Manos y casa

Hay veces que las lecturas parecen venir a nuestro encuentro.

Quizás, según nuestros momentos vitales, leemos con ojos distintos. Las palabras, como decá Pessoa nos llevan a ‘soñar’ con otro o a situar nuestra realidad en otra perspectiva.

Dos breves citas que situaré luego al final me traen el recuerdo ahora de la despedida de la tarde.

Le dejo con un ‘hasta mañana’ incierto y en esa despedida, en su casa, en su sofá de toda la vida, él hombre de manos rudas, suaves ahora, busca el contacto. Siempre, con todos. Como si fuera el último roce, de unas manos que ahora se han vuelto suaves, con el que se quisiera quedar. Después, la mano se levanta y, como si de un niño pequeño se tratara, lanza el adios-hastaluego, esperando poder rozar de nuevo la caricia al día siguiente.

Dos manos grandes, fuertes, manos de hombre trabajador, manos que dan ganas de tocar, manos que dan ganas de que nos toquen… (Regina José Galindo en Varios, Trentacuentos; pag. 88)

-… Me obligan a estar todo el día en la cama… Todas las mañanas pasa un médico, me es cucha los pulmones con ese aparato que lleva colgado y se marcha diciendo: “Hummm, hummm”, que no sé lo que quiere decir, pero me da muy mala espina.

– Es que lo que usted necesita ahora es descansar mucho y bien abrigado no queda más remedio.

– Mira hijo, lo que yo creo es que me estoy muriendo y aquí lo único que hacen es tenerme hasta que deje la cama libre lo antes posible. Por favor, Nesandros, llévame a casa. Yo no quiero morirme en este sitio. .. Aquí no se me ha perdido nada… Nesandros entendía de sobra la angustia del viejo, y le prometió hacer cuanto pudiera para retornarlo a casa. (Guillermo Martín de Oliva en Varios, Trentacuentos; pag. 114)

Leer. Fernando Pessoa. La frase

Leer es soñar de la mano de otro (Libro del desasosiego; pag. 247)

Como esos sueños despierto que Ernst Bloch señala.

En cualquier caso siempre los sueños y las pesadillas, como la vida, mejor vivirlas de la mano de otros o con la mano de otros cerca para sentir la compañía y la caricia.

100 años

50+50=100

Ayer S. y su hermana gemela cumplían 50.

Querían celebrarlo con amigos.

Me invitaron a su fiesta.

Aunque estaba con un ojo allí y otro mirando hacia los 80 sobrepasados disfruté.

El encuentro y reencuentro con amigos y conocidos de toda la vida.

La sorpresa de ver a personas que has conocido en otros ámbitos también presentes allí.

La constatación de que Bilbao es un pañuelo y el clima de complicidad me permitió pasar y disfrutar de unas horas agradables.

Como S. decía el mejor regalo para ella es que estuviéramos allí.

A todos nos gusta la compañía, el sentir que tenemos a gente cerca en los buenos y malos momentos.

A todos nos gusta el poder celebrarlo o llorarlo, lo que toque en cada caso, con personas a las que queremos y que nos quieren.

En cualquier caso, algo deben de tener los 50, para que nos entren ganas de compartirlos con los que queremos.

Efímeros instantes

Efímero: Pasajero, de corta duración.

Instante: Porción brevísima de tiempo.

Me gusta ese título.

Más cuando uno vive rodeado ahora precisamente de eso: de instantes efímeros con personas concretas que quizás no se vuelva a repetir o a dar.

Manuel Gil ha trasladado a ‘lectura lineal textual’ las entradas de su anterior blog Paradigma Libro que escribió a cuatro manos junto a Francisco Javier Jiménez.

Al entrar a curiosear me encuentro con esto en la página 6:

La historia del blog Paradigma Libro es una historia lineal. Hay que remontarse a los cursos de Santander del 2006, allí nos encontramos Javier Jimenez y yo, a la postre autores del blog, con Txetxu Barandiarán, tipo inquieto y con olfato que ya veía el devenir que el sector comenzaba a tener.

En el curso de una distendida conversación en un café una soleada tarde santanderina, nos contó que iba a poner en marcha una revista de refl exión y análisis sobre el sector del libro, y nos invitaba a colaborar. La revista era Texturas, hoy convertida en la revista de referencia del sector y en icono de la refl exión sobre el libro, la editorial matriz Trama, y el responsable último Manuel Ortuño, un editor avezado en las lides de editar a contracorriente y sostener proyectos editoriales evidentemente personales y no siempre políticamente correctos. Un editor concepto.

No sé si habré perdido ya el olfato. Esto lo suelen ver mejor los otros que uno mismo. Lo que no he perdido, por suerte para mí, es la relación con los dos ‘Manolos’ y con Javier, aunque ahora nos veamos menos por Madrid.

Lo que sí me gusta es que cuando nos volvemos a ver no se da ni el efímero ni el instante, sino, más bien, el tiempo lento y sosegado de la conversación.

Quien quiera leerlo de un tirón lo puede descargar desde aquí. Es gartis, aunque eso no quiere decir que no haya costado nada.

Sábado a la mañana

Disfruto mucho a desde hace un tiempo de los sábados a la mañana cuando me enredo en una rutina casi fija de lectura de prensa y compras para abastecer la despensa semanal.

Todo ello sin prisa, rumiando al mismo tiempo cómo ha ido la semana y cómo se presenta la siguiente.

Aprovechando cualquier rincón en el ir y venir entre cafetería, súper, frutería, charcutería… como hoy ha sido el caso para parar de repente y simplemente estar y ver a la ciudad iniciar su movimiento más tranquilo que entre semana.

Tiempo también para pensar e intentar adivinar qué querrá comer el abuelo esta semana.

Acercarme después con las viandas, estar con él, tantear su humor y ver y disfrutar, si tiene ganas, de sus palabras con historia y nostalgia.

Sino, como en muchas ocasiones, es suficientente la compañía silenciosa.

 

Personas y proyectos

La relación entre ambas palabras, personas y proyectos, es algo que siempre anda en mi cabeza fluyendo, siempre ando dando vueltas sobre esa idea o esa realidad, como se prefiera.

Qué papel jugamos cada uno en un proyecto. Cómo funcionará el mismo con personas distintas. Qué cambia cuando lo dejamos. Preguntas, preguntas, preguntas.

Hoy ha sido una de esas tardes taurinas en que ha tocado cambiar de tercio, redefinir la cuadrilla y, creo, no tenía capacidad en ese momento de constatarlo, de provocar algún susto por el toro que queda.

No voy a entrar aquí en los detalles porque no creo que, en este caso, sea lo relevante.

Es para mí bonito y emocionante cambiar el punto de vista, aradecérselo, mal que bien pero es como uno sabe hacerlo, a las personas que te han acompañado codo a codo en todo el proceso y que en algunos casos asumen nuevas responsabilidades y, lógicamente, se resitúan ante la nueva situación.

Los proyectos compartidos siempre me provocan en la despedida o en el cambio de papel un sentimiento de sana nostalgia, de echar la vista atrás y de intentar visualizar lo recorrido y lo que nos hemos dejado en ellos y lo que ellos, las personas y el proyecto nos han aportado.

Disculpad este tono críptico de un cierto desahogo.

Ellos y ellas, si es que lo leen, saben a qué me refiero.

Me gusta que los proyectos me emocionen y conmuevan. Me gusta sentir que en los mismos hay algo más que racionalidad, que no han sido indiferentes para mi vida.

Puede que sólo quede todo en la satisfacción de un trabajo bien hecho o que por lo menos así se ha intentado por parte de todos.

El proyecto sigue ahora. Tiene su vida y la de las personas que lo acompañan. Habrá cosas que cambien, pero el buen sabor y la sana nostalgia no me la quita nadie.

Así que para los que seguís en él ¡Gracias por todo.!

Yo ya os he avisado que como usuario seguiré dando la murga, proponiendo, sugiriendo y enredando, pero… en gran medida desde el otro lado de la barrera.

Y mientras termino esto, aflora alguna lágrima de emoción contenida.

El tiempo no es infinito y en lo personal y en lo profesional siempre son buenos, estoy convencido, los aires nuevos.

Aire, agua…. tierra

Es curioso como se cruzan a veces las lecturas que uno tiene entre manos o, quizás mejor, cómo buscamos los cruces en función de la propia situación vital.

Una novela recientemente terminada parece encontrar su continuum en un ensayo que empiezo a ller a continuación de la misma.

El cruce de elementos naturales, la vida y la muerte y al propia identidad llaman mi atención.

El aire – oxígeno al que ya hice referencia cuando citaba: El ser humano para vivir, necesita un mínimo de aire respirable, cierta dosis de oxígeno e ilusión. (El vino de la soledad;pag. 213)

El agua que recoge Gabriel citando también a otros:

– El Mar, en movimiento

desde la eternidad,

repetición sin fin.

una ola callando,

otra manifestándose.

(Javad Nurbakhsh)

– Aquel que oye las cosas bien sabe que éstas le van a hablar o muy fuerte o con demasiada suavidad. Hay que apresurarse a escucharlas. La cascada es estrepitosa, el arroyo balbucea. (Gaston Bachelard)

Estar atentos a los ‘mínimos respirables’, a los balbuceos acusosos, a las olas que callan quizás resulte complicado en estos momentos donde todo parece importante, sobre todo lo que más ruido hace.

Entre medio, algunos nos quieren mandar a Laponia para ahorarse los murmullos que no escucharon y que parecen molestarles cuando se empiezan a convertir en gritos.

Nos hemos hecho sordos a los pequeños detalles. Hemos ido alejando de nuestras vidas las pequeñas tensiones, la cotidianeidad y sólo saltamos o nos hacen saltar hacia fuera las fuertes olas, los tsunamis personales y sociales.

La Madre Tierra de la que nos habla Boff, y tendríamos así el tercer elemento, nos sitúa más en las lógicas del cuidado y la compasión y lejos de los grandes ruidos.