1r Congreso Intersectorial del Libro. Madrid, 29-30 de marzo

En los momentos de profunda transformación que vivimos parece más necesario que nunca reflexionar sobre nuevas y mejores formas de gestión y coordinación intergremial, sobre nuevas maneras de agregar valor de manera cooperativa al producto que creamos y comercializamos, de utilizar en nuestro mutuo provecho las herramientas digitales o, en fin, de reivindicar la presencia del libro en la agenda política y el espacio público con fórmulas imaginativas. Parece poco probable que nuestros oficios puedan perdurar en el tiempo si no sometemos muchas de nuestras certezas previas a un profundo análisis y reflexión y si no generamos sinergias que nos permitan sumar nuestras fortalezas.

Para fomentar activamente ese propósito queremos convocar, desde la, Asociación de Editores de Madrid, el Gremio de Libreros de Madrid y la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones, pertenecientes a la Cámara del Libro de Madrid, el I Congreso Intersectorial del Libro los días 29 y 30 de marzo en el Medialab-Prado Madrid.

Pretendemos que todos los profesionales de los distintos sectores cooperen para concebir, desarrollar e implantar nuevas ideas y soluciones, de manera eminentemente práctica. Las jornadas están concebidas para fomentar el trabajo real, colaborativo y factible en torno a alguno de los temas que nos parecen de especial interés para la supervivencia del ecosistema del libro.

La inconsistencia, por ahora, de los algoritmos como ‘entes propositivos’. Espejitos de colores

Quizás mi amigo Jorge tenga parte de razón cuando me dice que : Me da que tienes un problema con los algoritmos…

El hecho es que parte de las propuestas que me hacen tanto instagram como facebook me tienen desorientado y hacen aumentar mi excepticismo ante la posible capacidad propositiva de interés basada en el big data y en los algoritmos.

En el caso de instagram es bastante frecuente que me sugiera como posibles intereses de conexión personas que puede que estén dadas de alta pero que no han publicado nada.

En facebook ocurre algo parecido al ofrecerme también como posibles conexiones de interés personas que pueden llevar más de un año sin haber puesto nada en su perfil.

Así que fruto de la primera constatación escribía hoy en Facebook:

Es curioso, el algoritmo de Instagram me invita a seguir a gente que no pública. Es como invitarte a caminar hacia la nada digital.
¿Será una premonición de lo que nos espera con los algoritmos?

En el mientrastanto entre lo escrito en facebook y esta entrada he podido terminar el número 31 de Texturas y devorar el sugerente y provocativo artículo de Joaquín Rodríguez No data, Big Data, Small Data, Another dataescrito a raíz de la polémica suscitada en el IV Congreso del Libro electrónico de Barbastro.

Joaquín escribe:

Especialistas en inteligencia artificial y hechiceros de los datos nos dicen que mediante el análisis del comportamiento digital de los usuarios, del examen de la traza que sus prácticas digitales dejan tras de sí –ya sean sus hábitos de compra en la Red, sus preferencias temáticas de lectura, sus pautas de consulta y subrayado, su velocidad de lectura, su propensión a compartir unos contenidos u otros, que son las cosas que a día de hoy denotan nuestro rastro personal en la Red–, cabe pronosticar y predecir el comportamiento lector y las preferencias de compra de un individuo determinado. Es posible que el algoritmo que sintetice esas normas de comportamiento vaticine con acierto la eventual conducta de unos pocos, pero el problema es que descuida el de la inmensa mayoría…. Los evangelistas del Big data saben que dejamos indicios digitales tras cada visualización, compra o intercambio, que esas muestras son mensurables y pueden revelarnos, potencialmente, patrones de comportamiento. El problema se produce, claro, cuando el supuesto Bigdata no es más que un pequeño y triste Little data, suficiente quizás para calmar las ansias mercantiles de los editores y publicitarios, pero radicalmente insuficientes cuando pensamos en políticas públicas de fomento de la lectura,

espejitos-de-colores

Cuando uno ve el escaso valor que tienen las propuestas que por ahora nacen de la explotación de muchos datos y al mismo tiempo constata que otros venden como panacea de la tendencia futura lo que hacen florecer, como por arte de magia, de unos pocos datos, piensa que los ‘espejitos de colores’ siguen estando muy presentes como propuesta para la decisión empresarial.

Y como brillan, todavía parece que siguen atrayendo.

¿Por qué ese empeño de algunas personas de comparar las librerías con los bares?

Leo en un artículo de Raquel Jiménez Jiménez en Zenda:

En el año 2014 había censadas 3.650 librerías en España (información procedente del mapa del sector encargado por CEGAL, Confederación de Gremios y Asociaciones de Libreros). Por hacernos una idea de qué significa esa cifra, me gustaría recordar que en España hay 244.088 bares (sumando bares de día, nocturnos y bares de hoteles y restaurantes) a los que hay que añadir 7.416 locales tipo franquicia.

No sé y me cuesta entender cuál es el interés que mueve a comparar la cifra de librerías con la de bares en la que, además, se entra en especificaciones y se tiene el cuidado de explicarnos cuáles son los tipos que se han tenido en cuenta: de día, nocturnos, de hoteles restaurantes, tipo franquicia…

Es decir, la autora parece tener más cuidado e interés con los bares que con las librerías.

¿Considera ella que los bares en su cantidad, en su finalidad y en su modo de negocio, es el modelo al que deben tender las librerías y en el que deben mirarse?

¿Considera que es el mejor ejemplo comparativo para intentar sacar no se sabe qué conclusiones?

Por qué no lo ha comparado, por ejemplo, con las tiendas de discos, con los teatros, con las salas de conciertos, con los cines, con las galerías de arte, con los espacios colaborativos, con las fábricas de creación, con los talleres de artesanos, con el número de bibliotecas, con los centros cívicos.

¿Qué diríamos de una comparación de centros de salud con bares o , por ir más cerca, peluquería con bares o tienda de ultramarinos con bares? ¿Tienen algún sentido?

Comparar dos lógicas de negocio y de respuesta a demandas distintas es como se suele decir confundir el tocino con la velocidad, que es una forma de hacer palpable que quizás se tiene poca idea del tema que se tiene entre manos o que se tienen otro tipo de intereses.

Voy a ver si tomándome una copa y leyendo un poco lo veo más claro.

Cristina Sanmamed de La Puerta de Tannhäuser. Ser librero, engancha. También bailo, canto y escribo

Me llamo Cristina Sanmamed Prieto.

puerta-2-de-julioTrabajo en la librería La Puerta de Tannhäuser situada en Plasencia (Extremadura) que viene funcionando desde el año 2011.

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por el sueño de tener mi propio negocio y sacarlo adelante. Desde pequeña quise tener una librería.

Considero que mi apuesta profesional es maravillosa y arriesgada y se caracteriza fundamentalmente por la ilusión, la profesionalidad y la perseverancia.

Me gusta  porque trabajo rodeada de libros, conozco cada día a gente interesante de la que aprendo y comparto lecturas, experiencias y horas de conversación estupendas.

Cuando tenía doce años quería ser astronauta, reportera de guerra y librera.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que se venga conmigo unos días a la librería y disfrute como lo hago yo. ¡Ser librero, engancha!

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es así: elegir y seleccionar libros, leer, leer, leer, cuando llegan a La Puerta de Tannhäuser, colocarlos, cuidarlos.

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Dejemos respirar a los libros. Todos respiraremos mejor

Han vuelto a aparecer datos y noticias sobre el aumento de número de títulos en el sector del libro español.

Es curioso en general cómo aparecen. Dan siempre la sensación de irrelevantes. Como si el dato, la cantidad, o bien tuviera toda la información necesaria para hacer una interpretación o como si, por su irrelevancia, fuera lo mismo mil que cienmil.

Titulares que tienden a la ‘asepsia’ informativa:

La publicación de libros en España crece un 11%

Los libros didácticos o juveniles son los más editados en España

Da lo mismo que suba o que baje. La única palabra que parece variar en el titular es crecer o descender.

Menos información incluso que cuando toca la vendimia. Si hasta en la del txakolí se habla a veces de calidad , incluyendo con ello algún criterio cualitativo. No estaría mal que con el libro ocurriera algo parecido.

Si cruzamos número de títulos y producción de cada uno, empezamos a entrar en las miserias.

Hay quien dice: “Se edita lo que se necesita. Y es una de las riquezas del mercado”. Luego uno va a mirar bien los porcentajes de devolución o el número de compras de algunos digitales y no acaba de entender la afirmación anterior. A no ser que la riqueza del mercado sea medida por el aumento del peso de la logística inversa o por el número de títulos digitales en este caso que no superen la decena no de lectores, sino de compradores.

Hay también quien al contrario, y es donde quería llegar, pide que se ‘deje respirar a los libros’. Se lo escuché a un librero en fechas recientes con motivo de la presentación de un libro y me pareció una de las frases más acordes con una lectura de los nuevos tiempos y de las nuevas políticas que deberían haber empezado a tomar cuerpo: del mucho al poco y del todo vale a la puesta en valor de lo realmente relevante. Utilizando términos se Sherry Turkle: pasar de la maximización a la satisfización. (212-213)

Quizás también, si dejásemos respirar al libro, sus actores tendrían tiempo ellos para parar, respirar y reflexionar en la línea, por ejemplo, de lo que señala Miguel Aguilar:

El desafío del libro será no perder su papel protagónico en la conversación social, que la gente siga recibiendo ideas e historias, nutriendo su imaginación y conocimiento, a través de los libros, sean en el soporte que fueren, en un mundo en el que cada vez hay más pantallas y competidores audiovisuales. Ese es el desafío del libro y de la lectura y creo que es posible conseguirlo.

Quizás, también, si se produce tanto es porque no queremos dejar espacio para la conversación social ni para la propia conversación que el sector necesita.

Si quitamos la hojarasca, los bits sobrantes, los malos libros habrá quizás más espacio y más aire para lo que realmente merece la pena.

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Uniformidad urbana. Poco espacio para las preguntas y para las librerías

El reciente artículo de Elvira Lindo, Adiós Gran Vía, es una llamada más, ni la primera ni la última al proceso de uniformización que se va implantando en las ciudades palpables y, también, aunque no nos lo parezca a primera vista, en los entornos digitales.

Es, y Elvira lo señala con precisión, en lo pequeño e individual como contribuimos a que el futuro sea uno u otro.

Con nuestras costumbres diarias contribuimos al devenir de las ciudades.

Es un hecho, el devenir y el cambio urbano hacia un modelo muy concreto, que sigue fluyendo como si, aparentemente no fuera con nosotros. Marina Garcés plantea con cierta claridad el porqué de puede producir esta situación, esta evolución y muchas otras en una reciente entrevista en la que afirma:

las preguntas radicales surgen siempre en terrenos donde está ocurriendo algo que nos exige pensar porque algo nos duele, algo nos atrapa, algo nos captura, algo no nos deja vivir, colectivamente, políticamente, pero también individualmente.

Quizás no hayamos sentido que esa evolución hacia la uniformidad, hacia, también, ciudades escaparates, nos ‘produce dolor’ o puede ir cortando esperanzas y riquezas vitales.

Quizás debamos cambiar nuestra actitud y nuestra mirada y no aceptar lo dado como bueno, el “esto es lo que hay” y plantear nuevos modos de articular respuestas colectivas tanto de lucha y reivindicación como de creación de vidas vivibles a través de otras formas de consumo, de otros modos de organizar y relacionarse con la vivienda, con el territorio, con el alimento, con la crianza…

Vivir no es elegir, vivir es crear, es elaborar, es amasar, es cultivar, es generar…

Todo ello, el modelo de ciudad, nuestras decisiones de cada día, nuestra falta de preguntas sobre el hoy, perdidos por el que vendrá tiene también un claro impacto en las librerías.

Jorge Carrión señala que es conveniente analizar cada caso y cada ciudad en concreto pero también halla un factor que está afectando de un modo decisivo a las librerías de las ciudades españolas, que es el del encarecimiento de los alquileres en el centro y las zonas emblemáticas, donde el comercio queda en manos de las grandes franquicias. “Tal vez el ayuntamiento debería intervenir, si cree que en su modelo de ciudad es importante que haya librerías, centros culturales de primera magnitud, en el centro histórico. Pero no me parece mal que las librerías se trasladen a los barrios, porque son instituciones de frontera, de resistencia, de periferia”.

El sociólogo Imanol Zubero ya señaló también en el artículo El libro como relación y la librería como nodo en la ciudad posmoderna aparecido en Texturas 29 que:

… el hecho de que tanta gente viva sin libros se relaciona directamente con la posibilidad de que las librerías vayan desapareciendo progresiva mente de nuestras ciudades. Y viceversa: si, como nos recuerda últimamente Roberto Casati, «los niños y jóvenes que leen son sobre todo aquellos que han crecido en un entorno rico en libros, y en el cual los padres (especialmente la madre) leen», es fácil concluir que habitar en un entorno urbano pobre en libros juega en contra de la vocación lectora de la ciudadanía.

Ahí lo dejo por si alguien se anima a hacer y hacerse preguntas radicales…

Diré, sólo por enredar que una iniciativa como la que están iniciando Louise Michel Liburuak de Bilbao y La Vorágine de Santander, con apoyo público, de poner en valor el papel de las mujeres en la cultura crítica, sólo es posible que nazca desde determinados modelos y formas de hacer y desde unas concretas interdependencias.

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¿Quién traza las líneas de la independencia en el sector del libro? La red de relaciones

Leo con interés el artículo de eldiario.es La literatura ‘menos rentable’ logra las ventas más estables  En el mismo, con La Fuga como centro, se enumeran un conjunto de librerías definidas como independientes por el autor: Cambalache (Oviedo), Traficantes de sueños (Madrid), La Pantera Rossa (Zaragoza), Katakrak (Pamplona), Bakakai (Granada) o La Clandestina (Cádiz)- de las que se dice que “somos una red que ofrecemos más que la venta: prescripción librera, el servicio de proximidad del comercio tradicional y la creación de comunidad abriendo los espacios a actividades culturales”.

De algunas de ellas hemos hablado en más de una ocasión en este blog y nos han servido de acicate y modelo para plantear distintas reflexiones y propuestas. Traficantes, Katakrak, La Pantera Rossa, La Fuga han tenido, tienen y seguirán teniendo presencia por aquí y su praxis y modo de hacer me han sugerido más de una reflexión.

En este blog he hablado y utilizado con frecuencia el concepto de librería independiente. Basta con consultar todos los contenidos que incluyen precisamente esa etiqueta, librería independiente. Incluso, recientemente, he movido y animado a firmar la Carta de los libreros independientes.

Echando la vista atrás, me he reencontrado con un artículo que escribí en el primer número de Texturas que podéis adquirir si la curiosidad os puede por 4,99 euros en pdf. El artículo llevaba por título Edición, ¿independiente o interdependiente? y tenía como base una encuesta realizada entre agentes del sector del libro.

La reflexión o el planteamiento creo que es igualmente válido para las librerías.

Recupero del mismo los rasgos descriptivos que fueron recogidos de entre los propuestos por los encuestados:

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