Los bordes del sistema existen también en la cultura y en el sector del libro

Del reciente Forum d’Avignon celebrado en Bilbao lo más sugerente me pareció la aportación de Saskia Nassen.

Os dejo aquí un vídeo con algunas de sus ideas

)

Se me ha ocurrido darle una vuelta e intentar ver la lógica de su discurso en relación a la cultura y al libro.

Más cuando también en una entrevista publicada el año pasado en el ABC afirmaba:

La genuina ciudad inteligente, sí. Pero no la categoría que se refiere a meter el mayor número de tecnologías inteligentes en las ciudades. Todo es una curva, y no es necesariamente verdad que cuanto más, mejor, y que todos saldrán ganando cuantas más tecnologías introduzcamos, porque estaremos en un nuevo punto de la curva, en una nueva realidad. Para que las tecnologías disponibles realmente alimenten las ciudades debemos añadir una dimensión que haga que la tecnología refleje el conocimiento de los habitantes de la ciudad –venga este por una queja o una protesta o por otras formas de información– y que este llegue a quienes controlan la tecnología, ya sean los gobiernos o las empresas. La tecnología debe ayudar a que nos tomemos en serio el conocimiento de los ciudadanos.

Sus análisis sobrepasan lógicamente este micromundo libresco y cultural, pero su crítica a determinadas lógicas financieras y a quiénes se van quedando en los bordes y fuera del sistema pueden ofrecernos algún paralelismo.

Por qué digo esto:

1. El propio sector del libro sigue funcionando en una lógica especulativa de producción sin demanda cuyo resultado más claro año a año sigue siendo el aumento de excedentes (devoluciones) que no van a ningún sitio, pero que mientras están circulando impiden en muchas ocasiones la visibilidad de otros productos. Lo digital, en el fondo, sigue esta misma lógica de infoxicación por apabullamiento que durará mientras les interese a los dominadores propietarios de la tecnología.

2. El sector, no sólo del libro sino de la cultura en su conjunto está formada por multitud de micropimes que  cada vez se enfrentan (tienen en el fondo enfrente suyo) a grandes corporaciones de claro carácter internacional y poco apegadas a lo local que pretenden generar falsos momentos de ‘experiencia descontextualizada’ pero que se venden como los nuevos imaginarios. En todo este proceso pretenden acompañarse de la falsa modernidad de la tecnología como nuevo y único paradigma que además parece incidir en un aumento de brecha o en ampliar los bordes sistémicos.

3. Todo ello va provocando, conscientemente, la desaparición de la intermediación humana, clave en toda manifestación y/o creación cultural y la generación de un discurso homogéneo en su forma donde el medio condiciona o determina, como le gusta señalar a Gabriel Villota

4. Así que no es de extrañar que algunos, Rafael Reig en este caso, tiendan a amartillar la pistola. En todos los sitios hay clases, pero sin discurso político.

5. No estaría de más en todo este batiburrilo que retomáramos la línea de reflexión que sugiere la cita de Siegfried Unseld,(El autor y su editor, Taurus, pág. 17) que hace pocos días recogía Manuel Gil en su blog.

El editor fomenta textos que fortalecen esos derechos, que apoyan al individuo en su preocupación por el prójimo y que discuten formas y teorías nuevas y diferentes sobre nuestra sociedad y economía. Sin embargo, el editor encabeza un negocio que en el terreno económico se rige por la ley de los beneficios. Así, pues, publica libros que defienden al hombre que se libera permanentemente de opresiones, y al mismo tiempo, como dirigente, debe imponer en su propia empresa la ley del rendimiento y la disciplina del trabajo.

En esa dialéctica la parte del fomento parece ser olvidada porque nos hemos quedado con la parte industrial.

Termino con dos citas más que vienen desde los márgenes:

La innovación requiere creatividad, la creatividad requiere imaginación, y ésta necesita estímulos diversos, entornos flexibles, profesionales capaces de relativizar sus conocimientos y actitudes, ciudadanas y ciudadanos capaces no sólo de tolerar lo diferente sino de propiciarlo….Supone favorecer la incertidumbre, el conflicto positivo, la exploración, el riesgo a contrastarse con lo desconocido o ignorado, aprender a ver el valor de lo inesperado, de lo excepcional frente a la evolución plausible de lo previamente planificado que pone coto a la verdadera innovación, o al menos a la más radical. Implica estimular llas perturbaciones creativas. (Roberto Gómez de la Iglesia)

Escrutar el cielo, el vuelo de las aves, el rostro de una persona, la textura que adopta la corteza de un tronco, la deriva del río es algo muy natural. Es natural tratar de entender cómo funciona un motor, una máquina. La lectura de la letra no es más que una sofisticación de esa otra lectura. Lo primero que hay para leer es lo que está ahí, el enigma, el mundo. (Graciela Montes) Y con ella misma volvemos a los bordes del sistema cultural…
Ahora bien: los grandes emporios sólo se sostienen si venden más, siempre más. ¿Será posible seguir ampliando el mercado? ¿A quiénes les van a vender y qué les van a vender? Tal vez no sea tan sencillo. La concentración económica supone desempleo, exclusión, hambre, y también marginación del consumo. Menos consumidores, cosa que a la industria no le conviene. De modo que lo que hace la industria es renovar la oferta.
Así que no es cuestión de Ivas, sino de sentido de la acción cultural.

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