Francisco, Gonzalo y Alfonso, los Tipos Infames de Madrid. Nuestra apuesta es el funambulismo, como todos los libreros y en general el mundo de la cultura.

Nos llamamos Francisco Llorca, Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas y desde 2010 trabajamos en Tipos Infames.

Abrimos Tipos Infames en la creencia de que era necesario redefinir el concepto tradicional de librería para adaptarlo a los nuevos tiempos. Por ello además de estar especializados en narrativa literaria de carácter independiente hemos intentado diversificar la actividad articulando un espacio dinámico y abierto a la cultura. Para ello nuestro espacio cuenta con diferentes ámbitos en los que desarrollar sus actividades: librería, sala de exposiciones, cafetería, enoteca…

Nuestra apuesta es el funambulismo, como todos los libreros y en general el mundo de la cultura. Atravesamos constantemente la cuerda floja sin fin, felices por nuestro oficio pero con el riesgo y la fragilidad del entorno en el que estamos.

Nos gusta  porque es pasional y lo vivimos con intensidad. Tipos Infames nace de la pasión literaria y la amistad de Francisco, Gonzalo y Alfonso. Hacer lo que te gusta con la gente que quiere debería de ser obligatorio en la vida, así todo es más fácil.

Cuando teníamos doce cada uno quería ser una cosa. Creo que con esa edad deseas algo con éxito o reconocimiento social: futbolista, bombero…

Cuando nos toca explicarle a una persona que no conozco por qué nos gusta nuestro oficio le decimos que por los intangibles que nos aporta. Seguramente todos los trabajos se parecen, pero trabajar con algo que te apasiona va más allá. Poder seleccionar, recomendar, defender determinada literatura en la  que crees y  te entusiasma proporciona grandes satisfacciones. Además, aunque es un mundo en continua precarización, las relaciones personales que se establecen con los lectores son francamente bonitas, las recomendaciones bidireccionales, las conversaciones sobre libros…

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8 librerías más con el sello de calidad

Traficantes de Sueños, Rafael Alberti, Tipos infames y La Buena Vida (Madrid), Códex (Orihuela, Alicante), Popular (Albacete), Noviembre (Benicàssim, Castellón) y Patagonia (Valencia) son las nuevas librerías que cuentan ya con el sello de calidad y que hace que el número de las mismas supere ya las cincuenta.

Según va pasando el tiempo tengo la sensación de que quienes están moviendo pieza hasta la fecha son, por una parte las librerías que se someten a la evaluación y la administración que pone unos euros. Los editores, no siguiendo ni con mucho el modelo francés se mantienen en esa distancia controladora que poco aporta y mucho vigila.

Interesante ver a librerías especializadas por el tema, como por ejemplo Patagonia.

¡Felicidades a las nuevas librerías!

Todas ellas y las anteriores, como dicen los amigos de Tipos infames, podrán gritar con más fuerza que nunca que somos una librería de qualité, liberté, égalité et fraternité.

Parece, además, que el proyecto sigue adelante ya que se ha procedido a la firma del nuevo convenio de colaboración entre la Dirección General de Industrias Culturales y del Libro y la Asociación de las Cámaras del Libro de España, para el “mantenimiento y promoción” del Sello de Calidad de Librerías.

Ojalá se vaya afinando en el camino.

 

La lectura, como la barra del bar, nos hace más humanos. ¡Canela fina!

Tipos infames sirvió hace cinco años de ejemplo, reclamo y reflexión a The economist para hacer una llamada a los cambios estructurales que España necesitaba en lo económico.

tipos_infames_suerteEstos jóvenes, que lo siguen siendo de manera todavía insultante para los que nos acercamos a los sesenta, y donde compré no hace muchos días la espléndida novela Patria de Fernando Aramburu, han sido también la excusa que ha utilizado María Jesús Espinosa de los Monteros en El País para responder a través de ellos a la pregunta de ¿Por qué creer en los libros?

Quizás cada vez, como ya señalaba Zaid haya que creer más en aquellas propuestas que propician la conversación, el encuentro, la pausa de y para la vida. El espacio físico, las personas, la propuesta, el tino, el trato ayudan a todo ello.

No es de extrañar que al salir de allí, porque allí había quedado, la conversación fluyera sola acodados en esta ocasión en la barra de un bar en la calle del Pez entre cervezas, tapas, palabras y ojos y oídos atentos.

Quizás no fuera nada más que una estación para ir de nuevo a los libros en Cervantes y Cia.

 

 

 

Madrid: ¿librerías para ver y ser visto?

Plantear como posibilidad la propuesta de visitar librerías aunque no te guste leer puede parecer una contradicción. Quizás no lo sea tanto cuando la misma se contextualiza en un juego de mestizajes gastronómicos, culturales de otros sectores y soportes, vintages… que posibilitan que las librerías como espacio superen a los objetos que parece que les dieron sentido aunque olvidamos con rapidez que muchas de ellas estaban antes llenas de bolis, cuadernos, carpetas y demás…

Si hay mucha gente por ejemplo en Bilbao que viene a ver el Guggenheim aunque el arte que en él se exponga no le diga nada; si hay otras personas que van de catedral en catedral sin ninguna creencia, por qué no ir a librerías mestizas para disfrutar de los espacios y de otra oferta de las mismas que va más allá de los libros y donde podemos disfrutar y conversar, recordemos a Zaid, aunque los libros nos resulten totalmente prescindibles.

Nunca se sabe con certeza por dónde se va iniciar el camino hacia la lectura.

Así que no está quizás de más, sobre todo si vamos de aparentes presentar un ramillete de librerías en Madrid en este caso para ‘ver y ser vistos’ o para ver y probar otras cosas.

1. Swinton & Grant – Arte Urbano, libros y cafés

2. Tipos Infames – Lectura entre vinos

3. Italiana Madrid – Tradición italiana

4. Ocho y Medio – Séptimo Arte

5. La Fábrica – Un gigante cultural

6. La Libre – Libros, cafés y Blues

7. Sandwich Mixto – El revivir del fanzine

8. La Central de Callao – Grande y bonita a partes iguales

9. La Ciudad Invisible – Más cafetería que librería

10. La Fiambrera – Todo vale entre el Arte y la Literatura

11. Libros para un mundo mejor – Sigue a su bicicleta

12. La Fugitiva – Especialista en berenjenas

13. Molar – Libros y Discos

14. La Infinito – Brunch Musical

Añadiré al listado del enlace un más, «Desperate Literature», el valor de las pequeñas cosas. Allí donde Madrid deja de ser urbe para convertirse en ciudad.

Y, por supuesto, si además disfrutas con algunos libros y con su lectura mejor que mejor.

 

Las librerías son de los lectores

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Un gusto poder disfrutar ayer de la conversación a varias voces entre libreros en el Koldo Mitxelena.

NoLlegiu, Tipos infames, Ler Devagar, Altair y Garoa, sabia y astutamente moderados por Jordi Carrión, nos ofrecieron sabiduría y reflexión en ricas píldoras experienciales.

Unas pinceladas de las mismas que no está de más repetir.

La paternidad de las reflexiones no creo que importe en este caso.

  • Las librerías siempre han sido espacios de hibridación.
  • Las librerías siempre han sido espacios conversacionales y las conversaciones, a veces, acaban creando librerías.
  • Quien trabaja en una librería acaba desarrollando una doble mirada que ve a través de ojos no coincidentes: el ojo del lector y el ojo del librero.
  • El ejemplar de un libro es distinto en función de los contextos en que se encuentra.
  • Librerías con ‘parroquianos’.
  • Librero como hacedor de contactos.
  • Libreros que intentan hacer realidad sus imaginarios.
  • Si ‘pasan cosas’ la gente viene a la librería.
  • Librerías con probadores y con tiempo para comparar…
  • ¡Hay que combatir la tiranía del excel!
  • Conviene saber de dónde se viene para enfocar la mirada hacia el futuro.
  • Sin lectores no somos nada.
  • Quizás haya ya que hablar de Lectorerías.

Compromiso final

En cuanto pueda me escapo a ver y conocer todos los proyectos que giran en torno a Ler Devagar. Se admiten compañeros de viaje

Quien tenga gana y posibilidades de seguir reflexionando y conversando en torno a las librerías, el 12 de mayo se puede acercar por Madrid a la Jornada organizada por la Fundación Santillana, la Embajada de México y el Instituto de México en España.

 

Librerías 400 años después

La Fundación Santillana, la Embajada de México y el Instituto de México en España, nos han invitado a las siguientes personas

para que el 12 de mayo conversemos a lo largo de todo el día, partiendo de la siguiente reflexión e interrogantes:

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Llamémoslas Lectorerías. Librerías donde se puede hacer algo más que leer

Es curioso lo nerviosas que parecen ponerse algunas personas cuando lo que denominamos librerías ofrecen más servicios u otras posibilidades a los posibles lectores-compradores.

La adecuación a los nuevos modelos y tiempos poniendo el foco en el cliente-usuario-lector y no en el producto parece despistarlos.

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Son los que yo llamaría ‘modernos interesados de sus intereses’ que aceptan mal el sorpaso de los espacios que se reinventan hacia múltiples futuros y van respondiendo así a nuevos imaginarios.

Propongo, en cualquier caso, que esos nuevos espacios podrían llamarse Lectorerías.

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Librerías y bibliotecas seleccionan 366 libros capitales para Donostia 2016

Charlando con personas relacionadas con la actual capitalidad cultural de Donostia 2016 veían la dificultad que podía tener la visualización del libro y la lectura como mediación en entornos que tienden más a la llamada del espectáculo.

Banner_Olatutalka 1240 x 600Ante ese hecho la apuesta elegida, más tendente a la cotidianidad y a la presencia permanente me parece todo un acierto.

Lo mismo puedo decir, también, del hecho de haber tenido en cuenta a las librerías y su dimensión como creadores de ciudadanía.

La iniciativa 366 libros capitales ofrece una selección del mismo número de títulos que permiten pensar en ‘un libro para cada día del año’. La misma se encuentra expuesta en formato papel en un conjunto de bibliotecas y librerías de Donostia, algunas de Gipuzkoa y la Biblioteca de Durango.

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Madrid. 7 sugerencias libreras

Escribía Miquel Flamarich en el número 21 de la Revista Texturas:

Txt_21-700x700Las librerías deben reivindicarse como equipamientos culturales de proximidad con todas sus consecuencias, fortaleciendo las relaciones con centros de enseñanza y bibliotecas, y creando redes relacionales con aquellos centros e instituciones que realicen actividades culturales o relacionadas con el patrimonio material e inmaterial. Asimismo, deben explorarse relaciones más allá del ámbito cultural con sectores que pueden ofrecer transversalidad, como el turístico.

No es por lo tanto de extrañar y quizás sea un síntoma interesante la inclusión de algunas de ellas en las propuestas de las visitas a las ciudades.

La última que hemos encontrado recoge siete propuestas en Madrid: La Central de Callao, , Tipos infames, Antonio Machado, La Modesta, La Fugitiva y Estudio en Escarlata.

Hay muchas más, pero, cada quien pone el ojo en lo que considera una propuesta más sugerente.

En cualquier caso, aquí, como en otros factores de la vida, el orden de los factores sí altera el producto. Es decir: sin el valor de equipamiento cultural de proximidad (temática, geográfica o empática) no existe valor turístico real a no ser que nos guste sólo el elemento patrimonial vacío de contenido y de sentido.

Cita Flammarich

Los Reyes parece que quieren traer como regalo librerías que abren

esde este domingo pasado al día de reyes han aparecido tres artículos en los medios que parecen, al modo de El Roto, señalar, quizás, un cierto cambio no tanto de tendencia, sino de visión de la jugada.

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Cuando los medios, la mayoría, repitieron como papagayos el número de librerías cerradas en un año mostré mis dudas razonadas sobre las mismas.

No voy a decir que el tiempo me haya dado la razón porque también mantengo que comparados con otros países, Francia y Alemania, por poner un ejemplo donde nos suele gustar mirarnos, en España existen más puntos de venta y más penetración en el total de negocio de la librería que en Francia por ejemplo.

En cualquier caso creo que los Reyes o Reinas, sean magos o magas, monárquicos o republicanos parlamentarios o asamblearios, que qué más da, nos han traído el regalo del cambio de discurso en algunos medios. Entiendo que el mismo viene provocado bien por el cambio de realidad o porque han sido capaces de mirar la realidad desde otro punto de vista.

Jorge Carrión, al que algún día las librerías deberán hacerle un reconocimiento y/o agradecimiento explícito, abrió-siguió el domingo pasado en El País con su discurso de puesta en valor en el artículo En defensa de las librerías. Puso en valor en el mismo de manera sutil ese elemento patrimonial que solamente se puede descubrir yendo a la librería.

Pero los viejos libreros nunca mueren. Son incontables los que toman el relevo. Hay que reivindicar esa figura, que ha permanecido en la sombra, mientras que las del autor, el editor y el agente se volvían totalmente visibles, incluso estelares. En la memoria de los libreros se conserva un patrimonio que casi nunca se puede descubrir en las paredes de sus librerías o en sus páginas web.

El Periódico se sumó a la fiesta epifánica en su ‘contra’ con una espléndida entrevista a Salvi Rosich de Llibreria PLéyade. Para Salvi la librería supuso el renacimiento, el inicio de una nueva vida. Nos deja una afirmación clave:

En realidad, estoy aprendiendo a ser librero sobre todo porque soy lector.

Y, para completar, se han sumado a la fiesta El Español que nos dice, en un artículo de Joana Rei, que después de siete años crece el número de librerías. Desfilan por el mismo librerías de las que ya hemos hablado por aquí en fechas recientes como Contrabandos, Cal Llibreter, Re-Read, Los editores, Nakama, Deborah libros, Libu, La Temerària.

No entraré yo si son muchas o pocas las que abren. Me interesa más el ‘espíritu kamikaze’ que a veces genera victorias y la idea con la que se cierra el artículo.

Quieren que la gente de sus barrios sepa que allí existe una librería distinta, de esas de antes, donde el librero conoce a cada uno de sus clientes y sus gustos. Una donde pueden pasar el tiempo sin mirar el reloj, tomando un café y disfrutando de las páginas de un libro sin prisa.

Y ya, para redondear, Anna María Iglesias en Llanuras nos ha puesto hoy en el zapato sus ‘Librerías que abren‘. Además de las ya señaladas en el anterior artículo nos acerca a On the Road, a la ‘refundación’ de NoLlegiu y a algunas de las históricas como La CaldersDocumenta en Barcelona o Tipos Infames y la Librería Alberti en Madrid.

Dejaré sólo dos notas finales como lazo para este regalo de optimismo.

  1. No olvidemos los movimientos que se dan también en la periferia, un poco más alejados de los focos mediáticos. Me refiero, por ejemplo a Al-Ándalus en San Fernando Cádiz o La librería en Tomelloso.
  2. Creo que es un buen momento también para recordar y traer de nuevo a la palestra a lo que he dado por llamar librerías y libreros enredadoras donde pretendo recoger todas aquellas librerías y personas que trabajan en ellas que andan moviéndose por twitter tanto en España como en América Latina.

Termino con la cita con la que Anna Maria abre el artículo:

“Por supuesto que el libro tiene futuro, y claro que seguirá habiendo librerías”, escribe sin atisbo de dudaPetra Hartlieh al final de Mi maravillosa librería (Periférica): “No puedo responder más que esto, pues es como si le preguntases a un ganadero que tiene el establo lleno de vacas lecheras si cree que en el futuro se seguirá bebiendo leche. No tenemos más remedio, tanto el librero como el ganadero, que creer en nuestro trabajo”. Diez años después de abandonar su acomodada vida en Alemania y abrir una pequeña librería en la histórica ciudad de Viena, Hartlieh no tiene dudas acerca del futuro de los libros. Su confianza, sin embargo, no hace de su libro una dulcificada e idealizada narración en torno al sueño de abrir una librería; Harlieh huye de toda condescendencia al romanticismo que rodea el trabajo del librero, no elude el temor, las dudas y el sacrificio de los primeros años que envuelven e, incluso, ennegrecen el proyecto libresco. Diez años después, Petra Harlieh comprueba el éxito de aquel proyecto que algunos tildaron de aventura, incluso de estrambótica locura.

Sigamos pues con el #ApoyemosANuestrasLibrerías y no dejéis de leer las historias navideñas de Sergio Sancor sobre lo bonito que puede ser trabajar en una librería.

Más sobre las librerías-cafés y otras posibles especies libreras en Lavapiés

Cada vez se encuentran con más frecuencia en los medios las referencias a las librerías como espacios con ‘algo más que libros’. Parece en ocasiones como si anduviéramos en una especie de dialéctica pendular. Ante la digitalización desmaterializadora o uniformizadora de la experiencia lectora, la puesta en valor de los espacios donde se ofrece una experiencia palpable enriquecida que, además no pasa por la mediación digital, sino que busca más el placer de otros sentidos.

A ello se une la larga tradición de cercanía entre la librería y el café. En febrero, por ir a lo más reciente, ya nos hicimos eco de algunas propuestas. Ahora en ZoomNews nos llegan algunas repetidas y algunas nuevas.

En concreto, hay tres que yo no tenía controladas: El dinosaurio todavía estaba allí en Madrid, Toma 3 en Gijón y Chico Ostra en Valencia. Junto a ellas, algunas que ya han pasado por aquí: Tipos infames, Walden, La Biblioteca de Babel, La Fugitiva.

Y de los cafés y los vinos nos pasamos al callejeo librero. En esta ocasión por Lavapiés y también con nuevos descubrimientos para un servidor como Bajo el volcán, donde vivirán en la continua contradicción entre el 4 y el 21% de IVA. Junto a ella otras ya conocidas o, por lo menos, fichadas como Burma, Venir a cuento La Malatesta.

Librerías todas ellas que, como ya señaló hace años Alberto Manguel, se adaptan mejor a los verdaderos lectores.

Las librerías virtuales, como amazon. Com, proponen millones de libros en sus catálogos, como así también pantagruélicas listas de best-sellers en las que todo libro recibe su posición día a día y todo autor puede ufanarse de ser, por lo menos por veinticuatro horas, el best-seller número 1.925.324. Las librerías llamadas de “gran superficie”, esos supermercados del libro, proponen de manera un poco más modesta la misma colosal y aparente abundancia. Digo aparente, porque estos supermercados, si bien ponen al principio de sus carreras todo tipo de libro a la disposición de sus clientes, esperan hasta que las pequeñas librerías, cuyo lugar usurpan, mueran de inanición y luego eliminan calmamente de sus estantes los libros de ventas pobres, ofreciendo finalmente poco más que los consabidos bestsellers. Sin duda, estos monstruos son útiles para el lector que busca un título preciso y no quiere perderse en distracciones. Pero para el lector que confía en el azar y no sabe qué libro le ha sido destinado por los dioses, estos universos enciclopédicos resultan demasiado selectivos, autoritarios, previsibles. Un verdadero lector necesita poder recorrer universos menos desmesurados y más personales, territorios menos vastos en los cuales aprovisionarse de las palabras que le servirán a dar un nombre a su ambigua experiencia del mundo.

¿Aquellos locos libreros…?

Los amigos de Tipos infames y de Pequod ¿están locos?.

¡No! Han tenido por ahora la suerte de poder ser libreros y así poder huir de ‘los falsos albores’. Así nos lo cuentan en el Huffington Post gracias a Pilar Portero.

Cito a Bauman en El retorno del péndulo que nos sigue poniendo alerta ante los discursos vendepeines de ‘el futuro ya está aquí’.

La historia de la humanidad está salpicada de falsos albores y (en consecuencia) la historia del pensamiento rebosa de falsas esperanzas. Tal vez incurablemente, nos imbuye el deseo (explícito o reprimido, aunque irreprimible) de vislumbrar en cada nueva oportunidad el anuncio de que los problemas o malestares actuales quedarán atrás. Esta inclinación se ha instiucionalizado en la era moderna … mediante la idea del progreso, aparejada al culto de la ciencia y la tecnología. Todos o casi todos los avances tecnológicos son anunciados y públicamente aplaudidos como un remedio para el dilema que nos aqueja en el momento de su aparición. Sin embargo, aunque esa promesa no suele cumplirse, es preciso acelerar el ritmo de circulación, envejecimiento y reemplazo de las supuestas/putativas novedades para que se mantenga viva la fe en la resolución de problemas mediante el progreso impulsado por la tecnología, ese motor sine qua non de la sociedad de consumo. (71-72)

Así que ante esa creencia ciega de algunos en los falsos albores, qué es la locura sino, mejor mantener el princio de realidad de ser librero.

Así que, por un lado, en Tipos infames, aun reconociendo la cara B

han logrado que su librería sea un lugar libre de estrés, tan cómodo como el salón de tu casa y en el que enriquecerte intelectualmente mientras haces amigos

y en Pequod rompiendo la lógica de la inmediatez apuestan por el largo aliento que suele ser lo que lleva en ocasiones aparejada la felicidad…

“Veo abrir y cerrar librerías en seis meses. Esto es un proyecto de largo recorrido que me da para vivir feliz, básicamente, aunque yo creo que en breve voy a empezar a ganar un sueldo decente. Para que el negocio funcione hay que darse un plazo de cinco años”, explica convencido de que la apuesta vale la pena.

 

Leer artículo completo.

Librerías con ‘algo más’ o, a veces, algo más con ‘librería’.

Nos ha encantado el artículo Librerías con trastienda de Eva Armas en la Revista AD y los guiños que se hacen entre otras a

Tipos Infames

Chico Ostra

La Fábrica

Walden

+Bernat

Ubik Café

Monpassa

Ocho y Medio

A Punto

El artículo nos ha hecho recordar un texto de Jordi Llavina, Mi primera librería, publicado en La Vanguardia el 27 de abril de 2005. En el mismo decía:

La librería del señor Rosselló (el mote era cal Ceferino) disponía, pues, de su correspondiente trastienda por debajo del nivel de la calle y, en el solaz abstraído de tantos días de mi adolescencia, hasta diría que por debajo del nivel del mar (ahí empecé a familiarizarme con Julio Verne, por ejemplo). Uno bajaba ocho peldaños y se encontraba en un espacio de unos veinte metros cuadrados, abovedado como una bodega para caldos añejos pero con mucha más luz y sin humedad ninguna. La literatura acolchaba las paredes rugosas de estuco.Una gran tabla dispuesta sobre caballetes ocupaba la parte central, y ahí se acumulaban novedades editoriales. A finales de los setenta, lo de las novedades no era una locura como ahora. Eran los tiempos de Laia, Bruguera, amén de las ya clásicas Edicions 62, Proa o Lumen. Recuerdo que el día de San Silvestre de 1981 descubrí, en ese sótano de las delicias, a Joan Vinyoli. Antes había hecho lo propio con Salvat-Papasseit y Espriu, y al poco vendrían Cernuda, Eliot, Ferrater, Ginsberg. Como es lógico, he conocido librerías mucho mejor surtidas, modernas, globales, laberínticas, aquí y allá, así en París como en la tierra. Y, no obstante, ninguna como esa primera librería, con su mote que sabía a tenderete de golosinas, Cal Ceferino.

 

Quizás algunas de las librerías que aparecen en el artículo hayan sido para vosotros vuestras primeras librerías o formen parte de la trastienda vital personal. Cada una de ellas, como nosotros son librerías y espacios con presente y futuro, que sufrirán sus vaivenes como todas las pymes, pero que demuestran también que hay muchos caminos y formas de hacer y de ser.

El artículo empieza así:

Hace tiempo que las librerías son las grandes olvidadas de nuestras ciudades. Los avances tecnológicos y la escasez de tiempo con la que vamos hoy en día han logrado que estos comercios tan especiales que huelen a cultura se hayan quedado por el camino. Por eso, sus dueños han dado una genial vuelta de tuerca y han conseguido reinventarse en magníficos rincones en los que deleitarse con un café, un curso, un vino o un trozo de tarta.

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Restaurante El Bierzo. Madrid. Recuerdos e historias que vuelven

Fue el sábado pasado.

Inicié el día desayunándome en el Oita café. Después callejeé con calma por Chueca y Malasaña.

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Hice paradas en el Café Pepe Botella, en Tres rosas amarillas

tresrosasamarillasy Tipos infames

tiposinfamesUna ‘parada técnica’ en Santa Bárbara para acercarme a comer al Bierzo.

restauranteelbierzoHan pasado años, muchos años en los que no había vuelto a atravesar su puerta para descubrir con gozo que allí al frente sigue Miguel ofreciendo lo que lleva años ofreciendo. Buena cocina casera en una carta casi interminable de productos sencillos y de toda la vida a precios que siguen siendo más que razonables.

Mi acompañante, debido quizás a su tendencia de no sobrepasar Fernando VI, hacía también tiempo que no aterrizaba por allí.

Me vinieron de golpe recuerdos de libreros, libreras, comidas, cenas y mucha conversación.

He recuperado una foto en la que los dos estábamos más jóvenes. Fue hace años, en un verano y un encuentro casual por su tierra El Bierzo. Le prometí que buscaría una foto que guardaba de aquel encuentro y se la haría llegar.

Por ahora dejo aquí constancia borrosa de su existencia. Él estaba más joven y yo más gordo.

Foto0447La búsqueda ayer en la caja donde están todavía las fotos en papel me ha dejado envuelto en un cierto halo de nostalgia que no sé si casa muy bien con la primavera.

Quizás se me ha aflojado el ‘pestillo mental’ del que habla Ibon Idoiaga en su Estado de ánimo.

La nostalgia es un sufrimiento frágil y dulce, esencialmente distinto, más ínitmo, más humano que los demás sufrimientos que habíamos soportado hasta entonces: golpes, frío, hambre, terror, privaciones, enfermedades. Es un sufrimiento claro y limpio, pero urgente: penetra todos los minutos de la jornada, no permite otros pensamientos y empuja a la evasión. (Primo Levi; La tregua; pag. 161)

 

 

Libros, vino y mucho más

Ayer, cuando salía de una de mis librerías preferidas, me encontré con Eva Larrauri que entraba a la misma.

A uno le alegra un sábado ver que hay personas que se toman el oficio con ganas y supuse, ua que por allí andaba también merodeando el fotógrado de El País que algo iban a hacer hoy en la librería.

El resultado lo podemos leer hoy como propuesta de maridaje.

Curioso que justo saliera de la librería con, entre otros, el librito de El amante de las librerías de Claude Roy del que ya había hablado mi ‘librívoro’ de cabecera.

Más librerías han apostado por fórmulas de maridaje como, por ejemplo, Tipos infames de Madrid o Cálamo de Zaragoza.

Pero más allá del maridaje y de las nuevas ideas que parecen bullir en la cabeza de Javi, de casta le viene al galgo, me interesa centrarme en ese aspecto de valor que para mí siguen teniendo las librerías palpables que es el tratamiento y cuidado del espacio como ‘lugar conversacional palpable‘.

Cuando me acerco por allí, generalmente los sábados pasado el mediodía, siempre hay tiempo para la conversación con la gente de la librería y con los clientes que en determinados estados se convierten también en buenos recomendadores.

Allí he mantenido buenas conversaciones. Unas cuantas en los últimos tiempos que han girado en torno a fiscalidad, cultura y modelos de ayudas; pero también, como ayer, hay tiempo para hablar de salud y ‘marujear’ alrededor de quien viene a Bilbao y no avisa o de quien dice que casi mantiene a diario conmigo un intercambio de 6 correos electrónicos.

A la primera ya le he apuntado en la ‘lista negra’ de ‘malquedas’ 😉 y a la segunda habrá que darle unas clases de estadística.

Pero quiero volver al maridaje y la conversación y echar la mirada casi 25 años atrás y recordar al padre de Javi. A Santi.

Cuando empecé en este mundo de la librería él fue generoso como nadie lo ha sido a la hora de mostrarnos criterio, cíirica, sugerencias y ofrecernos su ‘agenda abierta’ de contactos, quizás lo más preciado que se podía tener en aquellos tiempos donde todavía la informatización sectorial estaba en pañales.

Me siento por ello en ‘deuda’, aunque nunca es posible ‘pagar’ la generosidad que otros nos han mostrado.

Me gusta que los libros compartan mi vida, me acompañen, callejeen, trabajen y durmen en mi compañía, se rocen con las venturas del día y los caprichos del tiempo, acepten citas conmigo a horas ‘imposibles’, ronroneen con la gata al pie de mi cama, o se arrastren con ella en la hierba, doblen un poco la punta de sus páginas en la hamaca de verano, se pierdan y sen encuentren de nuevo. Los libros son para mí más unos amigos que unos servidores o unos maestros. Por eso prefiero a las bibliotecas las tiendas de las que uno sale con su amigo bajo el brazo, las grandes o pequeñas librerías… (Claude Roy; El amante de las librerías; pag. 16-17)

Lógicamente, también me gusta compartir así la vida con personas amigas y también, en este caso, prefiero la posibilidad del tacto, del roce, de las citas a horas imposibles, la pérdida y el re-encuentro. Aunque esto, a veces, con las personas es más difícil.

En cualquier caso siempre un buen vino o un buen libro, o ambos a la vez, son una buena escusa para retomar conversaciones.

Notas de una escapada por Madrid

He disfrutado de lunes a miércoles de una escapada por Madrid.

Lo iba a haber titulado como ‘viaje nostálgico’, pero R., con buen criterio, cuando comíamos el martes me señalo que la nostalgia y la melancolía tenían una connotación de tristeza y como en esta ocasión tiene toda la razón, me parece mejor en dejarlo como unas notas de escapada que me han devuelto a Bilbao con un buen nivel de sosiego que durará lo que dure.

Estos tres días han sido de pasear, dormir, leer y disfrutar de una larga conversación y un estar hombro a hombro y del brazo con R. que siempre agradezco y me da fuerza y otras miradas para nuevos vuelos en solitario.

Algunos de los espacios y lecturas que me han acompañado estos días.

Los libros y vinos en Tipos infames. Un precioso espacio donde toda su oferta visual-lectora y degustativa alcohólica es sugerente y atractiva.

En el segundo caso me decanté por el albariño y en el primero por dos lecturas, una ya finiquitada que me regalo R., Recuerdos de un callejón sin salida de Banana Yoshimoto y Siete años de Peter Stamm que está ya en proceso.

Siguiendo sin orden ni concierto me salto a El cocinillas al ladito de Tipos infames y donde disfrutamos el martes mano a mano de unas verduritas de temporada. berenjenas a la parmigiana, croquetas de hongos, cuscus con suprema de mero, tarta tatín y arroz con leche.

Un salto atrás en el recuerdo al pasar por la calle Valverde y encontrarme así

la fachada de Martínez de Murguía quien fue en sus tiempos un importador-exportador de libro americano y en donde me perdía entre sus estanterías en mis escapadas a Madrid hace ya más de 20 años.

No quiero olvidarme de los cafés en Pepe Botella donde siempre he compartido, ahora y antes, momentos de buena conversación y de lectura, de la visita también a la Librería Méndez donde arrastrado por la lectura de los Diarios de Iñaki Uriarte y la recomendación de A. han caído en mis manos los Ensayos de Montaigne, el paseo por Ocho y medio y la charla con María, un café a media tarde en La Vinícola Mentridana, los detalles comprados en La integral

y en Panta Rhei, los amaneceres de Madrid y su cielo que me sigue enamorando……y también mucho tiempo de lectura y charla.

Mientras bebíamos té sentados junto a aquella ventana inundada de claridad, nos envolvió una cálida y placentera luz amarilla. Era precisamente lo que quería; una luz que hacía pensar a mi corazón marchito: “¡He aquí lo que me faltaba!”.

La palabra que más se aproxima a lo que sentía tal vez sea “bendición”.

Tenía la impresión de que, después de tanto rebuscar, por fin había encontrado lo que necesitaba.

Por aquel entonces, yo creía que lo que nos unía era el sexo, pero luego me di cuenta de que no, de que con el simple hecho de charlar con él sentía una energía indescriptible que surgía del fondo del estómago y recorría todo mi cuerpo. “Sí, eso es. Con eso basta.”

Ese sentimiento acabó trasformándose en convicción, y con tan sólo sonreírnos el uno al otro nos sentíamos satisfechos. Creíamos que aquel momento duraría toda la eternidad… (Banana Yoshimoto; Recuerdos de un callejón sin salida; pag. 54-55)