Estar a gusto

Fue el 14 de agosto pasado.

Como en los últimos años habíamos quedado para comer en El Casino de Lesaka.

Aproveché la cita para quedar antes en Hondarribia con una persona y travacionar un poco, pero sin pasarnos.

Quedamos en la cafetería del Hotel Río Bidasoa a donde me dirigió y acompañó una persona mayor que se desvió de su paseo para acercarme al mismo.

Ya en el hotel, y aunque la cafetería no estaba abierta, me ofrecieron la posibilidad de servirme café de la máquina, sin ningún coste, y poder disfrutar de la tranquilidad de la terraza. Todo con una enorme amabilidad que fue de agradecer y que unido a la disposición de la persona que me acompañó y a la charla travacional hizo que la mañana se convirtiera en un buen preámbulo de la comida.

Ya aterrizado en Lesaka, con la tortilla encargada, como siempre surgió la conversación distendida sobre lo divino, lo humano, lo político y lo social.

Los cuatro, como otras veces, compartiendo mesa distendida, disfrutando, como si fuera un guiño, de una ensalada con cuatro tipos de tomate, mezclados sin revolver, donde cada uno aportaba su punto diferente de gusto y textura.

Ya pasadas las 18:00, cuando nos levantábamos de la mesa y en la vuelta para Bilbao, después de haber hecho también acopio-regalo de verdura fresca, buen vino y aceite gracias a J.M., pensaba lo a gusto que había estado y me venían a la cabeza algunos otros encuentros de agosto con M. y A. o con L. donde la conversación y el estar a gusto ha sido la tónica de los mismos.

Pablo escribe sobre el valor emocional de las experiencias. Termina: Ahora que llegan días de vacaciones para muchos, no dejemos, pues, pasar la oportunidad de agregar valor emocional a nuestra vida con una elección más intencional de las experiencias que vivamos.

Intencionalidad, valor emocional, tiempo y personas quizás sean algunas de las claves que permiten ese ‘estar a gusto’.

Tiempo para…, tiempo de…

En medio de este tiempo vacacional me encuentro con una entrada de Imanol en uno de sus blogs donde dice:

“El tiempo es dinero, claro que sí; pero el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Desde una perspectiva social el reto al que nos enfrentamos no es el de encontrar maneras diferentes de microgestionar el tiempo de trabajo, sino de reorganizar el conjunto del ciclo vital. Eso significa tomarse muy en serio las desigualdades de tiempo, tanto las socioeconómicas como las que tienen que ver con el género, ese gran discriminador de todos los tiempos sociales (no sólo del tiempo productivo, también y muy especialmente del tiempo reproductivo). Eso significa asumir también que, puesto que ninguna organización del tiempo es natural, siempre habrá perdedores y ganadores en cualquier nueva temporalización de nuestras sociedades.
No nos llevemos a engaño: la guerrilla por la ocupación del tiempo continúa abierta. Nuestra obligación es afrontarla con las herramientas de la política democrática, que son el diálogo y la comprensión; y con el objetivo de convertir el tiempo social no en un factor más de discriminación –con ciudadanas y ciudadanos ricos en tiempo de calidad, con capacidad para comprar el tiempo de otras y de otros- sino en un factor de construcción de una sociedad no sólo más eficiente y productiva, sino mejor”.

Me olvido o dejo a un lado las dimensiones políticas sabiendo que siempre están presentes.

Como al mismo tiempo esta lectura se me cruza entre otras con la de Leonardo Boff, El cuidado necesario, y con una frase que casi como mantra repite una buena amigaSomos unos traperos del tiempo, me centro en la primera frase: el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Quizás las circunstancias vitales y del entorno me hagan dar bastantes vueltas sobre el Cuidado y el tiempo a él dedicado.

Vivimos-vivo con la sensación falsa a veces de que el tiempo es ilimitado, de que vamos a ‘tener tiempo para todo’, mezclando de mala manera nuestro tiempo productivo y experiencial-vivencial, engaññandonos en ocasiones con microfragmentos, con unidades micro de quita y pon que pensamos poder acoplar con facilidad a cualquier circunstancia hasta que nos vamos encontrando con realidades que ponen ante nosotros tiempos lentos, largos, silenciosos, amables, cariñosos, conversacionales, solidarios que no podemos medirlos o situarlos en la óptica del tiempo laboral que empieza y termina ya que su lógica no se mantiene en el hacer sino en el ser del otro y en el nuestro.

¿Puede el acompañamiento del dolor tener una hora de salida?

¿Merece la pena terminar una conversación como si tuviéramos que fichar y tarifar las horas habladas?

…..

El tiempo de los otros, el nuestro, el relacional es finito, como la vida. Vuelven por lo tanto a estar presente las prioridades.

Como observaba hace algún tiempo Teilhard de Chardin. “el progreso de una civilización se mide por el aumento de la sensibilidad hacia el otro”. Según este criterio, vivimos actualmente tiempos de barbarie. (El cuiddado necesario; pag. 51)

Quizás sea un buen momento para hacer un pequeño homenaje y recuerdo a las manos que nos acompañaron en nuestros primeros momentos y recordar que el afecto, la sensibilidad, la psionalidad y el sentimiento son las capas más profundas y determinantes de lo humano (pag. 50)

Tiempo sosegado a la vuelta de la esquina

Todavía faltan unos días, pero no está de más ir pensando en ellas. En las vacaciones. Un paréntesis para el sosiego, el descanso y la reflexión.

Los días vacacionales funcionan casi como un comdín en el ritmo del año.

Este ha sido duro y fuerte sobre todo en lo personal y tanbién, porqué no decirlo, en lo profesional.

Así que espero, por primera vez en muchos muchos años, disponer de un mes entero para el sosiego y para poder dedicarme tiempo para poder ordenar y asumir con calma y cierta distancia todo lo vivido.

Un tiempo para ‘saber que estoy aquí’

Para cada uno de nosotros, saber que estamos aquí fugazmente y que existe un límite no negociable de nuestro tiempo puede ser un conocimiento necesario como incentivo para contar nuestros días y hacer que cuenten. (Hans Jonas, citado por Zygmunt Bauman en En busca de la política; pag. 91)

El ‘tiempo no negociable’ y el tiempo que dejamos pasar o que nos arrastra sin tiempo para contarlo.

Y un poco más adelante escribe Bauman refiriéndose a la televisión, pero que leo en clave de los nuevos medios.

La TV está regida por el rating y la velocidad, pero el público masivo y la velocidad son enemigos del pensamiento. La ‘comunicación’ con el público masivo por TV es instantánea, pero, como manifiesta Bourdieu, ‘es instantánea porque no existe. No es más que una aparición. El intercambio de lugares comunes es un tipo de comunicación que no tiene más contenido que el propio acto de comunicarse’. Esta seudocomunicación produce ‘pensadores rápidos’, abastecedores de ‘cómida rápida’ intelectual… (pag. 114-115)

Tiempo lento por lo tanto es lo que busco. Para el contacto con otras personas que están a mi alrededor, para mí mismo.

Tiempo con pocas personas porque no hay tiemo para todas y cada vez siento más la necesidad de lo poco intenso que lo mucho diluido.

Tiempo para el cara a cara con las otras y conmigo.

Agosto siempre ha sido un mes propicio para generar ‘cambios de tercio’, pequeños giros, o grandes a veces, para resituar el barco vital intentándolo preparar para que no zozobre.

Tengo ya claro, y en ello estoy ya, que será más tiempo para menos personas. A todo no se llega.

Será tiempo más palpable y menos digital. Solo los ojos que hablan y acompañan la voz me merecen la pena.

Con una mayor relación entre los mundos físicos y virtuales. En este segundo muchas personas desaparecerán de mi vida porque en el fondo nunca han estado y porque prefiero no caer en la ‘extraterritorialidad.

El ciberespacio es, en muchos aspectos, el equivalente actual del latín medieval. Vuelve extraterritoriales a los miembros de las clases ilustradas y los pone fuera del alcance de la gente que está próxima en el espacio físico, lo que les permite dedicarse a colocar los cimientos tecnológicos de otro universo, virtual, que únicamente acercará entre sí a los miembros de la misma clase. (pag. 133)

Al fin y al cabo la vida vivida supone que lo vivido cuenta para uno mismo y para otros, pocos, que son los que están y con los que estás y vives más allá de las distancias.

Lo dicho: preparando la cabeza y el cuerpo para ese tiempo de sosiego reflexivo y compañía porque lo que queda por bregar se presenta como sugerente e interesante en medio de la incertidumbre y mejor seguir teniendo, si se puede, un espítu finito, pero joven.

Las casas de la vida

Así se titula el libro que me regaló la semana pasada una amiga con dedicatoria incluida.

Otra amiga me comentaba rcientemente su periplo hogareño, creo que más de siete, por el que había ido pasando desde que se independizó con la sensación a veces de no saber si iba hacia delante o hacia atrás o si mantenía en ese circuito el orden que parece normal a los ojos de los otros.

Yo he escrito para mí, para tomar consciencia de mi propio periplo, sobre los lugares en los que he vivido. Hacía referencia a ello de pasada hace ahora algo más de un año cuando empecé a navegar por aquí.

Así, en este ir y venir que es la vida, por lo menos la mía, los espacios y las personas con las que uno ha vivido han ido marcando mi existencia.

Al fin y al cabo no somos sin los otros y sin el contecto vital que nos acoge para comer, dormir y convivir con los cercanos.

Quizás este movimiento, este ir y venir me haya hecho situarme en una cierta postura nómada y de frontera, con pocos puntos fijos y viendo cómo en la vida, la mía, va entrando y saliendo gente.

Con algunas personas vas haciendo campamento. Son esas con las que a la noche, en cierto clima de intimidad la palabra se hace río que poco a poco va fluyendo o el silencio gustoso murmullo.

Otras van entrando y saliendo dejando recuerdos en el camino que van llenado también la mochila de experiencias vitales.

El regalo me ha provocado una segunda sensación relacionada con las palabras.

No recuerdo cuándo hablé con ella de mi ir y venir ‘hogareño’, pero algo quedó grabado en su cabecita y ahora ha vuelto en forma de libro.

Las palabras que lanzamos al aire y hacia el otro hay veces que se pierden. En ocasiones piensas que son claras, que la otra persona las escucha y al cabo de un tiempo te das cuenta que se perdieron y se fueron volando. Es lo mismo que sean dichas o escritas. Salen de tu boca y se pierden.

En otras ocasiones, quizás las has dicho o escrito sin darles mayor importancia y quedan fijadas en la otra persona tejiendo un hilo de comunicación que al cabo de un tiempo vuelve.

La amistad y su devenir también es inesperada. El tiempo, el momento, la actitud, el espacio, la casualidad tienen mucho que ver en ello.

Desde la frontera en ese ir y venir sigo atisbando y a la escucha porque nunca se sabe dónde acabaremos viviendo y dónde estará nuestro hogar, aunque siempre cerca de los que queremos.

Pasito a pasito, retirarse a tiempo o saber esperar

Me ha gustado la entrada de Ángel María Dando un paso atrás.

Puede ser que tenga relación con alguno de los temas que me rulan por la cabeza y con una conversación reciente mantenida en Madrid en una noche tranquila de buen tiempo, en una terraza.

Creo que es importante lo que nos-me señala:

– Saber retirarse a tiempo

– Saber reconocer para qué puede valer uno

– Saber reconocer con ello que hay personas mejores, más preparadas o más valiosas para determinadas tareas

Ante esas frases de ‘chico tú vales mucho’ el reconocer las limitaciones, que es también una forma de reconocer nuestros puntos fuertes, y el no empecinarnos con lo que nos traemos entre manos, creo que es una buena y pequeña lección.

Ello permite también el admirar las cualidades y valías de otros.

Hoy twitteaba a primera hora de la mañana:

¡Qué gusto recibir noticias ilusionantes de una amiga al iniciar el día!

Tenían relación con el trabajo, algo que parece escasear en estos tiempos.

Ella vale mucho, mucho para lo que le han ofrecido y quien le ha escogido ha tenido buen ojo.

Con ello además quizás ella haya aprendido que a veces los silencios solo son tiempos buenos para la reflexión y la espera.

A vees no es cuestión de moverse, sino se baber esperar. Otras, lo importante es dar ese paso atrás o, incluso, parar para resituarse.

No siempre es fácil acertar con los ritmos y lugares y en muchas ocasiones andamos, ando, con el paso cambiado.

STOP

Parar para volver a arrancar.

A veces, parar y quedarse ya quiero.

Hoy al levantarme mientras fumaba el cigarro en el balcon me encontraba con el STOP delante de mi cara.

Ha estado o está ahí desde hace muchos años. Ahora ya parado definitivamente.

Vidas que se paran y dehan de latir o vidas y momentos en los que pudiéramos pararnos, aunque sea un instante para poder volver a arrancar.

Hoy en cualquier caso la luminosidad llamaba a la esperanza aunque el rum-rum de la máquina seguía sonando al fondo.