Guggenheim Urdaibai, el consenso parece el único camino

Ya lo recogían quizás sutilmente tanto los Estatutos por lo que hoy señala El Correo, como el Acuerdo de servicios, desarrollo y programación, previo a los Estatutos, que ya en su tercer párrafo dice:

“En lo sucesivo el Gobierno Vasco y la DFB aparecerán nombrados conjuntamente como ‘la Administración Vasca’.

No es, por lo tanto una situación de Empate infinito, ni el entendimiento una condena para la acción, sino el principio de la misma.

Es decir, y volvemos a lo de ayer: si no hay entendimiento de principio no se está circulando por el buen camino.

En este caso parece que el único centro posible es el entendimiento.

Quizás además ahora la Administración Vasca (Gobierno y Diputación) puedan además aplicar principios y criterios de buena gobernanza e impliquen y consulten a la sociedad civil. Quizás antes de convocar el concurso de arquitectura deba ser la sociedad la convocada y escuchada.

Lógicamente puede entrar dentro de lo posible que la sociedad no quiera más Guggenheim…

Lazos….

Ayer llegó, como el año pasado.

Una relación laboral, que se torna y se complementa con la amistad, que se contextualiza en las tradiciones y costumbres familiares para recibir por segunda Navidad el paquete lleno de simbolismo y también de dulces típicos.

Una forma de hacer la ausencia presente y el recuerdo patente.

Quienes damos un valor a lo simbólico, a lo que se ‘esconde-muestra’ detrás de los signos, objetos, detalles… lo apreciamos. 

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¡Gracias!

Guggenheim Urdaibai. Más vale caminar bien….

Enrique Miret Magdalena fallecido el pasado 12 de octubre tenía por costumbre leer un texto a su familia con motivo de su cumpleaños. El País del 24 de diciembre recoge el penúltimo y en el mismo se puede leer: “Más vale caminar bien que llegar”.

La sensación que tengo hasta la fecha de todo este proceloso proceso en torno a la posible construcción de un nuevo Museo bajo la franquicia Guggenmheim en Urdaibai es que el camino y el caminar no está siendo, me atrevería a decir que en todos los casos, el más decuado.

Intentaremos ir recogiendo a partir de hoy, conste que no es una inocentada, reflexiones y preguntas que intenten leer un poquito más allá de lo que los medios nos están poniendo todos los días encima de la mesa.

Para que nadie se lleve a engaño y como pistas para el camino hago mías estas tres citas como ‘marca de situación’:

– Si otras épocas legaron palacios o catedrales, ésta brindará museos cuya cualidad mayor consiste en la referencia a lo inmaterial, en tiempos en lo que lo más cotizable es lo invisible. De hecho, no ha importado carecer de obra para dar contenido al contenedor: el museo ha funcionado con una sorprendente autonomía simbólica para el consumo. Como un aporte a la imagen de marca ciudadana. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Anagrama, pag. 131). Ver ya hace tres años una reflexión más contextualizada

– El museo ha elegido entre Disneylandia y la muerte y, decididamente, ha preferido seguir viviendo, aun en la ficción. Desde mediados de los noventa ha prendido un tipo de museo que excita la sensibilidad del visitante y funciona con pautas semejantes a las de los parques temáticos. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Anagrama, pag.135). Ver también aquí en un contexto  ya referido al Guggen hace año y medio.

– ¿Debemos echar las campanas al vuelo porque el Centro Georges Pompidou reciba al año ocho millones de visitantes? ¿Demuestra esta cifra que nuestros contemporáneos han escapado al bloqueo cultural y que se atreven por fin a exponerse a las formas más sublimes de nuestra civilización? El escaso número de los que visitan en el centro la colección permanente de arte moderno y contemporáneo nos convence de lo contrario. Los pasajeros (porque se trata de pasajeros) disfrutan más subiendo las escaleras mecánicas y gozando de una bonita vista de la capital. Es verdad que su marcha ininterrumpida tal vez cree una de las formas de arte moderno ( el land-art). A estos turistas, hay que sumar los estudiantes y los desgraciados que encuentran aquí un refugio. Sin duda alguna, el ser-conjunto constituye una forma cultural, pero no es así como lo entienden los organizadores de estos lugares.   El número de exposiciones (su éxito) no nos engañará. Algunas familias, algunas parejas, aceptan esperar durante horas para admirar unas cuantas obras de arte. ¿Qué mejor signo de adhesión a la cultura? Pero ¿qué verán en medio del barullo? (Pierre Sansot;  Del buen uso de la lentitud; Tusquets, pag. 142-143)

No me parece lo más acertado en esta importancia por el caminar, por el proceso, que se pretenda y defienda que como “Es un momento delicado porque los pasos previos han obligado a ser muy prudentes a quienes apuestan por este nuevo espacio artístico y eso, en cierta medida, supone detraer argumentos para que puedan ser debatidos públicamente”.

Menos que se juegue a las manos ocultas y que casi se sitúe como único responsable de la ceremonia de la confusión a una única persona.

Son opiniones del señor Xabier Lapitz que ayer leía tranquilamente mientras tomaba un ‘caldico’ en Juan Pito.

A mí, en cambio, me gustaría algo más de trasparencia. Por ejemplo: ¿sería posible saber, perdón si ya es público,

1. Quiénes han hecho los famoso informes.

2. Quién los ha encargado.

3. Quién los ha pagado.

4. Qué dicen los mismos.

Quizás no sea pedir mucho. Sólo poder empezar a situarnos de nuevo en el inicio del proceso…

Hostelería honesta y generacional

He disfrutado este fin de semana de un tiempo tan cambiante como lo es a veces el carácter. Sábado pasado por agua y domingo soleado. Bueno, al fin y al cabo, para contemplar espacios desde dos miradas distintas.

Dos recomendaciones honestas y con historia fruto de estos días:

1. El Hostal Lola en Isaba que ya va por la tercera generación. Tenía curiosidad por ver la sensación que me producía un reencuentro después de más de veinte años y con un cambio generacional en el establecimiento por medio. Es claro que se ha modernizado y que, por lo menos en comparación con el recuerdo, resulta más agradable y cálido. Servicio atento y ajustado de precio tanto en la oferta de hospedaje como en la de restauración. Recomendable.

2. El Hostal Restaurante Virgen de la Peña. No suele ser fácil en estas fechas encontrar en algunas zonas sitios para comer. En Burgui no había posibilidades, pero existe por lo menos la capacidad de informar de otras posibilidades en la zona. Así aterricé en este establecimiento ubicado en Salvatierra de Esca. Segunda generación regentando el establecimiento y me dio la sensación que la tercera ya pulula por la cocina. Buena menestra, buenas ‘Alubias a la Miguela’. Todo con cariño y atención y caserito caserito. Para repetir también.

Soledad……

A veces hacen falta muy pocas cosas.

Casi no hace falta nadie.

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Nadie en el camino….

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Nadie para dar calor…

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Nadie en la casa….

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Nadie para pasar el túnel que nos lleve al otro lado…

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Nadie que manche de color la belleza blanca……

Pero ¡no es verdad! tú estabas siempre ahí, conmigo mientras se aireaba mi cabecita….

Pequeños editores, grandes libros

Una gran idea en pequeño formato.

La posibilidad de recoger una pequeña muestra de 100 editoriales pequeñas para mostrar su ‘gran’ propuesta editorial es una estupenda forma de salir de lo trillado, de mostrar con cierta claridad el valor de la diversidad, las distintas propuestas estéticas y de contenidos que tienen un valor en su propia diferencia.

Podéis consultar el listado de las editoriales presentes que es, al mismo tiempo, una buena fórmula de ver qué conocemos y qué no.

Yo no había oído nunca hablar de Ensiola editorial ni de La uña rota.

Me encanta que entre las mismas esté Trama.

Quizás ésta también es una forma de de valorar más si cabe los libros verdaderos.

Por cierto, ¿para ti qué editoriales son también desconocidas de las presentes en la exposición?

La exposición “Pequeños editores, grandes libros” se puede visitar hasta el 22 de enero en la Sala de exposiciones del FAD.

De librero a librero….

Paco Puche publicó a mediados de este mes un texto que es un auténtico regalo para todos los que se mueven con cierto sentido entre libros.

Nos invita a leerlo con cierto aire de confidencia y una postura vital de intimidad.

Intimo_Charlyr - [cGaleano]

(Charlyr – [cGaleano] )

Qué es una librería: una librería, una invitación constante a la fantasía, y como dice Aristóteles que nadie piensa sin fantasmas, una invitación al pensamiento, y a la acción.

Recoge, además, un bello texto de Victoriano Colodrón, Un niño en la casa de las palabras, del que ya en su momento nos hicimos eco.

Un buen regalo para este 25 de diciembre.

¡Disfrutadlo!

 

Vicios solitarios…

Las personas que me conocen bien saben de mis hábitos a veces solitarios, de mi gusto, aunque no lo parezca en ocasiones, por la tranquilidad y lo introspectivo aunque sea en medio de la ciudad.

Hay espacios que me agradan para mirar, leer, escribir, pensar, ponerme nostálgico, recordar buenos y malos momentos….

Esta mesa en este sitio es una de mis preferidas.

Suele ser difícil que esté vacía y hoy, casualidad, en un día donde parece que hay más gente en la calle que en otras jornadas, donde suele ser habitual que a partir de una determinada hora estén los bares llenos, se encontraba vacía, esperándome para disfrutar de mis vicios solitarios…

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Ser moderadamente felices… que los empachos nunca son buenos…

Nos seguimos viendo y leyendo…

Lágrimas

¿Por qué lloramos? ¿Por qué han llorado a lo largo de la historia, en todas las culturas, todos los seres humanos? ¿Es llorar nuestro privilegio o nuestra debilidad? ¿Nuestra fortaleza o nuestro consuelo?

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(victor_nuno)

¿Por qué me hace llorar un prado que perdió las margaritas de un día para otro, como si con su desaparición hubiera perdido una especie de tesoro privado? Como si el hecho significara algo más que la simple respuesta de unos jardineros atropellando su belleza porque saben que si las dejan secarse será más arduo cortarlas. ¿Qué me puso a llorar frente a la sencilla desolación del prado vacío como no me dejé llorar mientras caminaba bajo las casas derrotadas por el temblor en mil novecientos ochenta y cinco?

¿Por qué lloro a mi amiga, una mañana entera, cuatro años después de su muerte? ¿Cómo pude ir a su entierro con el aire desesperado, pero sin una lágrima? ¿Por qué no lloré al responderle sí, cuando me preguntó si yo creía que iba a morirse? ¿Por qué el recuerdo de mi mano seca sobre su piel de aquella tarde me hace llorar ahora, tan tarde? ¿Por qué no me avergüenzan las lágrimas cuando escucho una conversación entre mis hijos y veo cómo crecen mientras hablan? ¿Por qué no lloro cuando lucho contra el sordo temor de que los hiera esta ciudad en que vivimos?

¿Por qué a veces es más inevitable la entereza frente a lo inevitable que las lágrimas al evocar lo sencillo? ¿A cuál mar van las lágrimas que lloramos hasta el cansancio, hasta que nos riden el sueño o la esperanza.

No lloro en momentos desdichados, ni cuando hay que tomar decisiones o dilucidar destinos, lloro cuando Fátima Fernández me escribe una nota para mi cumpleaños, sobre la página del 9 de octubre en su agenda. Trae una cita de Nietzsche: “Uno debe seguir teniendo caos dentro de sí, para dar nacimiento a una estrella danzante”.

Lloro como si llorar fuera un asalto y no una decisión. Lloro hacia dentro cuando en mí está que las cosas sigan adelante, y hacia fuera cuando no importa una llorona más. He llorado hasta el cansancio frente al abandono, con tal de no darme por vencida. Uno queda extenuado tras el largo llanto y sin embargo siente un descanso. El estremecimiento de las lágrimas cuando casi aparecen porque sí, como quien atestigua un milagro: ¿ése, quién lo explica? Sólo el arte. Como las noches con estrellas, como el enloquecido tránsito de la ciudad de México, como el hecho de que seamos capaces de vivir aquí, como el vértigo de cada enamoramiento, como la llegada de una garza gris al contaminado lago de arriba, como los chocolates belgas y las tortillas recién salidas del comal, como las cascadas y los atardeceres, como la intrépida memoria: las lágrimas no piden explicación, se explican solas. (Ángeles Mastretta; El cielo de los leones; pag. 87-89)