¿Dónde se encuentra la esencia de la biblioteca? ¿Y, de la librería?

Tanto la lectura ayer del artículo de Daniel Goldin, Un paseo por el campo, en Texturas 31, como el que he leído hoy a la mañana de Fernando Juárez, Aprender a mirar, enseñar a mirar la biblioteca (II), me han sugerido algunas reflexiones que quiero compartir.

Del artículo de Goldin resalto esa mirada desde ‘la pobreza’ o, si se prefiere, desde la escasez de recursos y medios que, como se suele decir, agudiza el ingenio y a veces permite que en esa metafórica desnudez aparezca realmente lo importante.

Dice Goldin:

Pronto tuve la certeza de que esos recursos no llegarían. Y que si en verdad
quería hacer algo que tuviera sentido para la gente, debía indagar en las infinitas posibilidades de la pobreza. Para poder descubrirlas, había que despojarse y (re)comenzar por lo esencial: por la hospitalidad. Por convertir la biblioteca en un sitio hospitalario.

Por hacer que cada persona se sintiera bien recibida, y proponer a todos los que allí llegaban el compartir el pan y el espacio que teníamos bajo custodia. Por reconocer en el visitante alguien más que un usuario al que debíamos brindarle un servicio. Por reconocerle valor y hacerlo parte de los valores de la biblioteca…. Sin duda, brindar hospitalidad atraviesa por reconocer al otro. Pero reconocer al otro no es solo darle el reconocimiento por lo que es y ha conseguido. También es preservar y potenciar su posibilidad de ser otro, diferente de él.

Quizás esté dando respuesta con ello a algunos de los interrogantes que Fernando se plantea:

¿Dónde se encuentra la esencia de la biblioteca que queremos ofrecer?, ¿tenemos que rellenar con tecnología los huecos dejados por los libros que no vamos a comprar?, ¿seguirá siendo la lectura nuestro eje vertebrador?, ¿hacia dónde debemos dirigir la mirada ahora que el libro parece no tan importante?

Fernando también escribe más adelente: Empezamos a vislumbrar que tal vez exista una biblioteca sin papel pero no sin personas.

Sugerente, la reflexión de Daniel sobre cuándo empieza para el ciudadano su experiencia bibliotecaria, de ahí quizás, la importancia del espacio al que las personas se desplazan, porque en el proceso de acercarse se está ya dando la experiencia bibliotecaria:

No es un asunto menor el hecho mismo de que los usuarios deban desplazarse para llegar a estos espacios físicos. Cada paso que dan supone una activación de todo el cuerpo.Uno de nuestros usuarios nos relató en una entrevista como para él la experiencia bibliotecaria se inicia al recorrer caminando las calles que separan la biblioteca de su casa.

Personas, espacios, procesos… ¿para? Fernando dice:

Bajo su punto de vista (el de David Lankes) las colecciones (o la tecnología) no son la finalidad sino la herramienta para conseguir un propósito superior: mejorar la sociedad a través de la creación de conocimiento. Y apunta hacia dónde dirigir la mirada: “no estamos en el negocio de la información; estamos en el negocio del conocimiento lo cual nos sitúa en el negocio de la conversación”.

Daniel dice:

Para poder reflejar mejor lo que en ellas sucede, deberíamos plasmar en un plano las trayectorias de cada usuario, la forma en que se vincula lo que ponemos a disposición con lo que ofrecemos y con lo que ellos realizan autónomamente sin que nosotros lo hayamos previsto.
Habría que registrar el transcurso del tiempo y sus rupturas. Solo de esta manera quedaría plasmado el sentido vital que tienen los acontecimientos que suceden en la biblioteca. La compleja manera en que cada usuario se va transformando al asistir a la biblioteca. Ampliar el universo de lo real: no importa a qué acuda a la biblioteca una persona, lo importante es cómo sale de ella.
Estar en una biblioteca es provocar lo inesperado. Es una manera de entrar en un territorio donde se unen las posibilidades de ser uno mismo y de ser otro; de desconocerse y de reconocerse.

Y yo me pregunto también… ¿No pueden las librerías encontrar algunas pistas en estas reflexiones? De ahí mi atrevimiento de hablar de lectorerías, término que creo también aplicable a las bibliotecas, si el centro lo ponemos en las personas (usuarias o clientes), el espacio con su aporte de valor y la generación de experiencia de conocerse, desconocerse o reconocerse con y a través de otros lectores o de los distintos soportes de información…

Todo es cuestión, como dice Fernando: de abandonar nuestra zona de confort para superar dinámicas consideradas consustanciales, pero que han respondido y servido en tiempos y momentos concretos y que quizás ahora deban resituarse.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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