Un libro no se parece a ninguna otra propuesta cultural. Valeria Bergalli

Muy interesante la entrevista que Javier Blánquez le ha hecho a Valeria Bergalli, editora de Minúscula. Os recomiendo leerla entera.

Yo dejo, por aquí, mis subrayados particulares:

  • Familia y lectura… “De la parte materna me vino el gusto por la buena literatura, a leer por placer, y por la parte de mi padre, que era profesor universitario, todo lo relacionado con la reflexión, el conocimiento y el aprendizaje”.
  • Sobre el boom de las pequeñas editoriales….  En 1999…el futuro ya estaba dibujado, y había un espacio para este tipo de propuestas.
  • Sobre el espacio, los huecos que ocupan las editoriales independientes… Sí, yo nunca hablo de márgenes. Las editoriales independientes no somos marginales, sino que nos insertamos en los resquicios abiertos que dejan otras. La gran concentración editorial había creado una cierta uniformidad en las librerías, estaban compitiendo entre ellas por otra porción grande del mercado. Ahí es donde quedaban algunos espacios libres para libros que los lectores con inquietudes también demandaban, y había la opción de detectar propuestas que se escapaban a esa uniformidad y sensación de saturación. Ahí aparecimos nosotros. El librero Paco Puche hablaba ya en su momento de esos resquicios como huecos. Escribió en su Un librero en apuros (pag. 36)La idea de este teorema surge de un comentario de J.L. Sampedro, que venía a decir que cuanto más grandes sean las esferas, más huecos dejan entre ellas, y que pretendía dar esperanzas a los pequeños frente a las multinacionales.
  • La diferencia entre el ser (lector) y el tener (libros). La gente que lee es poca, o nos parece que es muy poca. Hay una gran diferencia entre leer los libros y tenerlos cerca.
  • La vida sigue igual… Yo diría que, a pesar de todos los cambios que ha habido, eso no ha cambiado: siempre ha habido mucha gente que no lee nunca, una pequeña cantidad de gente que lee mucho y compra mucho, y una zona gris muy amplia de gente que se apunta a leer cuando hay un libro de moda. Entre la gente que lee mucho y visita semanalmente las librerías, no detecto muchos cambios con respecto a cuando empecé. El núcleo duro exigente sigue ahí, ese que va a lo que le interesa y al que el márketing le importa un rábano.
  • Carrera de largo recorrido. Eso nos da seguridad y reafirma lo que dices, que es el fondo editorial lo que, a la larga, otorga esa confianza y esa personalidad. Son libros que la gente ha leído, que han generado un entusiasmo, y unos lectores se los recomiendan a otros lectores, y además te crea una identidad como editorialEs una suerte que un libro no desaparezca de circulación y los libreros lo sigan recomendando.
  • Librería de fondo. La librería es el hilo del que tú tiras y te salen cosas que no conocías, y para eso el fondo tiene que ser rico. Creo que ese es el mejor modelo de librería. Lo que no sé es si se puede hacer a escala más pequeña, y me da miedo que pueda desaparecer.
  • El papel clave de la traducción. Sin la traducción, no existiría la literatura universal, que es algo muy distinto a la literatura internacional. Tiene mucho que ver con la circulación del conocimiento, el verdadero intercambio cultural entre pueblos. Sin la traducción, todo esto no existiría, viviríamos encerrados en la isla de nuestra propia lengua.
  • La ciudad en la construcción europea.  Otra cosa que me interesa muchísimo es cómo piensan el espacio urbano. La idea de Europa que más me interesa es la que tiene que ver con las ciudades.
  • El fascismo del exceso y la velocidadEl exceso de libros nuevos perjudica al lector, porque el volumen de lanzamientos no está organizado acorde con lo que serían los tiempos de lectura real. Un libro no se parece a ninguna otra propuesta cultural, tiene un ritmo más lento, y lleva un tiempo hasta que un lector puede hacerlo suyo. La mejor manera para que un libro circule mucho y bien, más allá de que aparezca en los medios de comunicación o reciba buenas críticas, es que los lectores se lo recomienden entre sí.

Me interesa esta reflexión sobre el volumen de publicaciones y el ritmo de la lectura. Termino con una cita, no de Valeria en este caso, sino de Judy Wacjman en su libro Esclavos del tiempo y pienso en quiénes quieren vendernos nuevos ‘modelos de lectura’ adaptados, en teoría, a ese ajetreo, a ese status, a esa clase pudiente ‘ajetreada’, aparentemente ocupada…

Quizás los discursos culturales que dan valor a las vidas llenas de acción, junto con los elevados niveles de consumo, tengan la culpa del vertiginoso ascenso de la percepción de sentirse ajetreado. De hecho, ese ajetreo puede traducirse no sólo en estrés, sino, para algunos, en la sensación de una mayor felicidad o satisfacción vital derivada de la energía positiva ligada a los estados de excitación. Tal enfoque reformula la discusión en torno a la correlación socioeconómica de la falta de tiempo en un debate sobre las manifestaciones y consecuencias del ajetreo. «Mientras que el concpeto de falta de tiempo tiene connotaciones negativas, ajetreo es a lo sumo neutro, y de hecho puede comportar las connotaciones positivas propias de ajetreo como antónimo de ociosidad» (Oriel Sulliva en Time&Society, 17, nº 1, 2008, pag. 10). Entonces, ¿ha adquirido la noción de ajetreo un nuevo significado positivo en nuestra cultura? ¿Es el ajetreo un símbolo de estatus para quienes disponen de mayor capital social? En un fascinante argumento, Jonatahn Gershuny afirma que, mientras que hace un siglo quienes tenían un mayor nivel de ingresos se definían por su tiempo libre, hoy, en una inversión cde la clásica Teoría de la clase ociosa de Thorstein Veblen, se otorga mayor prestigio a quienes presentan largas jornadas y están más ajetreados en su trabajo… Parte de la resolución de la paradoja de la falta de tiempo consiste en el hecho de que actualmente es el ajetreo, y ya no el ocio, el que ocupa el «lugar de honor». (Judy Wajcman; Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital; Paidós, pag. 109-110)

Librerías y comunidades cómplices. Jordi Carrión

Ya escribió el sabio librero Paco Puche en el 2004

A las pequeñas librerías, sólo la presencia cooperativa con el medio social circundante nos proporcionará la imagen social y la clientela necesaria para subsistir económicamente, dando unos servicios culturales al barrio o pueblo en el que se está incardinado. (pag. 51; 2004)

Jorge Carrión vuelve a recoger esta idea en una reciente entrevista en La Jornada cuando dice:

Lo que va a ocurrir, intuyo, es que serán menos frecuentes las librerías muy grandes y mucho más frecuentes y normales las pequeñas, de cercanía, en la cual el librero es un prescriptor de una pequeña comunidad de cómplices.

Paco le dio unas cuantas vueltas más al asunto y se preguntaba, siguiendo lo que denominó la teoría de los huecos:

¿Por qué se mantienen estos espacios, cualquiera que sea el tamaño de las fusiones y concentraciones? La respuesta puede ser que hay tendencias inscritas en la condición humana, tal como hoy la conocemos, que se resisten a ser reducidas: es el amor a las cosas, el soñar, la necesaria sociabilidad, la dignidad, la búsqueda de la utopía y de la libertad. Siempre habrá algunos “salmones” que yendo contracorriente restauren las condiciones del vivir humano. 

Para nuestro sector en este orden de argumentos, apuntamos la siguientes características libreras, que generan huecos: 

– Librerías palpables: que dan calor, tres dimensiones y fomentan la agorafilia.

– Ventaja cultural competitiva: a través de la pasión por los libros.

– Librerías de la ciudad: por su incardinación en el medio social.

– Librerías de equipos humanos: por la importancia dada al factor humano.

– El librero como” envenenador”: porque mantiene la prescripción, el fomento del fondo y la pasión por el objeto papel.

Jorge señala con inteligencia que la evolución del tejido librero no va a ser la misma en todos los países porque, al fin y al cabo, las realidades de partida son también distintas, pero sí cree que lo señalado vale para América del Norte, Europa, Australia y Sudáfrica.

Y en esas andamos, buscando y creando huecos.

Qué es leer. Y tú me lo preguntas

Este fin de semana, sábado y domingo, El País y El Correo nos acercan a través de sus páginas algunas reflexiones más pausadas y contextualizadas al rededor y en torno a la lectura, sus hábitos y su evolución.

Junto a ello en el Babelia de ayer nos encontramos con un espléndido artículo (El libro ilimitado) de Muñoz Molina.

Disfrútentlo pero no pierdan de vista de qué tipo de lectura nos está hablando en el artículo, de a dónde se dirige el autor, de quiénes son los responsables más directos de esta situación.

Recojo sólo un par de frases:

Soy lo que he leído

¿Qué porvenir laboral tiene un hijo de trabajador o de inmigrante que a los quince años no es capaz de comprender un párrafo de tres líneas? ¿Qué podrá aprender sobre la complejidad del mundo y la de su propia alma quien no cuenta con la luz de las palabras escritas?

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El artículo de El País, que veo que ha llamado la atención de más gente, nos señala algunas claves de interés:

– La necesidad, señalada por José Antonio Millán, de distinguir entre alfabetización y competencia lectora. Engancha la competencia y no la alfabetización. sería lo mismo relacionándolo con la gestión del conocimiento entre ver unos datos y saber interpretarlos. Dicho de otro modo: Albaetización= datos=externo, Competencia=Conocimiento=interno.

– Debemos reconocer que se lee menos que hace unos años o, quizás, que la lectura, ya que los estudios de hábitos de la Federación de Editores, sólo hacen referencia al soporte libro-papel, se empieza a realizar en otro tipo de soportes que no quedan recogidos en las estadísticas. Olvidemos las “Políticas avestruceras de lectura”.

– Tomemos nota, a la hora de medir de la afirmación de Pedro Cerrillo y de dónde situamos el listón: “Considerar lector a alguien que lee cinco libros al año es usar un criterio paupérrimo”.

-“Las lecturas obligatorias a veces apartan a la gente de la lectura”. Tema de discusión. ¿Qué puede hacer entonces la escuela?

– La escuela no es el origen de todos los males, sino su caja de resonancia. Pero ¿dónde está entonces el origen?

– La tecnología no es neutral. Se convierte en un factor de desigualdad en relación al punto de partida del usuario: “las nuevas tecnologías son un aliado para el lector competente y un enemigo para el que no lo es”.

– Cualquier política debe ser de largo alcance: 10 años. Ello sólo es posible con un gran pacto político y social. No parece que los tiempos sean lo más adecuados para ello. Basta ver qué “lectura” tan distintas de la realidad y tan poco competente hacen los partidos políticos en general.

Del artículo de César Coca en El Correo, en el que también hay un interesante editorial, me quedo con las siguientes reflexiones.

– Nivel de lectura y compra de libros no parecen ser variables relacionadas. Se lee peor, no menos, y se vende más. La “calidad lectora” no tiene nada que ver con el volumen de ventas.

– El asunto y la situación de la lectura es compleja.

– Conviene plantear algunas dudas sobre el propio informe PISA.

– Los niños leen más tiempo y más libros que los adultos.

– Antonio Basanta: La contemplación pasiva de la televisión ha ido sustituyendo a la conversación activa del intercambio de ideas.

– Félix Etxeberría: “Los jóvenes de hoy no leen menos; leen distinto: en móviles, en ordenadores… Lo que está sufriendo un retroceso es la lectura tradicional”. Tómese nota a la hora de medición de hábitos.

Me quedo y aporto la siguiente conclusión interrogativa desde dos miradas distintas:

Sobre los hábitos de lectura en este país conocemos lo cuantitativo pero para nada sabemos de lo cualitativo -¿qué se lee?-; si supiésemos ese dato y lo añadiésemos a las cifras conocidas, podríamos explicarnos bien la crisis cultural que padecemos. (Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 53)

¿Cuándo vamos a proyectar a nuestra sociedad la imagen real, no almibarada ni ficticia, de los jóvenes, adultos y ancianos que en nuestro país leen? ¿Cuándo nos vamos a interesar no ya por cuánto leen, sino sobre todo por cómo, por qué y para qué lo hacen?…Siempre me ha sorprendido el valor que, cuando se habla de lectura, alcanza lo cuantitativo y no lo cualitativo. Es muy frecuente hallar información sobre el cuánto se lee, cuánto se edita o cuánto se vende. Hacerlo del cómo y de qué es menos habitual. Y casi insólito hablar de la calidad lectora…. “Lea usted mucho”, parece nuestro mensaje principal. “Lea usted bien” preferiría yo (Antonio Basanta; Congreso Libreros Orense 2002)

Cambio de “papeles” en el sector: adaptarse a las nuevas realidades

Varias noticias e informaciones recibidas y/o leídas esta semana vuelven a traer sobre la mesa la necesidad por parte de las empresas del sector del libro y sobre todo de las pequeñas de estar al tanto de los movimientos y cambios que se están produciendo.

Leí hace ya unos días la noticia del cierre de la librería Viladrich de Tortosa y que ellos mismos achacan a: Los cambios en la venta de los libros de texto, las cooperativas y las grandes superficies son algunas de las causas de la decadencia del negocio; a esto hay que añadir la falta de relevo generacional. “Sabe mal porque cuando cierra una librería se pierde un pedazo de la cultura de un pueblo”, dice López Viladrich.

Los modos de gestión y presencia de la información siguen también cambiando y evolucionando. Así el último premio de la Fundación DMR ha sido concedido al ensayo  ’El templo del saber: hacia la biblioteca digital universal’ de José Luis González y Karim Gherab donde parece afirmarse que: El ensayo El templo del saber analiza el nuevo paradigma digital en la organización y difusión del conocimiento. “La biblioteca universal que saldrá de esa revolución”, apunta González Quirós, “será una parte de la Red, que estará protegida por sus propias leyes, que tendrá una reglas y una organización”, pues será la propia comunidad científica la que, autónomamente, determine quiénes pasan y quiénes no, en función de la calidad de sus propuestas. “En ella convivirán miles de libreros expertos”.

Pero no cambia sólo la mediación ni los lugares dónde se editan algunos contenidos o estos tienen especial predominancia, ya era sabido hace tiempo el papel predominante de internet y de los formatos digitales para la propagación y construcción de los contenidos científicos, sino que, también, empieza a parecer una reflexión más en profundidad sobre la construcción del texto y el discurso que, aunque la he visto aplicada al medio periodístico, creo que tiene, también, su posible reflejo en el libro. De hecho y ya aceptada la sobreproducción de información que en el mundo de el libro se acepta ya incluso en el soporte papel, el peso se sitúa en la selección y así se afirma que: “Producir la información cuenta muy poco”, afirman Fogel y Patiño. “Está disponible por doquier. Sin embargo, dominar su búsqueda y su transferencia se vuelven actividades esenciales. Cualquier medio que se instale en línea se sujeta a esa jerarquía en un nuevo juego en el cual los hombres rivalizan con los sistemas” y en cómo el texto puede ir perdiendo su papel predominante en la construcción del discurso.

Estos fenómenos y muchos más nos van señalando un horizonte distinto y nos plantea, por ejemplo, la pregunta de cuál puede debe ser la presencia y actitud del librero en la era de internet.

Paco Puche se atrevió ya, hace tiempo, a adelantar una respuesta

 Se me ocurren unas cuantas funciones del librero del futuro que van a permitir hacer frente con dignidad y perdurabilidad a ese tercer azote (Internet):

La función informadora. Se trata de tener todas las bases de datos necesarias, o su acceso on-line

La función recomendadora. Se trata de trasmitir el saber conspicuo y creíble sobre los contenidos de los libros, que se aprende con el amor y la experiencia.

La función de encuentro. La librería palpable será siempre un lugar de reunión de gentes y de cruce esporádico de personas.

La función cultural. Se trata de tener una postura activa en la difusión de la cultura y el pensamiento

La función civilizatoria. En los tiempos que corren hay que fomentar los valores de no violencia, solidaridad, sabiduría y frugalidad

La función de resistencia. Los huecos están ahí, pero es necesario ocuparlos

La función endógena. La empresa cultural librera debe incardinarse en su medio social

La función de etnodiversidad. Hay que fomentar las lenguas y culturas locales y mantener libros de fondo

La función de servicio polivalente. La librería palpable tiene en su mano proporcionar todos los servicios, incluidos los virtuales.

La función corporal. Propiciamos el poder tocarnos, en estos tiempos de virtualidad y rechazo

La función laboral. Tenemos los medios para dignificar el trabajo

La función empresarial. Podemos representar polos de fomento en la escala humana

La función poética. Podemos seguir repartiendo sueños.

(Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 102-103)

¡Feliz vuelta al día a día después de Reyes!

Libro y lectura contra el estrés

La prisa, el estrés, es una de las enfermedades de las sociedades con alta renta –no necesariamente con alto índice de desarrollo humano-, pues bien, el libro tradicional nos invita a la serenidad y al sosiego. No en vano el acto de leer es un acto personal, solitario, tranquilo e interior, que de camino que enseña y recrea, modera nuestro ritmo y nos permite pararnos en el reencuentro del sentido vital. (Francisco Puche; Un librero en apuros . Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 155)

Abrirse camino

¿Cómo abrirnos camino ante este panorama de dificultades y paradojas? Se me ocurre que avanzando en tres direcciones simultáneas. Una, analizando los conocimientos y las tendencias del presente en el orden general del saber….Otra, aprovechando la virtualidad de lo que los psicólogos de la comunicación (Escuela de Palo Alto) llaman las “Profecías autocumplidoras”. Es decir, el efecto que sobre la realidad futura tienen los deseos individuales y colectivos que a fuerza de señalar las tendencias terminan impulsándolos y configurándolos. Y una tercera, ejerciendo la función profética, no sólo en su dimensión anticipadora, sino especialmente en su función denunciadora de los obstáculos que hoy impiden nuestros proyectos, nuestras utopías. (Francisco Puche; Un librero en apuros . Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 24-25)