Oxígeno

Voy de camino a Madrid a pasar unos días.

Ayer pasaba la mañana paseando con calma por Bilbao. Los pies seguían su ritmo regular y constante mientras la cabeza bullía y boorboteaban las ideas y sentimientos y yo iba dejando que el pil-pil siguiera.

En el fondo del hervir lento aparecía una especie de mantra recurrente: ‘Necesito oxígeno‘, reservas para el buceo de los meses que se avecinan.

Ello es uno de los motivos que me mueven a bajarme a Madrid.

A la tarde me encontraba con la píldora de Albert Figueras en la que escribe:

Dos cosas parecen claras. Por un lado, la necesidad de no olvidar la vida real (como antónimo de virtual) a pesar de que el mundo se nutra cada vez más de comunicación no presencial; quizás algún día deberemos prescribir quince minutos de con-tacto al día y quince minutos de atención selectiva a una sola tarea. Por otro lado, la importancia creciente de desarrollar un sentido crítico, de aprender a filtrar. Claro que, para eso, se requiere una buena formación que probablemente tendrá más de 140 caracteres (aunque para escribir 140 caracteres con sentido se pueda requerir más tiempo que para escribir un par de páginas atolondradas).

Bajo, entre otras cosas para buscar ese con-tacto presencial y no evanescente. Para buscar el boca a boca que trasmite oxígeno que da vida y cariño, el boca-oreja de los susurros y confidencias, el tiempo para bucear perdido en el mar de Madrid donde se pasa más inadvertido.

Nunca se sabe, cuando uno entra en el buceo si encontrará lo que busca. Si podrá respirar hondo o saldrá con necesidad de más aire que meter a los pulmones.

Tiene por lo tanto también algo de aventura.

Por si acaso me bajo con mi botica particular que acumulé el sábado a la mañana fruto de un trabajo compartido con buenos amigos.

pastillero

El caminante

poemascaminante

Sigue el caminante su rumbo
pues el viaje es lo importante.
Se adentra en su conciencia
como algo inevitable

Todas las cosas que vio
se reconocen en el instante.
Algunas que perdió
volverán a recordarse.

Pero nunca olvidará
la ciudad y la gente.
Nunca lo que aprendió
le servirá de tanto.

El mundo no es nada
si en el nombre de la ciudad
el ruido no reconoce
el silencio del paseante.

(Kepa MuruaAlfredo Fermín Cemillán, Poemas del caminante; pag. 30)

Relectura

Hoy casi nada se relee, y lo que es peor: casi nada lo merece. Ojalá que el gran público se la pasara releyendo a los clasicos, aunque sólo una minoría leyese a los contemporáneos. ¿Cuál es la ventaja de consumir novedades insignificantes, en vez de volver con otros ojos a lo mismo? Paradójicamente, lo limitado puede enriquecer más que lo ilimitado. Volver una y otra vez a lo mismo (que no es lo mismo) es una experiencia sorprendente, cuando se trata de obras que resisten la repetición, que tienen algo que decir la segunda vez y la centésima… La gran creatividad nace de la relectura crítica. De los clásicos surgen otros clásicos dignos de releerse, que suben de nivel la conciencia y los sueños. Lo que gusta y se fija en la memoria, aquello digno de volver a ser dicho, escuchado, leído, visto, refutado, fue estableciendo el canon tradicional, como algo vivo, compartido, continuable, creciente. Después aparecieron las autoridades, la ortodoxia, la política, para imponer un canon oficial. Y, finalmente, el mercado. (Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag. 91 y 92)

Títulos publicados y agentes editoriales. Dándole una vuelta

La ligereza de los datos que los editores han hecho públicos me ha dejado (pre-)ocupado.

Uno puede, ingenuamente, tender a pensar que ese gran volumen de títulos lleva aparejado un mayor número de agentes editoriales en juego.

Pero las estadísticas oficiales, no las particulares, aportan algún dato relevante. Por lo menosa mí me lo ha parecido.

Digo esto porque mientras por un lado se insiste a veces en las estadísticas sobre el número de agentes nuevos cada año parece que, al mismo tiempo, los agentes vivos anualmente varían poco. Es decir: nacen tantos como los que parecen morir, manteniendo inalterable el número de agentes activos.

Así cogiendo algunos datos que el INE facilita en el año 2000 hubo 3437 editores con actividad y en el año 2011 3474. Es decir: poca variación en 11 años del número de agentes activos. En ese período de tiempo 2000-2011 el año con más agentes activos fue el 2003 con 3582 agentes. Parece, por lo tanto, que más allá de los que entran y salen cada año, el número de agentes editoriales se ha mantenido constante en los últimos años.

Se podría incluso pensar que un sector editorial prudente y con cierta visión de futuro, viendo el no excesivo aumento (lo abordaré con más detalle en una próxima entrada) del consumo cultural mantuviera una actitud de producción prudente con la idea, quizás, de buscar más rentabilidad a lo producido.

Curiosamente, cuando vemos, la evolución de la producción editorial de un número de agentes que se mantiene relativamente homogéneo en el tiempo, ésta crece de manera exponencial. Así los 3437 agentes en el año 2000 produjeron 65807 títulos. Una media, ya sé que habrá desviaciones, de 19 títulos por agente. En el 2011, un número similar de agentes, 3474, produjeron 116851 títulos, un 75% más. Casi 34 títulos por agente. Lo cual nos lleva a pensar en algo que ya se sabe: menores tiradas, mayor dificultad de visibilidad y, casi con seguridad, menor rentabilidad por título publicado dirigido además a una población que ni ha duplicado su gasto en libros, ni ha duplicado su tiempo y capacidad de lectura.

Es muy interesante ver también que aunque el número de agentes se mantiene estable el mayor crecimiento de los mismos se ha dado en Andalucía que ha pasado de 324 en el 2000 a 461 en el 2011. Es decir, un aumento del 42%.

El aumento de producción, aunque esta se venda como aumento de la oferta potencial, lleva siempre al colapso de cualquier sector porque genera por un lado, la duda del propio comprador y el mayor costo de lo ofertado y no vendido.

InfoxicacionEste problema, generado por el propio sector, quizás sea anterior a todos los que se señalan hacia fuera y sobre éste, además, si el sector quiere puede incidir y buscar caminos de autorregulación.

Si no fuera así, y perdón por el atrevimiento, habría que poner también en duda la ley del libro y el precio fijo que en la actual situación supone un corsé difícilmente entendible en medio de un mercado puro y duro desbocado.

Tabla evolución agentes y títulos

Quiero naranjas… que no sean de la China

De esto que pruebas y te enganchas. Adelanto que no es publicidad pagada, sino una forma de reconocer a un buen servicio y un buen producto.

Vas oyendo un run-run de proveedores que sirven directamente. Trasteas un poco por internet y te lanzas a probar.

Así llegué a QUIERO NARANJAS y estoy encantado de los ya 100 Kg. de naranja de zumo que me han servido.

quieronaranjas

El ritmo no falla:

– Primer día pedido
– Segundo recogida
– El tercero a la mañana en tu casa, entregado además en nuestro caso por un transportista divertido que cuando llama por el automático se presenta como ‘El naranjito’.

Totalmente recomendable.

Así que desde aquí un saludo a Eduardo y Javier a quienes no conozco, pero que en la distancia se han convertido en unos proveedores de fiar para el zumo matinal.

Con el tiempo iremos probando más cosas.

Millón arriba, millón abajo ¡qué más da!

Ayer hacíamos alguna referencia a la precisión de los datos con los que el sector del libro tiene que manejarse.

Ahí va otra perla:

En España, la industria editorial mueve anualmente cerca de 4.000 millones de euros, un 0,7% del PIB y da empleo, directo e indirecto, a más de 30.000 personas. Las 889 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 95% del sector y a lo largo de 2009 editaron más de 330 millones de libros y 76.000 títulos, con una tirada media por título de 4.328 ejemplares.

En lo que ayer recogíamos con 3.000 millones era suficiente para ser el 0,7% del PIB, pero, en esta ocasión parace que para tener el mismo porcentaje son necesarios mil milloncejos más.

Total, mil millones arriba, mil millones abajo ¡qué más da!

Un buen reflejo de una gestión inadecuada de la información que vuelve a poner en solfa los datos con los que se trabaja para la toma de decisiones.

 

Títulos a tutiplén con el mismo sonsonete de siempre

¿88.349 títulos en 2012 son muchos o pocos?

A mí, de primeras me parecen una barbaridad, aunque a los editores por cómo titulan su nota de prensa (El sector editorial publicó más de…) les parece un logro. Los editores, al mismo tiempo, se permiten silenciar las publicaciones de los autores-editores como si esto no fuera con el mercado o con la edición de libros y hablan de que los datos son de la agencia del ISBN que ahora es ‘suya’ o ellos gestionan. Poca explicación tiene dar unos datos y callar otros. Ya lo dice Juristo: El informe del ISBN registra cifras, no interpretaciones, y son éstas las determinantes, cuando son certeras

La nota no deja de ser curiosa al no hacer, aparentemente ninguna valoración más allá de la ya señalada en el título.

Es curioso si empezamos a hacer algunos comparativos.

– Párrafo de la nota de prensa de 2011:

En España, la industria editorial mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, un 0,7% del PIB y da empleo, directo e indirecto, a más de 30.000 personas. Las 889 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 95% del sector y a lo largo de 2010 editaron más de 220 millones de libros y cerca de 80.000 títulos con una tirada media por título de 3.790 ejemplares.

– Párrafo de la nota de prensa de 2012:

En España, la industria editorial mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, un 0,7% del PIB, y da empleo directo e indirecto a más de 30.000 personas. Las 840 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 95% del sector y a lo largo de 2011 publicaron más de 284 millones de libros y editaron más de 88.000 títulos con una tirada media por título de 3.441 ejemplares. En el ámbito exterior, el sector del libro español exportó libros por un importe total de 482,44 millones de euros, lo que supuso un incremento del 5,38% con respecto a 2010.

Parece que 49 empresas menos no han tenido ni incidencia en el volumen de facturación, ni en el empleo generado ni en el número de millones de libros editados. Conclusión aparente: era un reajuste ncesario para la rentabilidad del sector.

No sólo eso, sino que quizás alguien debería también explicar con más trasparencia cuántos de los 88.300 títulos publicados corresponden a las editoriales asociadas que son las menos en medio del cada vez más frondoso bosque de los agentes editoriales. Sólo en los últimos cinco años se han creado 1.800 agentes nuevos que ya por sí mismos duplican el número de editoriales asociadas.

Me queda también la duda de cómo medirán en millones los ejemplares digitales. Y esto no es una tontería ya que luego, y de nuevo con ligereza como ya hace unos años, dicen que la piratería digital les ha ‘robado’ 350 millones de euros. Las cifras, visto su carácter meramente especulativo, vistas las de años anteriores y vistos los ‘corto y pega’ de las notas de prensa no me parecen alarmantes, sino no creíbles que es más preocupante. Ya veo que no soy el único excéptico que considera en parte esas afmiraciones como un falso mito.

Hay algunos datos que a los editores de catálogo les deberían, creo, preocupar más como es el descenso de las reediciones y las reimpresiones y no sólo eso sino el hecho de que la cifra de negocio sigue bajando mientras el catálogo vivo sigue subiendo.

Así en el año 2005 eran suficientes 325.000 títulos vivos para hacer una cifra de negocio de 2.933 millones de euros (misma cifra de negocio que el año 2005 y en el 2010, los editores no han actualizado más esta información en su página, eran necesarios 439.991 títulos vivos, un 33% más de títulos en circulación, para vender 2.890 millones de euros. Es decir: más títulos, menos dinero. Viendo que la tendencia de aumento de títulos en catálogo sigue en aumento lo lógico es pensar que el sector es cada vez menos rentable.

Dicho todo lo cual nos encontramos al final con unos datos que no dicen nada o dicen poco. Quedándonos sólo en el nivel de datos sería interesante poder saber:

1. Volumen de títulos clasificados por materias que pertenecen a las editoriales asociadas y en el caso del papel tirada media de las mismas.

2. Volumen de títulos que se presentan en distintos soportes y formatos. Es decir contenidos en multiformato. Pienso que el análisis de los mismos no debería ser igual al del contenido en un único formato.

3. Bajas producidas anualmente en el ISBN. Es decir: títulos que dejan de ser vivos.

4. Tiradas medias, en el caso del soporte papel, por materias.

5. …..

Podríamos seguir, pero el largo plazo no parece interesar al sector.

¿Qué ocurrirá este año? No lo sé. Presiento una baja importante. En cualquier caso a principios del 2014 casi seguro que volveremos a leer: En España, la industria editorial mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, un 0,7% del PIB, y da empleo directo e indirecto a más de 30.000 personas. Las 840 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 95% del sector.

Al fin y al cabo en el año 2005 ya se decía

En España, la industria editorial mueve anualmente cerca de 4.000 millones de euros, un 0,7% del PIB, y da empleo, directo e indirecto a más de 30.000 personas. Las 770 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 95% del sector..

Perder lo significativo en la masa de lo insignificante

La cantidad impresiona, y cualquiera la puede apreciar a simple vista. La calidad no es tan obvia, ni fácil de apreciar. Como si fuera poco, la cantidad es más fácil de producir, menos trabajosa, más barata, menos arriesgada que decir: Esto no.

…No existen máquinas capaces de apreciar, distinguir, destacar, lo significativo, como saben los reporteros que graban muchas horas de un entrevistado, y luego tienen que decicar otras tantas (y más) para escuchar todo de nuevo y escoger lo que vale la pena. En el Archivo de Babel, las obras valiosas estarían conservadas, pero tan perdidas como si no existieran. Haría falta una eternidad para ponerse a ver todo y descartar, una por una, las infinitas obras que merecen el eterno descanso de seguir perdidas.

Conservar todo es una incuria que causa un nuevo tipo de estrago: perder lo significativo en la masa de lo insignficante. Conservar todo es perder todo. (Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag. 81-82)

El exceso que era y sigue siendo

Otra de hace diez años que….

Obviamente, con la avalancha de novedades mensuales que ofrecen las editoriales para su comercialización, no hay espacio físico que pueda abarcarlas. Ni las más grandes megastores norteamericanas o europeas podrán, en algún momento, tener todos los libros que salen al mercado. deberán seleccionar o, peor aún, devolver a los almacenes del editor esas novedades cuando todavía no han cumplido unas pocas semanas en las mesas de exhibición. Siguiendo el razonamiento, en las librerías (grandes o pequeñas, profesionales o espacios de libros en centros comerciales o supermercados) sólo podrá haber un reducido número de libros ofertados, en tanto la enorme mayoría de los títulos publicados dormirán su sueño, rara vez interrumpido, en los almacenes de las editoriales o pasarán por las máquinas de reciclado de papel. Esto es una realidad hoy, y será una pesadilla para el mundo editorial en muy poco tiempo. Nudelman, Ricardo en Varios; El libro y las nuevas tecnologías; Solar editores; pag. 137)

Los peces no cierran los ojos

Imanol es un apasionado de Erri De Luca y dice por ahí que, sin quererlo y en parte debido a mi ‘ceguera’ la culpa la tengo yo cuando le pasé un libro del autor editado por Siruela.

El otro día, en una gozosa razia que pudimos hacer, él más que yo, me devolvió el favor al poner en mis manos Los peces no cierran los ojos.

los-peces-no-cierran-los-ojos_9788432214172

Al escribir ahora esto, este libro me lleva al recuerdo de otro libro que no tiene nada que ver más allá de la complicidad y la asociación que nuca sabe uno como ni por qué llega.

Lo leí, lo disfruté la misma tarde del viernes en el que realizamos nustra ‘salvaje’ incursión.

Aquí os dejo algunos retales, pero cada uno encontraréis los vuestros:

– Primero me había enjugado las manos en el mar, después cebé el anzuelo y lo lancé lejos, empujado por el plomo. Confié la pesca a la yema del dedo índice y me fui detrás de los pensamientos, que llegan desde lejos y se van al mundo de las olas con la barca. Pasan por debajo y hacen que se balancee. (pag. 84)

– – No nos arrastremos tras una promesa para traicionarla. Sabemos perfectamente que no volveremos a vernos. Y si ocurre, seremos diferentes y no nos reconoceremos. Cambiarás de forma y de voz, los ojos de pez no, quizá te reconozca por ellos. Ahora vámosnos a casa. Después pasaremos juntos la última noche.

    – ¿Te marchas mañana?

    – Sí.

   Hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas, nada de codo con codo ante un tercero que pregunta: “¿Quieres tú?” El amor sería una parada breve entre los aislamientos. (pag. 110)

– – Entonces, ¿te gusta el amor?

   – Es peligroso. Provoca heridas y después, a causa de la justicia, más heridas. No es una serenata en el balcón, se parece a una marejada de ábrego, revuelve el mar por encima y por debajo lo remueve. No sé si me gusta. (pag. 120)

– La riqueza engalana espacios que luego deja vacíos. (pag. 93)

Lentitud, profundidad y empatía

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

No sólo el pensamiento profundo requiere una mente tranquila, atenta. También la empatía y la compasión… las emociones superiores surgen de unos procesos que son ‘inherentemente lentos’… Se necesita tiempo… para que el cerebro ‘trascienda más allá de la participación inmediata del cuerpo’ y empiece a entender y sentir ‘las dimensiones psicológicas y morales de una situación’… Cuanto más distraídos nos volvemos menos capaces somos de experimentar las formas más sutiles y más claramente humanas de la empatía, la compasión y otras emociones… Si las cosas están sucediendo demasiado rápido, no siempre se pueden asimilar bien las emociones acerca de los estados psicológicos de otras personas… No sería aventurado sugerir que, a medida que la Red redibuja nuestro camino vital y disminuye nuestra capacidad para la contemplación, está alterando la profundidad de nuestras emociones y nuestros pensamientos…

Lo que importa al final no es el camino, sino el destino. En la década de 1950, Martin Heidegger señaló que la amenazante ‘marea de la revolución tecnológica’ podría ‘cautivar, hechizar, deslumbrar y seducir al hombre hasta tal punto que el pensamiento calculador algún día pudiera llegar a aceptarse y practicarse como la única manera de pensar’. Nuestra capacidad de embarcarnos en el ‘pensamiento meditativo’, que para Heidegger era la esencia misma de nuestra humanidad, podría convertirse en una víctima del progreso más atolondrado.

(Nicholas Carr; ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales; pag. 265-266 y 267)

Esa cosa que hay que le dicen

La frase me la proporcionó una estupenda amiga con soltura de verbo e ingenio a raudales para dejarte clavado en cualquier momento con una expresión inesperada y certera.

esacosaquehayqueledicen

De qué va ‘Esa cosa que hay que le dicen‘. Pues del libro, la lectura, lo que se mueve en torno a ella y con algunas pizcas de cultura y política.

Ahora que ando con tiempo, por ahora, había pensado que quizás para alguien fuera útil el ofrecer diariamente información que recojos sobre los temas señalados de distintos, blogs y páginas que sigo.

Quienes deseen suscribirse verán que diariamente se actualiza la información y quizás les pueda valer para tener un vistazo general de lo que para un humilde servidor es más significativo informacionalmente entre lo que se mueve por las redes.

Se admiten sugerencias de fuentes. Sólo pido que sean sindicables para poder seguirlas con facilidad.

Y el título.. Creo que casi sobran las explicaciones. Se dicen tantas cosas sobre el libro, el sector, la lectura. Tan distintas. Tan poco contrastadas en ocasiones que al final parece que hablamos de ‘eso’, de ‘Esa cosa que hay que le dicen’ que casi ya ni sabemos lo que es o que creemos que nos lo sabemos tan bien que estamos ciegos para otras miradas.

Lo dicho: cualquier sugerencia será bien recibida.

Espero que mi amiga y algún otro que se quedó con la copla de la ‘frasecilla’ no se enfaden por su uso.

http://paper.li/f-1357590569

¿Dónde está el problema?

Parece que uno de los problemas de los editores está en el mismo punto, y aumentado, que en el que estaba ya hace más de diez años.

“En el futuro, lo más importante será encontrar filtros que funcionen de intermediarios entre el editor y el lector, función de la que parece haber abdicado la industria por la necesidad de publicar; más que venderse, los libtos deben estar disponibles en todos los puntos, lo que conduce a que las editoriales cumplan cuotas de producción donde la calidad deja de ser el objetivo prioritario. Los editores… Pueden llegar a confesar, cuando cae la noche y se resisten a mentir(se), que de las ciento veinte novelas que publican al año sólo quince o veinte merecerían ser compradas, algo que nunca dirían tras su escritorio, a plena luz del día. Esta situación es resultado de las transformaciones que experimentó la industria editorial en el siglo XX, periodo en que la distribución acabó por imponerse sobre la producción, y el criterio comercial avasalló a la creación literaria. En este nuevo orden económico, el editor pierde importancia y el marketing se vuelve el factor principal, lo que ha provocado que durante las dos últimas décadas surja en la industria el fenómeno de la sobreactuación. Como si se tratara de una mala obra de teatro, los editores sobre actúan ante el lector; dicen sin rubor, para imponerse a la competencia, que sus libros son verdaderas maravillas, a sabiendas de que es mentira. El problema más grave que afecta actualmente a la industria editorial es su falta de autocrítica, su permanente autojustificación con el pretexto de que, si ignora las leyes del mercado, terminará por desaparecer. Hablar de la muerte del libro es un falso debate porque su existencia se ve más amenazada por la sobreproducción de títulos que por los adelantos tecnológicos. Y aquí, de nuevo, su destino podría estar unido al de Internet, ya que ambos afrontan el mismo peligro; producir, por producir, sin coherencia y sin sentido.”[1]


[1] Ollé-Laprume, Phillippe en Varios; El libro y las nuevas tecnologías; Solar editores; pag.46-47

¿Por qué no conspiramos por el libro y, mejor, por la lectura?

CONSPIRAR

1. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra su superior o soberano.

2. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra un particular para hacerle daño.

3. intr. Dicho de dos o más cosas: Concurrir a un mismo fin.

4. tr. ant. Convocar, llamar alguien en su favor.

Juan Cruz ha escrito recientemente sobre la conspiración contra el libro utilizando viejos y repetitivos argumentos que lo único que ponen de manifiesto es que de tan viejos que son no sean probablemente los motivos reales. Cada vez que veo que en el sector se apunta hacia fuera recuerdo siempre la diferencia entre adversarios y enemigos con la que a veces se juega en política. Los adversarios son los otros y los enemigos los tenemos dentro. Dentro del sector en este caso como, por ejemplo, en el propio grupo Prisa montando a partir de una propuesta editorial que ahora, ya hace tiempo, se pretende poner en otras manos para, conspirando, desde dentro, cargarse parte de esa estructura que se quiere defender, pero con el único fin de dar de comer a meros socios capitalistas, auténticos enemigos, quizás del libro, pero que como buen zorro se han colado en el gallinero.

Siguen sobrando los cantos de plañideras y más si vienen desde grupos mediáticos que han cambiado a los lectores por el capital.

Siguen sobrando los discursos que no se sabe bien qué pretenden y reivindican cuando mitifican al libro, la librería, el editor…. como si todos y cada uno fueran por abstracción ‘divinos’ y parte de una ‘santísima trinidad’ intocable y que quizás hasta la fecha no ha mirado con suficiente nitidez hacia los lectores y las bibliotecas, sino sólo hacia su modelo de negocio que poco tiene que ver con la lectura.

Con los enemigos en casa difícil será conspirar (convocar, llamar a alguien a su favor) a favor de la lectura. Quizás los únicos que puedan hacerlo son aquellas personas que no se mueven directamente por los intereses económicos y de negocio: los bibliotecarios y los lectores

Sin lectura, sin lectores, no habrá ni libros, ni editores, ni libreros.

La pregunta no es si el libro sobrevivirá o no…La cuestión es más bien si los actuales editores podrán sobrevivir al cambio.[1]

La concentración creciente de editoriales en un puñado de grupos lleva tarde o temprano a una manipulación de la memoria y de la conciencia histórica… En su reseña sobre ‘A la sombra de los libros’ Christopher Domínguez toca con su dedo crítico la llaga mexicana: “En México y en el resto del mundo, el principal problema está en la concentración oligopólica de la industria editorial  en un puñado de empresas que, en pocas décadas, ha arrojado del mercado a cientos de editores independientes cuya sobrevivencia incumbe tanto a la vieja libertad de comercio como a la diversidad cultural que exigen las formas avanzadas de democracia. Los remedios (o los correctivos o los paliativos) están a la vista y en manos de los políticos. Esta paradoja sólo puede alimentar como un caldo de cultivo el crecimiento del autoritarismo en el seno de una sociedad conformista –y perdónese la redundancia- que está muy conforme con serlo. La lección de este ensayo provocador que recuerda ciertos textos críticos de la Escuela de Frankfurt, estriba en la dialéctica de la Ilustración que se viene debilitando alarmantemente desde hace unos cuantos años a medida que decaen las luces y se desarrolla la industria pesada de la llamada ‘cultura de masas’.[2]

Sólo una nota final. Es difícil que las conspiraciones se hagan desde el centro, desde el poder. Al igual que los movimientos sociales deben surgir desde aquellas personas y grupos que el día a día se les hace irrespirables y esto raramente ocurre entre los ‘poderosos’.

“A lo largo de la historia, los movimientos sociales han sido, y siguen siendo, las palancas de cambio social. Normalmente surgen de una crisis en las condiciones de vida que hace que a la mayoría de la gente le resulte insoportable el día a día. Les mueve una profunda desconfianza en las instituciones políticas que gestionan la sociedad. La mezcla de deterioro de las condiciones materiales de vida y una crisis de legitimidad de los gobernantes y su gestión de los asuntos públicos induce a la gente a tomar sus asuntos en sus manos, participando en acciones colectivas diferentes de los canales institucionales prescritos, para defender sus reivindicaciones y, en última instancia, cambiar a los gobernantes e incluso las reglas que conforman su vida… Los movimientos sociales no surgen sólo de la pobreza o de la desesperación política. Requieren una movilización emocional desencadenada por la ira contra la injusticia flagrante y por la esperanza de la posibilidad de un cambio”[3]


[3] Castells, Manuel; Redes de indignación y esperanza; Alianza; pag. 209 y 211


[2]  Castañón, Adolfo; Trópicos de Gutenberg; Trama; pag. 164-165


[1] Zenker, Alejandro en Varios; El libro y las nuevas tecnologías; Solar editores; pag. 24

 

 

 

 

 

Sobre la edición institucional

Muchos libros costosísimos que publican las grandes instituciones y empresas para celebrarse a sí mismas, o como regalo de Navidad, siguen el mismo camino: son celulosa convertida en papel impreso cuyo destino último es la celulosa. Pero no importa. En los circuitos del aparato resonador, lo importante es que la celulosa reciclada, una y otra vez, genere resonancia, no lectura. (Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag. 66)

Sobre las crisis del ‘querer político’

ya no te kiero‘Los movimientos no se oponen al principio de la democracia representativa, pero denuncian la práctica de dicha democracia tal como la conocemos ahora, y no reconocen su legitimidad. En estas condiciones hay pocas posibilidades de una interacción directa positiva entre movimientos y clase política’ (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza; pag, 225)

¿Ocurrirá lo mismo con el Partido X?

El cierre de Catalonia, ¿la punta del iceberg de lo que está por venir?

Con el cierre de Catalonia volvemos al momento de los panegíricos.

plañidera

Quien esté un poquito al tanto de cómo anda el sector no creo que se extrañe del fin de esta larga agonía que, además, quizás haya contagiado también a alguno de sus socios.

Siento decir que tengo la sensación, por lo que he podido hablar y sobre todo escuchar, que lo ocurrido con Catalonia puede marcar una tendencia de cierres a lo largo de este año.

Las bajadas de ventas de los editores a las librerías, sean estas pequeñas o grandes, por lo que he podido contrastar se mueve, en un acumulado de los tres últimos años, en cifras que rondan entre un 50% y un 25%.

El margen de ‘juego especulativo’ que podían dar las devoluciones de fondos hacia distribuidores y editores, la burbuja de la movilidad, ha llegado prácticamente a su fin el año pasado y por lo tanto no queda ya prácticamente dinero-libro volátil a no ser que se quiera ir cambiando de posición los libros en las estanterías para que estas parezcan llenas por el falso juego de lomos por portadas.

La crisis económica, con incidencia en el consumo tanto de los particulares como de las instituciones, retraerá todavía más el mercado y las posibles peticiones de créditos no arreglarán nada si no se cambia el modelo: menos especulación (novedades automáticas, depósitos…), más compra en firme y mayores márgenes para riesgos compartidos si es que se quiere superar la situación de manera coordinada y compartida.

La realidad griega que dibuja Manuel no esté, posiblemente, muy lejos de la española.

No hay que olvidar tampoco la debilidad que van a empezar a sufrir las distintas asociaciones sectoriales con la pérdida de las nominativas, que nos hará ver también importantes reajustes=disminución de profesionales en las mismas y dificultará, suponiendo que alguna vez hayan existido, reflexiones de calado y radicales sobre el presente-futuro de un sector con muchas caras y ángulos. ¡Al tiempo!

El sector, en su conjunto, pretende seguir moviéndose bajo un halo de proteccionismo y balones fuera con una actitud de plañidera que hace que las lágrimas de cocodrilo desvirtúen la realidad.

Los Mac-Donalds, también los del mundo del libro, irán copando, a este paso con suma facilidad, los espacios que vayan quedando libres. Aunque siempre nos queda la esperanza de comprobar si la ‘teoría de los huecos‘ que dibuja Paco Puche y que se recoge en Memoria de la librería tendrá todavía tiempo de realizarse quizás con nuevos agentes.

Lo dudo. El sector hace tiempo que ha entrado en una dinámica de silencio y grito quejoso abandonando el trabajo estratégico a largo plazo y su redimensionamiento en función de la nueva realidad económica y de los nuevos hábitos lectores y de consumo.

Veremos a lo largo del 2013 un redimensionamiento por cierres no solo de librerías, sino de editoriales y de distribuidoras, mientras el coro de plañideras sigue llorando a los muertos y no haciendo nada por los vivos.

Lenta reconstrucción

vamosdespacioporquevamoslejos

Ha terminado ya el ‘sorpaso’ navideño y queda por delante el año ya iniciado que deseo planteármelo como un proceso reconstructivo.

He terminado hace unos días el libro de Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza en su página 147 recoge algunas reflexiones que aplica a los movimientos sociales, pero que bien cuadran muy con mi estado de ánimo.

La primera que va a continuación la utilicé ya de hecho para visualizar el año que viene:

“Vamos a reconstruirnos de dentro afuera, sin esperar a que el mundo cambie para encontrar la alegría de vivir en nuestra rutina diaria. Ahora es invierno, llegará la primavera. La primavera es la estación de la vida y la revolución. Estaremos allí.”

Y en la segunda se marca el ritmo hacia la primavera..

“… creen que esta lógica no productivita del movimiento es la transformación mental más importante, aceptan la lentitud del proceso y se sitúan a largo plazo, porque la lentitud es una virtud: permite reflexionar, corregir errores y da espacio y tiempo para disfrutar del proceso de cambiar el mundo como preludio para celebrar el nuevo mundo que se crea. ‘Vamos despacio porque vamos lejos’ fue una de las pancartas más populares del movimiento.

Y este ir yendo despacio conviene hacerlo, como me suele decir una buena amiga, ‘ligero de equipaje’