Pati Blau llibres abre el 15 de marzo en Cornellà

Este viernes que viene, 15 de marzo, abre una nueva librería en Cornellà.

Pati Blau llibres.

Brindarán en su puesta de largo por la cultura y por la lectura.

Me sigue admirando la vitalidad del ‘humus librero’ que se mantiene activo y parece en ocasiones regenerarse y nacer de nuevo con más fuerza cuanto más chillan los agoreros.

Es cierto que el modelo de muchas de las librerías que abren poco tiene que ver en ocasiones con lo anteriormente conocido.

Desde ahí también interpelan en ocasiones al clásico modelo de comercialización y a la falsa centralidad que puede suponer en muchas ocasiones el objeto libro cuando lo que se busca es satisfacer la más amplia demanda de los lectores.

Nace este proyecto con estructura cooperativa.

¡Larga vida Pati Blau nuevo miembro de la comunidad de los libros!

Las librerías siguen siendo uno de esos raros lugares de nuestras ciudades que han sobrevivido no solo a la reclusión de los consumidores en el espacio desproporcionado de los centros comerciales de las periferias, sino también a la desaparición de espacios de intercambio que ha provocado el comercio a distancia. A nuestros lectores les gusta la libertad, la libertad de vagabundear entre los libros, libros en papel que no dejan las huellas de su lectura, esas huellas que las grandes empresas que nos vigilan capturan mediante la lectura de ficheros digitales. Nuestros lectores, en su inmensa mayoría, aceptan las reglas de la comunidad de los libros cuya causa no dejan de defender y promocionar. (Christian Thorel; Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 82-83)

Ya forma parte del Mapa de librerías.

Librería Delirio de Móstoles. Cuando un libro y los vecinos mantienen su librería

A veces los medios de comunicación nos acercan historias reales y preciosas que suelen producirse en las pequeñas realidades cotidianas, pero que en gran medida reflejan algunos de nuestros anhelos, deseos y , también, apuestas vitales estemos donde estemos.

La Razón, que es donde he visto la noticia que lleva por título El cuento mostoleño que salvó a una librería, nos cuenta esta historia preciosa y real de la librería Delirio de Móstoles y de los vecinos que se han implicado:

«Una librería es un espacio donde se guardan ideas porque, un libro, es una idea». El autor de esta frase es Alejandro Bárzano, aunque en el barrio sus vecinos le conocen como «Suchi». Cada mañana desde hace siete años, Suchi levanta la reja metálica de la calle Sevilla 25 (Móstoles), un coqueto ángulo abarrotado de cuentos, novelas y tebeos. Se trata de la Librería Delirio, un negocio que se resite a desaparecer. «Corren tiempos difíciles para la lírica y los comercios locales madrileños –sobre todo las librerías tradicionales– atravesamos un momento complicado», expresa, con pesar. «El aumento de costes, nuestro ritmo de vida, cada vez más urbanita; el “dragón” de lo on-line… Poca gente baja a la calle a comprar un libro, ahora lo piden por Amazon», explica. Ir a una librería, ojear una contraportada o pedir consejo al librero para decidir qué titulo pasa a ocupar espacio en la bolsa de playa en peligro de extinción. Pero Suchi no es de los que se dan por vencidos. Ha creado un espacio «para todos los vecinos» con el que se confiesa está «muy comprometido». Seguir leyendo

Además de lo que supone de compromiso y reconocimiento esta librería, como señala Christian Thorel, se va a convertir en una cosa más o menos pública, en un «bien común». Las librerías son empresas comerciales pero también espacios de cultura. Al igual que los teatros y algunos cines, son habitadas de tal modo que su ‘propiedad’ acaba por convertirse en algo difuso. De alguna manera, el nosotros se hace extensivo al círculo de lectores y ciudadanos de Toulouse, a aquellos y aquellas que viven el mundo a través de los libros.viven el mundo a través de los libros. (Christian Thorel; Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; trama editorial, pag. 81)

Que las librerías son ‘algo más’`, lo podremos comprobar también en la exposición de José Ramón Madruga que se inaugura el 6 de noviembre en Alcorcón en la sala Altamira Alta

Nos cuenta el fotógrafo: “una librería con encanto, es ese lugar donde además de poder comprar nuestro libros, podemos reunirnos para tomar un café o una copa de vino, ver una exposición, charlar amigablemente, ver la presentación de un libro, una proyección o un espectáculo”. Y este concepto es el que quiere mostrar en esta exposición que pertenece a la serie Al otro lado de la lectura.

Las librerías como espacio de referencia ciudadano

La llibreria 22 anda celebrando sus cuarenta años de vida.

Por dicho motivo Josep Maria Fonalleras ha escrito un artículo en El Periódico en el que escribe entre otras cosas:

La 22, en cambio, en estos días de baches, de desapariciones y emergencias, sigue siendo un punto de encuentro. Digo esto porque, lejos de los ditirambos, los elogios a las librerías como templos, como refugios, como lugar de reflexión ensimismada para los eremitas, la característica más destacada de la 22 (y de unas cuantas más) es establecerse como un espacio de referencia ciudadano. 

Me interesa y me gusta ese acento de la librería como espacio de referencia ciudadano.

Es algo que en ocasiones pone nervioso y no gusta a quienes tienen puesta su vista miope en gran medida en el mero producto y sus evoluciones perdiendo de vista la importancia de los contextos que dan significado y en el que algunas librerías hacen y juegan un claro papel como es el caso de La 22.

En una línea parecida escribía también Christian Thorel:

La librería no ha abandonado su combate desde los años de la guerra del precio fijo. Es importante reafirmarnos en nuestra determinación por hacer de ella un actor cultural y político de la ciudad tanto como una empresa comercial. Estrechamos vínculos con teatros, cines, bibliotecas y editores de la ciudad. (Christian Thorel; Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 71-72)

Y se recogía una visión parecida hablando de Montse de +Bernat recientemente en La Vanguardia…

La librería de Montse se ha convertido en un centro cultural y vecinal, un punto de encuentro. Quedó demostrado hace unos años cuando cerró el sex shop de la puerta del al lado. Clientes y amigos de la librería arrimaron el hombro para hacerse con él, y, como dice Montse, “por primera vez, que yo sepa, un negocio cultural se impuso a un negocio de sexo”

Ni consumidores, ni sólo lectores, ciudadanos.

 

 

 

Obaga llibreria. Una nueva librería en Barcelona

Hoy, a las 7 de la tarde, con una fiesta por la salud de la literatura, inicia su andadura una nueva librería en Barcelona. Obaga, ubicada en la calle Girona 179

Foto Time Out. Interior librería Obaga
Foto Time Out. Interior librería Obaga

La librería quiere llegar a ser un espacio de diálogo de la literatura con otras disciplinas artísticas y para ello ofrecerá un espacio permanente de exposición para pintores, ilustradores, collagistas, grafiteros, fotógrafos y otros artistas visuales en el que podrás presentar sus obras al público. El comisario encargado de la gestión de este espacio será el collagista Ignasi Mateovol esdevenir també un espai de diàleg de la literatura amb altres disciplines artístiques, és per això que oferirà un espai permanent d’exposicions on pintors, il·lustradors, collagistes, grafiters, fotògrafs i d’altres artistes visuals, podran presentar al públic les seves obres. El comissari d’aquest espai serà el collagista Ignasi Mateo. 

Carol Porta y Dioni, impulsor de la revista literaria digital Rosita,  en segundo plano son los artífices y gestores de esta nueva librería de 80 metros cuadrados que espera ofrecer entre 6.000 y 8.000 títulos con secciones de ensayo, poesía, literatura infantil y juvenil y con microsecciones de feminismo o literatura de humor.

¡Larga vida!

Y una reflexión desde la práctica de Chistian Thorel responsable de la librería Ombres Blances de Toulouse, en Tocar, dudar, hojear, editado por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

La librería resiste a su manera la presión mediática, la reemplaza. El consejo del librero sigue teniendo valor prescriptor, pero ahora se ha convertido además en la marca de una confianza, de un compromiso amistoso, en el objetivo de una conversación. Todos ellos se esfuerzan por compartir y convencer. Con prudencia y modestia. El interior de la librería y su café son más que nunca lugares de encuentro en los que el equipo, todos y cada uno de sus miembros, disfruta estableciendo nuevos vínculos. A los encuentros y debates se suman ahora los clubs de lectura, y también los cafés literarios o filosóficos. La vida de los libros es también la vida de la urbe, y librerías y lectores velan por seguir siendo en ella actores de primer orden. (pag. 67)

Librero, librera… prescriptora, testigo, espectadora…

Me pidió Eva Orúe que contestase en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Encantado de verme acompañado entre otros en el artículo de Jorge Carrión, Silvia Broome y Antonio Marcos entre otros.

El domingo 8 con diversas aportaciones  salió el artículo publicado en InfolibrePrescriptor, testigo, espectador.

Os dejo a continuación el texto que envié:

Me pide Eva Orue que conteste en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Carlos Pascual, librero emérito ya de Marcial Pons, escribía en Memoria de la librería que toda librería es una idea en el tiempo.

Y, en el tiempo actual, y así lo señalan los datos, la librería es más de libreras que de libreros. Tiene, por lo tanto, rostro de mujer.

En la medida en que cada librera responde a una idea en el tiempo creo que ese buen hacer, ese oficio, con mucho de artesana, de psicóloga, de servir directamente a personas, de conocedora, de trabajar con producto especializado y ¿de calidad?, debe adaptarse en sus aptitudes y actitudes básicas a su concreta realidad.

Seré pues descriptivo y señalaré aquello que creo nunca debería faltarle a una persona que se pone al frente de una librería. En cada caso, eso sí, estos ingredientes convendrá mezclarlos en proporciones distintas en función de a quién queremos dirigirnos, qué queremos ofrecerle y qué servicios queremos prestarle.

Debe ser pues conocedora del sector en el que se mueve, tanto en lo temático como en lo profesional; disponer de unos rudimentos empresariales básicos; y estar al tanto y utilizar aquellas ‘muletas’ tecnológicas imprescindibles para poder gestionar con más soltura y eficiencia el qué, producto, y a quién, clientes.

Sobre esta base, imprescindible para la gestión, debe tener sus dosis de psicología y manejo adecuado en el trato a las personas; ser cuidadosa en  la presentación y decoración del espacio, que es donde seguimos acudiendo; activa y muñidora en su entorno cultural; vivencial, apasionada con la tarea que tiene entre manos y firme defensora de lo común, pequeño y cooperativo desde lo local como modelo político y de valor.

Sé que lo planteado es más descriptivo del deber ser que definitorio del ser, pero creo que también, al igual que el ‘rostro de mujer’, responde al momento actual.

 

Termino con una reflexión de un librero emblemático, Christian Thorel, de la Librería Ombres Blanches de Toulouse:

“Cada librero es un prescriptor, pero también un testigo, e incluso un espectador. Se alimenta, lee, escucha, observa, actúa con una sed inagotable. Son estas las cualidades y los valores que defendemos. De ellos nacen las vocaciones de las que depende nuestro futuro, un futuro al servicio de la belleza del mundo y de sus inquietudes. Los libros saldrán ganando al aproximarse a la verdad de las cosas. Como nuestras librerías y el oficio que en ellas se ejerce” (Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 83)