El paso cadencioso del tiempo

Recibí en fechas recientes vía correo ordinario (cuál es hoy realmente el correo ordinario) con sobre y su dirección escrita a mano y sello una notificación, comunicación agradecimiento que me hizo ilusión al recibirla y me provocó una doble sorpresa.

La agradable sorpresa de lo inesperado ya que su recepción no entraba en mis planes, ni suponía que se pudiera dar el hecho y, también, la sorpresa, en su escritura y caligrafía manual, que me obligó a afinar de nuevo el ojo para leer más allá de la normalidad de tipos al que nuestro ojo se ha acostumbrado.

DSC_0028Añado a ello la sensación que la recepción produce también sobre el nivel de personalización y el tiempo dedicado para cada una de las personas a las que el mensaje ha ido dirigido.

La lentitud necesaria que la reflexión y el recuerdo exige.

Un ritmo y un impacto producido quizás bastante alejado de esa ‘sociedad impaciente‘ sobre la que hoy reflexiona Antonio Rodríguez de las Heras y quizás más cerca de lo que escribe Mery Cuesta:

Germina por entre los intersticios de la cultura digital un sentimiento de revalorización de todo aquello que conlleve un tiempo lento de desarrollo, así como todo aquello que se genera de manera exclusivamente manual y mecánica. Esta forma de vivenciar el tiempo a partir de la paciencia y de la escala que la manualidad permite se erige en sí misma en una nueva forma de romanticismo…Vivamos plenamente la vuelta a la satisfacción de dejar escapar el tiempo entre los dedos. (La Rue del Percebe de la cultura y la niebla digital; pag. 115)

Quizás sea esta la actitud que nos permita acercanos de la mejor manera posible a una vida que tiende a alargarse más y más y que en su alargamiento va pausando el ritmo frente al entorno que parece cambiar, aparentemente en sus mediaciones, a mayor velocidad pero con cierto desnorte vital por no saber disfrutar del tiempo que se escapa fuera de la productividad.

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El libro es uno de los contenidos menos consumido por los usuarios digitales

Titulaba hace poco Todoereaders:

Un 71% de los españoles leen ya libros en formato digital

Titular que, aparentemente, tiene un tono y una lectura positiva; pero ¿qué ocurre si contextualizamos un poco el mismo?

Lo primero que me llamó la atención tras leer la información es que no se enlazara a la fuente de la misma.

Así que cuando vamos al estudio nos encontramos:

Leer más “El libro es uno de los contenidos menos consumido por los usuarios digitales”

Tiempo

De nuevo con todo el tiempo en mis manos.

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No para mí, pero sí con una mayor libertad en el día a día para ir haciendo un uso cotidiano y sencillo al mismo con una idea entre ceja y ceja de ‘dedicarlo a lo pequeño’ a lo aparentemente insignificante, que parece no tener trascendencia en esta sociedad ‘suflé’.

Tiempo para:

Reflexionar. El tiempo te ayuda a reflexionar sobre las acciones del pasado. (Haruki Murakamai; Tokio blues; pag. 136)

Descubrir. Si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios. (Sergio Pitol en Marta Rivera de la Cruz; Tiempos de prodigios; Planeta; pag. 7)

Recuperar la visión. Tengo la sospecha de que hoy vivimos mucho más aturrulladamente que antes. Me refiero sobre todo a la falta de perspectiva sobre nuestra existencia. Me parece que galopamos por el mundo persiguiendo recompensas inmediatas: dinero, éxito, placer, y que, en mitad de tanta búsqueda agitada, no disponemos de una visión global de lo que somos. (Rosa Montero; Vidas enteras; artículo El País, Enero de 1998)

Escuchar. Ya desde su más tierna juventud, la oscura conciencia de su carácter tímido y su reservada soledad le habían enseñado a no contemplar las cosas como algo frío y sin vida, sino como amigas calladas que confiaban sus secretos y ternuras a quien las escuchaba. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 14)

La lentitud. Ser lento es una parte esencial del buen pensamiento. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 203)

La calidez

Para ti….

 

Equilibrio y algo más

paginaslibro

Terminé ayer de leer 1996/2004 Los pasos inciertos. Memorias de un poeta metido a editor de Kepa Murua.

He disfrutado y espero con ganas que lleguen los siguientes años.

Kepa dice que no quiere hablar en los mismos de su vida privada. Pero a veces esos límites entre lo público (poeta-editor), lo privado y lo íntimo no son tan nítidos y se escapano se muestran en forma de sentencias que van dejándose ver a lo largo del libro.

Coincide la lectura con dos días en los que una persona, buena amiga, sus pasos, está también rondando por mi cabeza.

Quizás por ello más allá de los dimes y diretes sectoriales y de la propia incertidumbre en la que se mueve el poeta-editor se me van filtrando algunas otras ferencias que van apareciendo en el libro.

Ahí van algunas de ellas.

– Manten el equilibrio entre lo que tienes, lo que eres y lo que puedes ser. No olvides cerrar los ojos de vez en cuando. Y sonreír por dentro y sonreír por fuera. (pag. 256)

– El frío no se siente si estás en buena compañía. (pag. 291)

– Cuando la vida muestra su extrañeza, el día se abre a lo inesperado con su luz y la claridad del cielo. Después de algunas decepciones surgen nuevas amistades y gente interesante que te enseña nuevas cosas y comparte contigo sus experiencias. (pag. 31)

– Han cambiado tantas cosas que, en el fondo, sigo siendo el mismo. (pag. 291)

– ¿Por qué será que en esta país todavía la gente tiene miedo al setir ideológico de sus semejantes? (pag. 37)

– Libre es aquel que tiene problemas y tiene medios y personalidad para solucionarlos. (pag. 43)

– Siendo sinceros, a mí no me molesta que sueñen conmigo, aunque, conociéndome como me conozco, yo no lo haía. (pag. 89)

– Así como me interesa la política, siento mi individualismo como un último rasgo de rebeldía. (pag. 102)

– La pregunta es la siguiente: ¿merece la pena enfrentarse a uno para que este a su vez se enfrente consigo mismo? Solo a los amigos que lo necesitan se les permite este juego, lo demás es costumbre y mera educación. (pag. 111)

– ¿Cuántos se tomarán un tiempo para sí mismos durante el día? ¿Cuántos son capaces de reflexionar sobre lo que les acontece, de gozar de la felicidad instantánea de un momento dulce en el dolor de sus vidas? (pag. 210)

…..

Desacelerando

El final de esta etapa se empieza a vislumbrar a la vuelta de la curva. Cambiará la ‘visión de la corrida‘.

Es posible, casi seguro, que el ‘sorpaso’ me toque en Barcelona, casi como una excusa para ir poniendo distancia.

Digo por ahí a quien me quiere escuchar que me voy a tomar después la vida con más calma y con más intensidad. No es una contradicción, sino la constatación de que hay hechos y experiencias que te atrapan intensamente y que al mismo tiempo solo puedes vivirlas con cierta lucidez si aplicas el criterio del sosiego. Y, en esas andamos.

A partir de ahí, empiezan a entrar en juego las apuestas sobre el tiempo que aguantaré en ‘estado sabático’. Eso, el mismo tiempo lo dirá.

Por ahora, mientras voy cerrando ciclo e intentando dejar todo ordenado, voy buscando de nuevo, entre los pocos momentos que tengo cierto tiempo para el contacto más sosegado y profundo, recuperando poco a poco ritmos conversacionales que en estos años han sido más difíciles de mantener aunque siempre he contado con la suerte de tener a mi alrededor personas que han estado ahí.

Algunas ya me acompañaban en mis ‘pasos inciertos’ que diría Kepa con su título, otras me las he ido encontrando o re-encontrando provocando con ello agradables sorpresas inesperadas, otras han entrado y salido o se mantienen a prudente distancia.

Todo, en el fondo, como la vida misma.

Me preguntaba J. ya hace un tiempo qué iba a hacer después. Y le contestaba que no sabía.

Quiero darme y dar tiempo y, probablemente, en ese juego de ‘Ds’ vaya surgiendo la respuesta.

Al igual que suele poner a veces en los transportes ‘Dejen salir antes de entrar’ yo me aplicaría el ‘Hay que cerrar antes de abrir’.

“1 de abril (1997) Eso es lo poco que yo sé: el viaje es como el mar que vuelve, una y otra vez, a la orilla” (Kepa Murua; 1996/2004 Los pasos inciertos; pag. 28)

Escribía no hace mucho a una persona:

Otros, quizás ya con la sensación de mucho andado, nos tomaremos un reposo a la vera del camino para ver lo recorrido, otear el incierto horizonte, y ofrecer compañía y tiempo a quienes quieren hacer una parada en el mismo, planear un nuevo viaje o preparar una zambullida para bucear.

En eso andaremos.

Un tiempo para cada cosa

Ayer despedimos al padre de B.

Me trae recuerdos de lo vivido hace unos meses.

Al inicio de la celebración B. nos contaba con cariño el perfil de su padre y lo que de él queda en sus hijos y en su ambiente cercano.

Se escogió como una de las lecturas un texto del Eclesiastés:

3:1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
3:2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
3:3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
3:4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
3:5 un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
3:6 un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
3:7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
3:8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.

Quizás cuando nos encontramos con el fin del tiempo de una persona vuelve a ser un buen momento para replantearnos nuestro propio tiempo y lo que en e´le vamos haciendo o dejando que pase.

¿Cambio de ritmo?

De mis recientes días, hasta ayer, pasados por Bélgica me quedo con esta imagen tomada en Gante como pequeña metáfora de los ritmos vitales vividos que quizás tengan poco que ver con los que ya se avecinan a partir de hoy mismo.

La bici, en este caso, me parece todo un símbolo de ritmo ante la vida. He visto su uso para el trabajo, la compra, el turismo, el paseo de cuadrilla, el desplazamiento familiar. Casi siempre con un cierto ritmo cadencioso, sin prisa aparente que se trasladaba también al propio desplazamiento a pie por las ciudades, conviviendo, al mismo tiempo, con el tranvía o el coche en zonas comunes y en medio de amplios espacios peatonales.

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