Las palabras de los otros

Lo usaré con frecuencia en este blog. El hablar por boca de otros.
Ya me lo sugiere Miguel Sánchez Ostiz: Cuando no sabemos qué decir o mejor, cuando no acertamos a decir o no nos atrevemos, echamos mano de versos ajenos y no solo porque suelen ser mejores que los propios. (Sin tiempo que perder; pag. 63)
Así que en esta mañana que he empezado a leer Momentos decisivos de Félix de Azúa como si ya casi el título fuera un anuncio de lo que puede venir me topo con este texto:
Ciertamente podemos esconder durante décadas un recuerdo, un paisaje, una piel a recaudo en algún recoveco de la memoria sin que aflore ni el más ligero aroma, así nos defendemos del dolor. Pero no podemos ocultar en la memoria todas nuestras traiciones a riesgo de provocar un cortocircuito. Por eso, a veces, sin aviso, regresa una huella manchada por la tristeza del olvido y su luz oscura nos dibuja en la lejanía como recortados contra un paisaje africano en el que no acertamos a saber si éramos plácidos rumiantes o tristes hienas. Allí están los perfiles, sí, pero ¿qué eramos?, ¿víctimas o verdugos? O bien, si abandonamos el horizonte y miramos al cielo, ¿brillantes y efímeros cometas, o satélites sin vida propia? Seguramente ni lo uno ni lo otro sino el constante trasiego de lo uno a lo otro, del plácido verde alimenticio al rojo embriagador del combate. (pag. 18)

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