En las librerías o lectorerías, el orden de los factores… sí altera el producto

libreria400añosSiempre me gusta de cara a una charla, encuentro o conversación prepararla con algunos hitos que me resulten sugerentes, fruto de algunas lecturas y relecturas. Así pensando en la jornada del próximo jueves 12 en Madrid, Librerías 400 años después, me encuentro con algunas reflexiones que me resultan sugerentes.

Aquí os las dejo:

  • Primera cita:

El sábado la librería se convierte más que nunca en lo que siempre hemos ambicionado, un punto de encuentro fortuito, un lugar para el diálogo. Nuestros clientes, nuestros lectores, se dan cita en la librería, se reúnen en pequeños grupos. Libros y política son el objeto de diálogos improvisados. Nosotros compartimos con ellos nuestras lecturas, nuestra agenda de actividades, nuestros hallazgos, nuestros encuentros artísticos, las películas, la música. Esta convivencia proviene de cierto arte de vivir generacional. Queremos recuperar la labor esencial del oficio, su mundo. Al mismo tiempo, queremos ser lo más respetuosos posible con los gustos del lector, dejarlo que escoja en total libertad.

No daré más pistas ya que se trata de una de las próximas novedades de Tipos móviles. Las negritas son de un servidor.

  • Segunda cita

Uno de los efectos más prominentes de la glocalización consiste en mantener la condición humana suspendida entre dos universos, sujetos cada uno a conjuntos radicalmente distintos de normas y reglas. A diferencia de lo que ocurre en el «espacio de flujos»,  en el de «lugares» los seres humanos tienen la oportunidad de confrontarse como personas, es decir, como vecinos, compañeros de trabajo o de escuela, conductores de autobús carteros, tenderos, artesanos, camareros, dentistas….con algunas de esas personas se confrontan como amigos, mientras que con otras lo hacen como enemigos, pero, en cualquier caso, son amigos o enemigos «personales», y no especímenes estereotipados de una categoría abstracta, anónimos e intercambiables. (Zygmunt Bauman en Estado de crisis; pag. 154)

  • Tercera cita

Leer, advierte por su parte David Cassany, es sobre todo leer en y desde una comunidad. Más allá del hecho de que, en efecto, “leer no es sólo un proceso psicobiológico realizado con unidades lingüísticas y capacidades mentales”, sino también “una práctica cultural insertada en una comunidad particular, que posee una historia, una tradición, unos hábitos y unas prácticas comunicativas especiales, la lectura es más que una actividad privada o íntima. Leer nos incorpora a tramas relacionales en las que las librerías constituyen un espacio relevante. Perderse estos espacios, prescindir de esos ejes relacionales, abandonar esos ecosistemas habitando en exclusiva el mundo inmaterial de la compra y/o lectura a través de mediaciones y artefactos digitales, no dejará de tener consecuencias. No sólo sobre el producto libro y el punto de venta librería sino, sobre todo, sobre nuestra condición de seres relacionales. (Imanol Zubero; El libro como relación y la librería como nodo en la ciudad posmoderna en Revista Texturas 29)

  • Cuarta cita

Pienso que el estrechamiento tecnológico de la inteligencia está en el origen de otras muchas equivocaciones, como las de confundir la calidad con el impacto, el rendimiento con la aportación, la autoridad con la fama, la conectividad con la comunicación, el desarrollo con el crecimiento, lo nuevo con lo transgresor, las mejores prácticas con las rutinas más extendidas… Y empiezo a pensar que eso de los big data se corresponde con la ilusión de que el examen de las correlaciones de datos nos permitiría renunciar a las teorías, de manera que cabría asegurar: grandes datos, teorías pequeñas.

Dar por sentado el valor de la utilidad tecnológica y minusvalorar la aportación de la cultura nos conduce a una sociedad descompensada. Se instala así un desequilibro entre la euforia tecno-científica y el analfabetismo de los valores cívicos. (Daniel Innerarity; Ciudades culturalmente inteligentes. ¿Para qué sirve la cultura?)

  • Quinta cita

Algunas veces en Barcelona voy a una Fnac, y otras a una librería literaria como Laie o La Central, y me queda la sensación de haber estado en dos países diferentes. Todo es distinto: son otros libros, es otra la forma de exhibirlos, y la de atender al público también…. La librería tradicional cumple una función cultural que ninguna librería virtual podrá reemplazar. (Guillermo Schavelzon; Dilema para escritores: ¿una editorial grande o pequeña?)

  • Sexta cita… y última (por ahora)

…tocará al lector, pero también al escritor y sobre todo al editor elegir que mundo conceptual quiere defender, pero que quede claro que optando por la rentabilidad en forma de dato comerciable el sector editorial debe renunciar a calificarse como sector cultural. Como siempre, es el momento de decidir. (Aharón Quincoces; El valor del libro)

Dos notas finales:

  1. El espléndido artículo de Antonio Ramírez, David y Goliat, publicado el mes pasado.
  2. Las pinceladas anotadas ayer desde el encuentro de librerías que hubo en Donostia.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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