Ecología y macroeventos culturales, también los del sector del libro

Escribía hace pocas fechas Santi Eraso en facebook la siguiente reflexión:

Hablando con Jorge Riechmann, notable poeta y destacado ecologista. Al parecer el ayuntamiento de Mósteles ha aprobado la celebración del festival “Amanecer Bailando” en el Parque Natural “El Soto”. Jorge afirmaba en un twit que las macro-concentraciones en parques y espacios naturales pueden ser muy destructivas y se reafirmaba en que necesitamos otras formas de producir y consumir, así como de divertirnos. Estoy totalmente de acuerdo. Mejor mil conciertos para cien personas o cien para mil que diez para diez mil o dos para cincuenta mil. No tengo ninguna duda de que la ecología debe atravesar la cultura. Tanto en cantidad, pensando menos en acelerar la máquina productiva -la inflación de actividades es abrumadora- como en calidad, atendiendo mucho más a los aspectos reproductivos de la vida, más cuidados y menos precarización. Menos concentración y masificación y más descentralización,diseminación cuidadosa y respetuosa con la comunidad y el medio.

Al leerlo me vino a la cabeza la Feria del Libro de Madrid que intenta plantearse ser más sostenible pero quizás desde un modelo que per se es insostenible, algo parecido a cuando las grandes multinacionales petroleras intentan ‘venderse’ como empresas limpias.

Le pregunté su opinión sobre tal hecho y su respuesta, que comparto y sobre la cual igual merece la pena ponerse a pensar y trabajar fue la siguiente:

Yo no tengo ninguna duda Txetxu Barandiarán…. sobre todo las monumentales y masificadas como la de Madrid. No se cuál sería la fórmula (supondría, en buena lógica, una cultura de la rotación de los stands etc.. ) pero lo enunciado en el post para los festivales lo ratifico para la feria del libro, las cabalgatas de reyes, el orgullo gay u otro tipo de manifestaciones que siempre tienden a ocupar el centro, en una especia de empeño entrópico y ulteriormente caótico de los conglomerados sociales. En fin, es complicado, pero supone, efectivamente, un radical cambio de modelo -paradigma- cultural que no reproduzca el modelo de aceleración y consumo devorador y apueste por la vida sostenible, responsable con las generaciones venideras y la calidad ambiental en nuestras maltratadas ciudades. Como cualquier cambio radical, por lo visto, imposible de abordar de forma inmediata, pero susceptible de, por lo menos, pensarlo para intentar aplicarlo. En otro caso, la realidad se hace inamovible y, por lo tanto, imposible de cercenar. Esa especie de determinismo político, de la corrección y el orden, es por tanto una imposición contra la que no es posible, ya no digo la rebelión, simplemte la transformación, excepto la que esa misma realidad admita para su propia supervivencia y perpetua legitimación.

Quizás en lo que toque a los macroeventos del sector del libro haya que empezar a pensar que ‘los parches’ y las aparentes auditorías son como tiritas para tapar la aparente herida, pero para mantener el problema que seguirá estando presente mientras no se aborde un cambio de modelo.

Pensemos que el sector del libro en su conjunto sólo por devoluciones, destrucción de ejemplares. logística, libros que van y vienen, gasto energético en servidores para la gestión del papel y el electrónico puede ser uno de los menos sostenibles dentro del ámbito de la cultura…

Quizás, ya que incluso la minería de datos y la ‘inteligencia artificual’ lo puede permitir, es el momento ya de apostar por claridad por el ‘Lo pequeño es hermoso’.

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Sobre las ferias del libro y su origen

Ahora que el sector o parte de él, todo depende qué se considere y desde donde se considere, anda metido ya en la temporada de ferias, en los toros pasa casi lo mismo, me ha resultado curiosa esta nota sobre el origen encontrada en una reciente noticia del ABC.

En España, la primera feria del libro, tal y como las conocemos ahora, se celebró en Madrid en 1933. Estas ferias servían a las editoriales y libreros para dar salida a los restos de edición que no habían conseguido vender. Se ofrecían descuentos, se promocionaban nuevos libros y tenían lugar un buen número de actividades culturales, como charlas, teatro y guiñoles.

Dos cosas me llaman la atención. La primera, el propio origen más cercano al mercadillo donde se intenta dar salida al sobrante, algo que de hecho en otros sectores, pensemos en el textil por ejemplo, sigue funcionando.

En el sector del libro queda la trastienda que nadie suele querer enseñar.

La segunda, la referencia al número de actividades culturales. No se habla de firmas de autores, sino de actividades culturales y se citan tres de las cuales dos curiosamente se refieren con cierta claridad a otras manifestaciones culturales: teatro y guiñoles.

Siempre se puede aprender algo…

Tampoco tiene uno una idea terminante y precisa sobre todas estas fiestas que suelen aviarse alrededor de los libros, esas abominables ferias de mayo y junio, en las que se le echa al gentío la literatura como carne a las fieras, o estas de ahora, en la que todo el mundo enloquece regalándole unos libros increíbles a la gente. (Andrés Trapiello; Demasiados libros para un hombre solo; El Cultural; 19/12/99)

Tras el Día del libro

Como diría una buena amiga mía: Tranquilos…. ya pasó, ya pasó. Ahora de nuevo vuelta a la normalidad, a la rutina.

Así que al igual que planteé unas pinceladas pre-día, ahí van algunas post-día.

Pasado ya el dispendio comprador sobre todo en Catalunya quizás haya que aplicar medidas dráscticas como las que sugiere Juan Manuel de Prada en su artículo Prospecto para libros sobre todo cuando tras el día, vienen los días que acaban convirtiéndose en ferias o quizás en romerías…:

Ignoro cuáles son las abstrusas razones que impiden al Ministerio de Sanidad prohibir o al menos restringir la venta de libros, que tanto distraen al personal de otras aficiones y formas de ocio más gratificantes, como la participación democrática en redes sociales, el consumo bulímico de series televisivas o la práctica salutífera del deporte. Mi desazón se acrecienta cuando llega la primavera, ante la proliferación monstruosa de ferias del libro que infestan las plazas y jardines de nuestras ciudades, incitando a gentes plácidas que jamás habían posado la vista sobre la letra impresa a la adquisición de estos objetos que tanto fomentan el ensimismamiento, la lucubración obsesiva y la ideación fantasiosa.

En lo relativo a la práctica salutífera del deporte parece que la Feria del libro de Madrid ha corrido para implantar una carrera y con ello, quizás contarrestar los negativos efectos de la compra y uso sin control ni receta de los libros. Le han llamado Libros a la carrera. Debe ser que corren como cobardes…

Los españoles, en cualquier caso y según algunos datos comparativos europeos a la hora de gastar en libros y revistas tendemos a salir corriendo y así mantenemos nuestra lugar natural que tiende a situarse cerca de los pelillos finales de la ‘cola de león’. Los últimos, que ya ni caben quedan para Bulgaria y Grecia. Es que el sol tiene su aquél.

Quizás no gastamos porque somos fanáticos del préstamo bibliotecario donde la oferta rica y plural facilita que, por ejemplo, haya que bajar hasta el puesto 15 para encontrar entre los libros más prestados en el 2017 el primero que se sitúa al margen de la principal editorial independiente española y del grupo de origen germánico más potente. Ese libro junto con otros tres son casi una anécdota entre los treinta primeros. El punto chic de la diversidad.

De todas maneras por qué seguir afirmando que Leer, así con mayúscula que a algunos gusta, es lo importante si parece mucho más eficaz para una buena vida la tranquilidad de un pueblo sin bibliotecas ni librerías e incluso con un potencial porcentaje alto de población analfabeta.

Y, en cualquier caso… ¿para qué seguir editando, si el gran editor del siglo XXI es Netflix? Ahora habrá que saber si este editor estará en la FLM.

Con ambiente médico he empezado y con ambiente médico cierro. Cuentan que los médicos recetan a los padres que los niños lean. Suena a que los bibliotecarios recetaran a los padres que mediquen a sus niños. Así con genéricos o intentando encontrar el efecto placebo para ver si cuela.

Y así, mientras tanto, entre mayúsculas de lectura, grandes días que provocarán depresión, ferias romeras de paseo familiar para matar el tiempo vamos viendo pasar la vida….

Y de todo lo leído hoy me quedo con la entrevista en El País a Josep María Esquirol a la que he llegado gracias a Silvia Labayru.

Añado de mi cosecha Leer no es un infinitivo vital. Dice Esquirol “Los infinitivos de la vida se reducen a dos: amar y pensar”.

Y termina:

Además, fíjese en este aspecto importante: cuando la fraternidad se extiende, se vive más. En situaciones de agradecimiento, de amistad, la vida se intensifica; no digo que se alargue, pero eso es lo que literalmente da sentido a la vida, porque la intensifica.

El arte del libro objeto… una realidad donde poner la mirada en los momentos de cambio

Daniel Burman, director, guionista y productor argentino afirmaba este mes en El País:

En los procesos de grandes cambios tecnológicos siempre hacemos foco en lo que cambia, pero a mí me gusta hacer foco en lo que permanece. Ha cambiado todo, pero necesitamos que nos cuenten un cuento para irnos a dormir, necesitamos una ficción donde proyectarnos para ver aquello que no somos o ver lo que somos y no queremos ser más.

Traigo esto a cuento tanto de la reciente edición de BALA que ha terminado hoy a la tarde, mientras escribo y de la feria que se está celebrando en Santiago de Chile.

Ayer a la tarde me di una segunda vuelta por el espacio que estaba muy animado.

Pude encontrarme con gente conocida, con alguna sorpresa incluída, a uno y otro lado de los stands…

La mayoría de los participantes en BALA apuestan, creo, por el soporte papel y juegan con él sacándole chispas en muchas ocasiones para convertirlo con su plus de creación en algo único y que toma sentido en la perfecta acomodación entre continente y contenido haciendo además que ese genérico de ‘soporte papel’ sea una expresión vacía porque cada propuesta es distinta.

Ofrecen pues con ello una propuesta reflexiva distinta sobre lo que permanece.

Cuando la misma se desarrolla ya en dos ediciones en espacios que llevan un tiempo abandonados, como aparente llamada de atención de volver la mirada y aprovechar lo que ya tenemos todo parece cobrar todavía más sentido.

Os dejo el vídeo de recuperación del espacio para esta celebración.

Mientras el año sigue, los proyectos seguirán viviendo, creciendo, menguando, naciendo, muriendo, moviéndose en un ecosistema tangencial en gran medida con eso que denominamos el sector del libro, pero del que muchos no se sienten parte o se sienten ‘bichos raros’ porque sus claves son otras.

Esperemos estar también en la próxima edición para seguir teniendo una ficción donde proyectarnos para ver aquello que no somos o ver lo que somos y no queremos ser más.

Vuelve BALA. Bilboko Arte Liburu Azoka

Hoy, a las 16:00 BALA inicia su cuarta edición.

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Lo que hace cuatro años se inició con cierta modestia ha conseguido ir asentándose y además ir abriéndonos espacios de la ciudad que rara vez están a nuestro alcance. En esta ocasió, el antiguo edicificio de Bodegas Bilbaínas situado en la calle Bailén nº 27.

60 editoras, artistas, librerías y fanzines nos ofrecerán sus ejemplares y creaciones que en la mayoría de los casos toman y tienen su valor apoyado en el soporte.

BALA es una feria dedicada a propuestas de edición no convencionales vinculadas a una visión artística del trabajo editorial.

Su objetivo es crear un espacio de encuentro entre artistas, fanzinerxs, editoriales, librerías especializadas, y el propio público asistente. Y lo van consiguiendo.

Por ahí andaré hoy a la tarde.

 

Hay ferias y ferias, o, si se prefiere, la feria va por barrios o por intereses

El final de la primavera, parece que la sangre altera y suele ser tiempo propicio para la feria, la calle. También para las del libro.

Claro que con las ferias pasa como con los libros: que no hay dos iguales y que, también, como con los libros, hay ferias malas o sin sentido que probablemente sobran y cuyos dineros, los públicos, probablemente estarían mejor utilizados en otros menesteres. También hay algunas, creo yo, decentillas.

Que las Ferias del libro son casi para algunos como un dogma de fe del fomento de la lectura es algo que habrá que empezar a hacérselo mirar en una sociedad por un lado cada vez más laica y, por otro, con unos mantenedores del ‘dogma’ bastante alejados, en algunos casos, de la realidad lectora y más cercanos a sus intereses pecuniarios.

Ya se sabe que hay de todo en la ‘viña del señor’.

Por estas fechas se están celebrando ferias o están a punto de hacerlo en Zaragoza, Valladolid, Madrid, Bilbao y Pamplona.

En Bilbao ya hace tiempo que la mayoría de los libreros desaparecieron, probablemente sea una adelantada a los nuevos modelos digitales y haya cambiado con antelación el papel de los distintos elementos de la cadena de valor.

En Pamplona, en una Feria organizada por los libreros no como la de Bilbao es la presencia de estos la que prima.

En Valladolid este año, los libreros triplican su presencia en relación a tiempos anteriores.

Madrid, es un caso aparte. Sería como el Vaticano en lo ferial. Quizás por eso, sólo admiten hombres, hasta la fecha, en la dirección Papal-Ferial. En Bilbao ocurre algo parecido, aunque quien está se aferra más al báculo del ordeno y mando.

En Zaragoza ha habido sus más y menos y algunas de las librerías más emblemáticas han hecho mutis por el foro.

Lo dicho: no hay dos iguales, pero sí hay quizás cada vez más la duda en muchas ocasiones de su función y sentido.

Si, al fin y al cabo aceptamos la pérdida de mediación predominante de los libros en muchas ocasiones, ¡cómo no iba a pasar lo mismo con las Ferias! que a veces hasta en Madrid presentan un aspecto lamentable.

flmadrid