivir. En las librerías, como en todas partes, la sobreproducción perpetúa la ‘tiranía de la novedad’, favoreciendo libros de factura y venta rápidas que no solo quitan el sitio los unos a los otros, sino sobre todo a los libros más exigentes.

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Porque la edición de libros exigentes puede ser rentable a largo plazo. Si por ‘rentable’ se entiende la posibilidad de asegurar la subsistencia de los empleados, los costes de funcionamiento y el mantenimiento de las herramientas de producción. (pag. 135-136)

La traición de los editores

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La edición en manos de los grandes grupos industriales viene repitiendo la misma lógica que los medios de comunicación, a la hora de mantener un determinado orden social e ideológico. Lo que está en juego es la difusión y el contraste de ideas, y qué tipos de organización del trabajo y proyectos de convivencia social postulan.

Desde su faceta de editor, Thierry Discepolo, en LA TRAICIÓN DE LOS EDITORES, no solo describe la anti-leyenda de la edición francesa y cuestiona muchos de sus mitos, sino que propone a la vez las bases para una reflexión sobre las responsabilidades sociales y políticas del universo del libro: aquellas en las que se fundamenta la democratización del saber, la pluralidad de las opciones intelectuales y la profundización en la capacidad de los ciudadanos para construir su futuro.