Edad, tiempo y lectura

No parece que los americanos, los “norte”, sean excesivamente amantes de lo textual. Sólo la edad parece ayudarles a entrar en razón según estos datos que facilita Livres Hebdo

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La “tele” les encanta, eso parece. Así que no nos debe extrañar que nos parezcan a menudo meras imágenes y no realidades, aunque luego muchos se quieren parecer a ellos.

Eroski y el tiempo para la lectura

Suelo realizar, a veces, la compra de alimentación de productos no perecederos por internet. Supongo que ello ha motivado que Eroski me haga llegar un folteto promocional que viene encabezado por el sugerente título de Sobre el tiempo y su alcance y, en su primer párrafo, dice lo siguiente:

Qué hacer cuando la falta de tiempo te ahoga, te impide disfrutar más de los tuyos, te desconecta de las personas que te importan, te priva de dedicarte a lo que de verdad te gusta –la lectura, el deporte o, simplemente, al ’dolce fare niente-. Qué hacer cuando la compra se convierte en un acto pesado que espesa tu tiempo de ocio mientras las amistades te reclaman…...

Los que van al hiper, también de Eroski, ¿se supone que serán personas no lectoras, poco deportitas y que no sabrán disfrutar del ’no hacer nada’?.

Es más los clientes on-line son también atareados, deportitas, ’artistas’, caseros y viajeros. Los que van al hiper ¿serán vagos, poco activos, nada creativos, poco amantes de su hogar y sedentarios pasivos?.

Las trampas de los modelos pero, también el poder aprender de la segmentación según canal. Seguro que de esto se podría-debería aprender.

Tiene que ser complicado atender a públicos tan distintos

Tiempo, lentitud y lectura 1

Ya hace unos meses Alfons Cornella situaba, en un breve artículo al tiempo como elemento central al hablar de la soberanía del tiempo..

El planteamiento guarda una cierta relación con el libro que comentábamos ayer y con otro anteriormente comentado que lleva por título “Del buen uso de la lentitud”.

El propio Cornellá hace referencia a la conveniencia de tener tiempo y silencio para poder leer con tranquilidad. Aquí es donde hoy me quiero parar.

Ya escribíamos ayer que a la hora de comentar el libro Elogio de la lentitud íbamos a dejar para un tratamiento aparte el tema de la lectura.

De muchas de las lecturas que voy haciendo, casi de todas, voy tomando notas que después voy clasificando y que me permiten una cierta ’relectura’ de lo leído. Me ha resultado curioso ver reflejada esta práctica de lectura lenta o quizás de lectura reflexiva en el libro de Honoré cuando cuenta la siguiente experiencia:

Dale Burnett, profesor de educación en la universidad de Lethbridge, ha descubierto una versión de alta tecnología de la lectura lenta. Cada vez que lee un libro de cierta importancia (las novelas de aeropuerto no son aplicable) escribe un diario cuyo soporte es una página web de internet. Después de cada sesión de lectura introduce en la página citas memorables e impresiones, detalles básicos sobre el argumento y los personajes y cualesquiera reflexiones que le inspire el texto. Burnett sigue leyendo el mismo número de palabras por minuto, pero tarde de dos a cuatro veces más tiempo en terminar un libro…Observo que ahora tengo una apreciación mucho mejor de los libros que leo-dice-. La lectura lenta es en cierto modo un antídoto del estado continuo de aceleración en que nos encontramos en este momento. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 189)

Supone la constatación de la existencia de ’niveles’ de lectura y la necesidad de pasar de una lectura impulsiva a una lectura reflexiva que el ’tiempo de lectura mecánico’ no facilita. Implica la necesidad de buscar un ’segundo tiempo’. Conozco una persona que también realiza esta segunda lectura y que ya desde hace años va elaborando una ficha de cada una de sus lecturas. ¿Supone ello leer menos?. No. Supone leer más profundo e ir contra algunos ritmos que nos imponemos en nuestra propia vida como nos describe Pierre Péju:

Atravesé aquellos días y sus distintas velocidades, sin momentos de verdadera lectura… Nunca me tomé el tiempo para leer, como me gustaba y sabía hacerlo, durante aquella primavera. ¿Dónde y cuándo habría leído? Existía la urgencia de la aventura. Siempre algo que hacer, siempre algo nuevo. En aquel tiempo dilatado, sufríamos una especie de intoxicación por acción, una intoxicación por asamblea general, por organización y por colectivo, que nos obligaba a mantener a distancia la soledad y la singularidad (…) (Pierre Péju; El librero Vollard; Tropismos, pag. 68) ……